Chica paseando y pensando

«¿Cómo saber si necesito ir al psicólogo?»

¿Cómo saber si necesito ir al psicólogo o solo estoy pasando una mala racha?

Todos atravesamos momentos difíciles a lo largo de la vida. La pérdida de un ser querido, una ruptura de pareja, problemas laborales, cambios importantes o periodos de mucho estrés pueden hacer que nos sintamos más tristes, preocupados o desanimados durante un tiempo.

Experimentar malestar emocional no significa necesariamente que exista un problema de salud mental ni que sea imprescindible acudir a terapia psicológica. Las emociones, incluso las desagradables, forman parte de nuestra vida y cumplen una función importante.

Sin embargo, hay ocasiones en las que ese malestar deja de ser algo puntual y comienza a afectar a nuestra forma de vivir, de relacionarnos con los demás o de disfrutar del día a día.

Es entonces cuando muchas personas se hacen una pregunta muy habitual:

«¿Realmente necesito ir al psicólogo o simplemente estoy pasando una mala racha?»

La respuesta no siempre es sencilla. No depende únicamente de la intensidad del problema, sino de cómo está influyendo en tu bienestar y de los recursos con los que cuentas para afrontarlo.

Una mala racha también puede necesitar ayuda

Existe la creencia de que solo se debe acudir al psicólogo cuando uno ha «tocado fondo» o cuando el sufrimiento es extremo. Sin embargo, esta idea hace que muchas personas retrasen la búsqueda de ayuda durante meses o incluso años.

Acudir a terapia no significa que seas una persona débil ni que no seas capaz de resolver tus problemas por ti mismo. Del mismo modo que acudimos a un fisioterapeuta para recuperarnos de una lesión antes de que empeore, también podemos buscar apoyo psicológico cuando sentimos que algo no está funcionando como nos gustaría.

No se trata de medir quién sufre más, sino de valorar cómo ese malestar está afectando a tu vida.

¿Cuándo puede ser recomendable acudir a un psicólogo?

No existe una única señal que indique cuándo comenzar un proceso terapéutico. Aun así, hay algunas situaciones que suelen indicar que podría ser beneficioso contar con ayuda profesional.

El malestar lleva demasiado tiempo contigo

Todos necesitamos un tiempo para adaptarnos a las dificultades. Sin embargo, cuando las semanas pasan y sientes que continúas igual o incluso peor, puede ser un buen momento para pedir ayuda.

A veces no es que el problema siga presente, sino que nuestro organismo no consigue recuperar el equilibrio por sí solo.

Sientes que tus emociones interfieren en tu vida diaria

Quizá continúas trabajando, estudiando o cumpliendo con tus responsabilidades, pero cada vez te cuesta más hacerlo.

Puede que notes que:

  • Te resulta difícil concentrarte.
  • Estás más irritable de lo habitual.
  • Discutes con más frecuencia.
  • Todo requiere mucho esfuerzo.
  • Tienes la sensación de vivir «en piloto automático».

Cuando el malestar empieza a limitar nuestra vida cotidiana, merece la pena prestarle atención.

Has dejado de disfrutar de cosas que antes eran importantes para ti

Otra señal frecuente es perder el interés por actividades que antes resultaban agradables.

Salir con amigos, practicar deporte, leer, escuchar música o simplemente disfrutar de momentos tranquilos deja de apetecer o ya no produce la misma satisfacción.

No siempre significa que exista un trastorno psicológico, pero sí puede indicar que algo necesita ser atendido.

Llevas tiempo intentando sentirte mejor y no lo consigues

Muchas personas llegan a consulta después de haber intentado resolver el problema por sí mismas.

Han hablado con familiares, han leído libros, han visto vídeos, han probado diferentes estrategias o han esperado a que «se pase con el tiempo».

En ocasiones funciona. En otras, el sufrimiento continúa exactamente igual.

Pedir ayuda no significa haber fracasado. Significa reconocer que quizá necesitas un apoyo diferente para comprender qué está ocurriendo y encontrar nuevas formas de afrontarlo.

Tu cuerpo también empieza a hablar

Nuestra salud física y emocional están estrechamente relacionadas.

Cuando vivimos durante mucho tiempo con ansiedad, estrés o tristeza, es frecuente que aparezcan síntomas como:

  • Problemas para dormir.
  • Cansancio constante.
  • Dolores musculares.
  • Molestias digestivas.
  • Sensación de opresión en el pecho.
  • Dolores de cabeza frecuentes.

Aunque siempre es importante descartar una causa médica, en muchas ocasiones estos síntomas también reflejan un elevado nivel de malestar psicológico.

Las personas que te conocen empiezan a notar cambios

En ocasiones somos los últimos en darnos cuenta de que no estamos bien.

Es posible que familiares, amigos o personas cercanas empiecen a decirte frases como:

«Últimamente te noto diferente.»

«Hace tiempo que no pareces tú.»

«¿Estás seguro de que estás bien?»

Escuchar estas observaciones no significa que los demás tengan siempre razón, pero puede ser una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre cómo nos encontramos realmente.

No importa solo lo que te ocurre, sino cómo lo estás viviendo

Dos personas pueden atravesar exactamente la misma situación y necesitar apoyos diferentes.

Por ejemplo, una ruptura sentimental puede ser dolorosa para cualquiera. Sin embargo, mientras una persona consigue adaptarse progresivamente con ayuda de su entorno, otra puede sentirse completamente bloqueada durante meses.

Lo mismo ocurre con el estrés laboral, la maternidad, un cambio de ciudad o cualquier otra experiencia vital.

Por eso, en psicología no valoramos únicamente el problema en sí, sino también aspectos como:

  • Los recursos personales con los que cuentas.
  • El apoyo social que recibes.
  • Tu historia personal.
  • La intensidad del sufrimiento.
  • El impacto que está teniendo en tu vida diaria.

No existen problemas «demasiado pequeños» para acudir al psicólogo. Si algo te está haciendo sufrir y sientes que necesitas ayuda para afrontarlo, ese motivo ya merece ser escuchado.

¿Y si simplemente estoy pasando una mala racha?

También es posible.

No todas las personas que atraviesan un momento difícil necesitan iniciar un proceso terapéutico.

En muchas ocasiones, disponer de tiempo, descanso, apoyo familiar o una buena red social permite recuperar el equilibrio de forma natural.

La diferencia suele estar en observar cómo evoluciona la situación.

Preguntas como estas pueden ayudarte a reflexionar:

  • ¿Cada semana me encuentro un poco mejor o cada vez peor?
  • ¿Sigo pudiendo disfrutar de algunos momentos?
  • ¿Estoy afrontando el problema o simplemente intentando sobrevivir al día a día?
  • ¿Siento que tengo recursos para salir adelante?

Si las respuestas generan muchas dudas o notas que el sufrimiento persiste, consultar con un profesional puede ayudarte a comprender mejor lo que está ocurriendo.

¿Qué ocurre en una primera consulta con el psicólogo?

Muchas personas retrasan pedir ayuda porque no saben qué esperar de esa primera sesión.

En realidad, la primera consulta es un espacio para conocerse.

El objetivo es comprender qué te está ocurriendo, cómo está influyendo en tu vida y qué esperas conseguir. También es un momento para resolver dudas, explicar cómo trabajamos y valorar conjuntamente si la terapia puede ayudarte.

No es un examen, no necesitas saber explicar perfectamente lo que sientes y tampoco existe ningún compromiso de continuar si consideras que ese no es el momento adecuado para iniciar el proceso.

Conclusión

No existe un momento perfecto para acudir al psicólogo ni una medida objetiva que indique cuándo una persona «está lo suficientemente mal» como para pedir ayuda.

La verdadera pregunta quizá no sea si tu problema es suficientemente grave, sino si está afectando a tu bienestar y si sientes que necesitas apoyo para afrontarlo.

Buscar ayuda psicológica no significa haber fracasado. Significa darte la oportunidad de comprender mejor lo que estás viviendo, desarrollar nuevas herramientas y cuidar de tu salud mental antes de que el malestar llegue a ocupar cada vez más espacio en tu vida.

 

Robot IA pasando consulta

«Inteligencia Artificial y Salud Mental: ¿Pueden los chatbots como ChatGPT o Gemini sustituir a un psicólogo?»

La Inteligencia Artificial (IA) forma parte cada vez más de nuestra vida cotidiana. Desde asistentes virtuales hasta aplicaciones capaces de responder preguntas complejas en cuestión de segundos, esta tecnología está transformando la manera en que nos relacionamos con la información. En los últimos años, también ha comenzado a tener un papel relevante en el ámbito de la salud mental a través de chatbots y aplicaciones de bienestar emocional.

Pero, ¿realmente pueden ayudar? ¿Qué beneficios aportan? ¿Existen riesgos asociados a su uso?

El auge de los chatbots de apoyo emocional

Cada vez son más las personas que recurren a herramientas de Inteligencia Artificial para expresar preocupaciones, gestionar emociones o buscar orientación ante situaciones difíciles. Los chatbots diseñados para el bienestar emocional pueden ofrecer conversaciones inmediatas, ejercicios de relajación, técnicas de regulación emocional o pautas básicas para afrontar el estrés y la ansiedad.

Entre las razones que explican su popularidad destacan:

  • Disponibilidad las 24 horas del día.
  • Acceso inmediato sin listas de espera.
  • Sensación de anonimato y privacidad.
  • Coste reducido o incluso gratuito.
  • Facilidad de uso desde cualquier dispositivo móvil.

Para algunas personas, estas herramientas pueden convertirse en un primer paso para reconocer un malestar emocional y comenzar a buscar ayuda.

Beneficios de las aplicaciones de bienestar digital

Además de los chatbots, existen numerosas aplicaciones orientadas al cuidado de la salud mental que ofrecen recursos como:

  • Programas de mindfulness y meditación.
  • Registros emocionales y seguimiento del estado de ánimo.
  • Ejercicios de respiración y relajación.
  • Técnicas para mejorar el sueño.
  • Herramientas de organización y gestión del estrés.

Estas aplicaciones pueden favorecer una mayor conciencia emocional y ayudar a incorporar hábitos saludables en el día a día. Su facilidad de acceso permite que muchas personas encuentren apoyo en momentos puntuales de dificultad.

Asimismo, algunas aplicaciones pueden servir como complemento al trabajo terapéutico realizado con un profesional, facilitando el seguimiento de objetivos o el registro de emociones entre sesiones.

Riesgos de usar IA como psicólogo, las limitaciones de la Inteligencia Artificial en salud mental

A pesar de sus ventajas, es importante comprender que la Inteligencia Artificial tiene importantes limitaciones cuando se trata de abordar el sufrimiento psicológico.

Un chatbot puede generar respuestas coherentes y mostrar una aparente comprensión emocional, pero no experimenta empatía real ni comprende el contexto personal de cada individuo de la misma manera que lo hace un profesional de la psicología.

Entre sus principales limitaciones encontramos:

  • No puede realizar una evaluación clínica adecuada.
  • Puede interpretar de forma incorrecta situaciones complejas.
  • Carece de conocimiento profundo sobre la historia personal del usuario.
  • No detecta siempre señales de riesgo psicológico.
  • No puede establecer una relación terapéutica auténtica.

Además, algunas personas pueden llegar a desarrollar una dependencia excesiva de estas herramientas, utilizándolas como única fuente de apoyo emocional y retrasando la búsqueda de ayuda profesional cuando realmente la necesitan.

¿Puede una aplicación sustituir a la terapia psicológica?

La respuesta es no.

La terapia psicológica no consiste únicamente en proporcionar consejos o estrategias. Implica la construcción de una relación terapéutica basada en la confianza, la comprensión profunda de la experiencia personal y la adaptación de las intervenciones a las necesidades específicas de cada persona.

Un psicólogo no solo escucha lo que se dice, sino también cómo se dice, identifica patrones de comportamiento, analiza el contexto vital y acompaña a la persona en procesos de cambio que requieren sensibilidad, experiencia clínica y juicio profesional.

La Inteligencia Artificial puede ofrecer información, ejercicios o apoyo puntual, pero actualmente no puede sustituir el valor de una intervención psicológica individualizada.

Un complemento, no un sustituto

Las herramientas basadas en Inteligencia Artificial pueden resultar útiles para promover el autocuidado, facilitar el acceso a recursos psicoeducativos o ayudar a monitorizar determinados aspectos del bienestar emocional.

Sin embargo, deben entenderse como un complemento y no como una alternativa a la atención psicológica profesional.

Cuando una persona experimenta ansiedad persistente, síntomas depresivos, problemas de pareja, dificultades familiares, situaciones traumáticas o cualquier malestar que afecte significativamente a su calidad de vida, resulta fundamental acudir a un profesional cualificado.

La tecnología puede ser una gran aliada para el bienestar psicológico, pero el acompañamiento humano sigue siendo un elemento insustituible en el cuidado de la salud mental.

La combinación de avances tecnológicos y atención profesional puede ofrecer nuevas oportunidades para mejorar el acceso a los recursos psicológicos, siempre que se utilicen de manera responsable y con expectativas realistas sobre lo que cada herramienta puede aportar.

Terapia contra la ansiedad en Bilbao

«Tengo miedo de volver a tener ansiedad y pasarlo tan mal como lo pase»

Muchas veces, cuando estamos en un proceso de terapia y sentimos que hemos conseguido nuestros objetivos iniciales (por ejemplo, reducir mis niveles de ansiedad, entender qué función cumple la ansiedad en mi vida o aprender a gestionarla de un modo más adaptativo) nos invade cierto miedo por sentir y pensar «puede que esto me vuelva a ocurrir en un futuro», «no quiero volver a sufrir tanto como sufrí en su día» 💥💥

¡Es natural que ese pensamiento aparezca! Al fin y al cabo, solo nosotr@s conocemos con que intensidad hemos sufrido y lo incapacitante que esto a podido ser en ciertos momentos ✨✨

Por lo tanto, si te sientes así cuando tu proceso de terapia está llegando a su fin, ¡es normal! Te ánimo a que lo puedas hablar con el/la profesional que te acompaña para que juntos podáis hacer un recorrido por todo este tiempo que llevas en terapia.

Seguramente, si estás al final de la terapia, hayas podido identificar qué función tenía tu ansiedad (¡y créeme que esto ya es mucho!), porque apareció en tu vida en ese momento…así como conocer de qué manera te estabas relacionando con ésta (qué te servía y que no) y desarrollar ciertos recursos para gestionarla las veces que ésta vuelva a aparecer 🌱🌱

Por lo tanto, los profesionales no te podemos garantizar que no vas a volver a experimentar ansiedad (lo desconocemos) pero te podemos asegurar que no estás en esa «casilla de inicio» en la que estabas cuando comenzaste la terapia. ¡Y esto te puede ayudar mucho si en un futuro la ansiedad vuelve a intentar apoderarse de ti! 🥰

Aún así, recuerda que puedes volver a pedir ayuda las veces que lo necesites. Esto no significa que no hayas aprendido nada, simplemente que la ansiedad te vuelve a avisar de que hay algo en tu vida que necesita ser atendido.

¡ATIÉNDETE!

Trauma y apego conocimiento de las emociones

¿Sabes cuál es la relación entre trauma y apego?


Trauma de apego

Existe la creencia generalizada de que una persona sufre un trauma cuando ha vivido una experiencia perturbadora, habitualmente inesperada y de elevada intensidad emocional, como un abuso, un accidente, un atentado, una violación, etc.

Sin embargo existen vivencias durante la infancia, incluso en el vientre materno que en sí mismas puede generar un trauma a la persona, un trauma de apego.

Tipos de Trauma

En el caso de Linehan, se habla de:

Trauma T

Cuando el acontecimiento por sí solo puede causar Trastorno por Estrés Postraumático. 

Un ejemplo sería la vivencia de una catástrofe, un accidente, un infarto o una agresión.

Trauma t

Son más sutiles, persistentes y relacionados con el apego. Las vivencias impactan sobre las creencias que se tiene de uno mismo, de las otras personas y del mundo. Un buen ejemplo de este tipo de trauma serían las humillaciones.

Por otro lado, P. Levine propone la siguiente clasificación:

Trauma de choque

Cuando se trata de una amenaza repentina que nuestro sistema nervioso central percibe como sobrecargante o mortal.

Trauma evolutivo o de desarrollo

Estos traumas son causados por eventos prolongados en el tiempo que afectan a la seguridad y confianza de la persona, como por ejemplo una negligencia parental o una enfermedad grave.

 

El trauma y el apego ¿relacionados?

Dependiendo del tipo de apego que haya desarrollado una persona, tendrá su propia forma de manejar los traumas. Si tuvo un apego seguro cuando era niño, desarrollará un patrones de confianza en sí mismo y y en otros, teniendo mayor facilidad para hablar de sus emociones y mejor autorregulación. Tendrá tendencia a manejar y resolver conflictos on ecuanimidad de juicio. Por tanto, un apego seguro fomentará la resiliencia, propiciando que la respuesta traumática probablemente sea de conexión social o descarga.

Los traumas de apego incluyen, negligencia emocional, abuso físico o sexual por parte de un progenitor, presenciar violencia, hospitalizaciones tempranas, pérdida temprana del padre o la madre, rechazoabandono, presión para el éxito e inversión de roles. Estas experiencias traumáticas de apego  van a ser determinantes en la relación con la pareja y en la relación con los hijos. Además se transmiten transgeneracionalmente, no solo como modelos de aprendizaje, sino que también se pueden transmitir en los genes.

 

El apego ansioso ambivalente de base

Si la persona desarrolló un apego ansioso ambivalente, probablemente genere una dependencia exacerbada hacia los demás, así como una carencia de autonomía, con un comportamiento colérico, vigilante, indefenso y ambivalente, con pasividad en la conducta exploratoria. Para regular el afecto en situaciones traumáticas, probablemente genere conductas de riesgo o de consumo de alcohol.

El apego evitativo de base

Si desarrolló un apego evitativo, su tendencia para afrontar el trauma probablemente sea también evasiva, con miedo al rechazo o a la agresión. Pueden mostrar una actitud condescendiente y de rechazo, cuestionando la competencia o eficacia del terapeuta en consulta. Eso podría dificultar su vinculación e implicación en un proceso terapéutico, así como rechazo, repitiendo el ciclo de rechazos vivido en la infancia.

El apego desorganizado

Finalmente, si adquirió un apego desorganizado en su infancia, al reaccionar a la situación traumática la persona probablemente carezca de estrategias para afrontar el trauma. En ese caso, la persona se muestra hipervigilante y con conductas controladoras, con una búsqueda intensa de proximidad seguida de fuerte evitación. Eso se debe a que este sistema de apego se asocia a cuidados traumáticos, como por ejemplo, un abuso en el cual el cuidador es la fuente de la amenaza. Lleva a la escisión o disociación, a la inversión de roles y a una tendencia excesiva al control.

 

Consideramos la psicoterapia imprescindible a la hora de trabajar aquellos aspectos de la persona que sean insuficientes o negativos a la hora de concebir relaciones interpersonales y el mundo en sí. Proporcionando herramientas necesarias para llevar a cabo una regulación emocional saludable y necesaria, entre otras muchas cosas.

Sufrimiento por violencia vicaria

Violencia vicaria

La violencia vicaria es una forma de violencia de género por la cual los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a sus madres.

Los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género, así como las niñas y niños menores sujetos a su tutela, guarda y custodia, son víctimas directas de este tipo de violencia, tal y como recoge desde el año 2015 la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Además, en ocasiones estos y estas menores son utilizados por el maltratador para hacer daño a la madre. Es decir: nos encontramos ante una forma de violencia vicaria.

  • Utiliza a tus hijas e hijos para hacerte daño. Amenaza con quitártelos
  • Amenaza con matarlos, te dice que te dará don- de más te duele.
  • Interrumpe los tratamientos médicos de tus hijos/as cuando están con él.
  • Utiliza los momentos de la recogida y retorno del régimen de visitas para insultarte, amenazarte o humillarte.
  • Habla mal de ti y tu familia en presencia de ellas y ellos.

 

¿Cómo podemos prevenirla?

Muchas víctimas no denuncian por miedo a las consecuencias o porque creen que hacerlo no va a servir de nada. Eso supone que, cuando los casos llegan a conocerse, suele ser ya demasiado tarde. Por eso es importante concienciar y educar en la prevención y la identificación de esta clase de abusos.

Tenemos que estar especialmente atentos a las señales que nos alertan de un posible caso de maltrato contra terceros para poder dar la voz de alarma.

Se dice que esta forma de violencia, la violencia vicaria, es extremadamente cruel en la medida en que el agresor conoce perfectamente el inmenso dolor que va a producir, que es un daño irreparable en tanto que la madre sufrirá durante toda su vida la ausencia de sus hijos y porque, en estos casos, no solo hay una víctima, la madre, sino también las niñas y niños que también se convierten en víctimas directas del maltrador.

 

En definitiva, contamos con tres potentes herramientas para luchar contra la violencia vicaria:

  • Educación de las nuevas generaciones.
  • Sensibilización de la sociedad.
  • Compromiso de la justicia y las organizaciones sociales.
Superación de perdidas afectivas en Bilbao

PÉRDIDAS AFECTIVAS

El duelo es un proceso dinámico y de duración indeterminada con el que el ser humano ha convivido desde el principio de los tiempos. Una de nuestras características es la capacidad de mantener un vínculo afectivo con las personas que fallecen; es posible que, por este motivo, a lo lago de la historia nos hemos hecho muchas preguntas relacionadas con la muerte.

No obstante, el duelo puede aparecer por otros muchos acontecimientos vitales; por ejemplo, por problemas de salud o pérdidas de autonomía personal, por una separación o divorcio, pérdidas asociadas a un proyecto personal, pérdidas asociadas a los procesos migratorios, etc. En consecuencia, se podría englobar el duelo en todo aquello que suponga una pérdida afectiva significativa.

Muchas personas acuden a terapia por estar viviendo algún tipo de duelo y otras en cambio, aunque no sea el motivo de consulta principal, este tema aparece a lo largo del proceso terapéutico; ya que independientemente de las experiencias vividas, todos tenemos nuestros propios duelos.

Frecuentemente, se relaciona el duelo con la adaptación emocional que sigue a la pérdida, pero abarca otras dimensiones, como lo son, la afectación a nivel física, cognitiva, relacional, conductual, e incluso espiritual. Este proceso nos ayuda a elaborar y transitar por la pérdida, a reconstruirnos a nosotros mismos; para ello, no hay una única forma; todas las emociones que se sienten son totalmente válidas y no hay una forma “correcta” de poder elaborarlo.

El duelo, en la mayoría de los casos, no es un proceso individual e implica a un grupo de personas. Cada cultura, concibe el duelo y la muerte de forma diferente y existen diferentes rituales o hábitos para afrontar este suceso. Este fenómeno, a veces, llega a crear sufrimiento en aquellas personas que no están viviendo el duelo como el resto del grupo y una pérdida que de por sí, causa mucho dolor, se puede vivir con más sufrimiento.

Si te encuentras en un proceso de duelo y necesitas ayuda, te acompañaremos de la forma más empática a atravesar, elaborar, identificar y validar tu pérdida. Especialmente, a volver a la vida con la parte que falta, no sin ella.

Guía de proceso terapéutico en Bilbao y Erandio

¿CÓMO SÉ SI MI PROCESO TERAPÉUTICO HA TERMINADO?

Puede que alguna vez te hayas hecho esta pregunta dentro de tu propio proceso terapéutico o hayas tenido curiosidad por algún motivo.

Lo cierto es que no siempre es fácil responder a esta pregunta.

Voy a intentar responderte explicándote de forma breve cuáles son las fases del tratamiento de terapia en psicología que yo planteo:

1) Evaluación: en las primeras sesiones se escucha la demanda y el motivo de consulta del paciente y se realiza una evaluación psicológica de sus posibles problemas. Generalmente, esto se suele hacer en las 2-3 primeras sesiones.

2) Explicación de hipótesis:  se hace una sesión de devolución en la que se identifican las conductas problema y el contexto en que se producen, los factores de riesgo y mantenedores. Así, se puede establecer un tratamiento más individualizado y personalizado.

3) Terapia: está es la parte más importante del proceso. Su la objetivo principal es que el paciente aprenda estrategias, habilidades y técnicas necesarias para afrontar el motivo por el que decidió acudir a terapia. En este caso, la duración puede variar dependiendo de la persona, del problema a tratar y de muchos otros factores.

4) Seguimiento: una vez hemos trabajado los pensamientos, emociones y situaciones que estaban causando malestar y observo que el paciente tiene más recursos de gestión emocional, le planteo espaciar el tiempo entre sesiones. También trabajamos la prevención de recaídas para que contemos con recursos y herramientas por si alguna de las situaciones trabajadas vuelve a aparecer poder gestionarlas de la mejor manera posible.

5) Final o cierre: nos lo planteamos cuando a disminuido la frecuencia, la duración y la intensidad del problema que hizo que la persona acudiera a consulta. En mi caso, siempre lo hablo con el paciente con bastante tiempo de antelación para que me diga si está preparado para el alta, que miedos tiene…

La idea será siempre que la terapia tenga un final, no queremos generar dependencia en el paciente.

Yo siempre me despido dejando las puertas abiertas, es decir, diciéndole a la persona que siempre que lo necesite puede volver, ya sea para una consulta puntual o para comenzar un nuevo proceso.

Terapia de bienestar en Erandio

DEJA DE HUIR DE TU MALESTAR. LA SALIDA A ESTE DOLOR ESTÁ EN TU INTERIOR.

Quizá haya momentos en tu vida en los que no te has encontrado bien, hayas tenido bajo estado de ánimo, ansiedad, te hayas encontrado un tanto perdido/a como sin rumbo claro, te haya costado poner límites, hayas sentido que tu autoestima estaba bajita…

Puede que a lo largo de tu vida hayas atravesado por algún momento/estado de este tipo o puede que te encuentres así en estos momentos.

No pasa nada, tranquilo/a. Es más común de lo que pensamos.

Lo importante es cómo has gestionado o gestionas estos momentos. ¿Eres de las personas que busca estar todo el día distraída y activa para «no pensar»? ¿O eres de las que se paran e intentan ver cuál es el origen de ese malestar?

En consulta muchas veces me encuentro con personas que han pertenecido durante bastante tiempo a este primer grupo (yo misma también me identifico con este grupo en algún momento de mi vida). Puede que nos metamos en esta dinámica porque pensemos que así no sentiremos el dolor (o lo sentiremos menos) pero… ¿qué ocurre a la larga?

¡Que el dolor se hace más fuerte y más persistente en el tiempo!

El dolor no desaparece con el paso del tiempo por arte de magia ni porque dejemos de escucharlo durante un tiempo.

El dolor solo desaparece si nos hacemos cargo de él y lo atendemos. Quizá te estés preguntando «¿y cómo puedo hacer esto?»

¡DEJANDO DE HUIR Y MIRANDO HACÍA DENTRO!

Y es que lo más seguro es que la respuesta a tu malestar esté en tu interior en forma de heridas del pasado, de carencias, de inseguridades y temores acumulados a lo largo de tu vida, de experiencias difíciles de procesar…

Por eso es tan importante poner el foco en ti, en tu interior.

Y alguna de las «herramientas» que puede ayudarnos en este proceso de mirar hacia dentro son las siguientes:

1- La pausa: Es fundamental que nos demos cuenta de cuando estamos funcionando con el piloto automático encendido, sin ser conscientes de muchas de las cosas que ocurren en nuestro mundo interior y exterior. Para ello, te sugiero realizar pequeñas pausas durante el día. Por ejemplo, puedes poner una alarma cada cierto tiempo para parar, apagar el piloto automático y conectar contigo mismo/a; con lo que estás haciendo, con lo que sientes y piensas.

2- Respiración: Aunque es evidente que estamos todo el día respirando porque es una función básica de nuestro organismo, la idea es respirar de forma consciente. Por ejemplo, puedes probar a inhalar contando hasta 5, retener el aire contando 2 y exhalar en 8. A través de la respiración consciente, podemos conectarnos con el momento presente y con cómo te encuentras tú en este instante.

3- Escáner corporal: A veces, podemos tener la sensación de que nos pasa algo y no sabemos lo que es exactamente. Cuando te ocurre esto, ¿te paras a escuchar lo que tu cuerpo quiere decirte? Si lo haces, ¡enhorabuena! Y si aún no te has parado a escuchar a tu cuerpo, te sugiero que te tumbes, crees un espacio agradable y te permitas parar durante un momento. Pregúntate “¿cómo me encuentro hoy?”. Empieza por centrarte en tu respiración y poco a poco recorre todo tu cuerpo, desde la cabeza a los pies, observando y prestando atención a las sensaciones corporales que van apareciendo.

4- Escribe: La escritura tiene efectos terapéuticos para muchas personas. Si te gusta escribir, puedes probar a agendar una cita contigo mismo/a en algún momento de tu semana y escribir tus preocupaciones, pensamientos, escribir sobre las emociones que estas sintiendo e incluso escribir a tu ansiedad y/o malestar como si fuese una persona (¿qué te gustaría poder decirle?).

5- Trabaja la conciencia verbal: Ponte a lo largo de una semana varias alarmas en horas aleatorias y cuando suene la alarma dedicarte un minuto a observar tus últimos pensamientos.

Observa que tipo de pensamientos predominan en ti, así como de qué manera te hablas. ¿Qué te dice esto?

No se trata de que juzgues tus pensamientos, sino de que los observes y comprendas que te quiere decir esto.

6- Practica el autocuidado: ¿Cuidas de ti mismo/a o te dejas llevar por la inercia del día a día? Dedícate momentos en tu día a día en los que poder disfrutarte. Por ejemplo, puedes hacer una pausa a media mañana para tomar un café en una terraza, puedes prepararte un baño relajante al llegar a casa, dedicarte un rato a realizar una actividad que te guste… ¡Cuídate y deja a un lado el “no tengo tiempo para mi”!

7- Acude a terapia: Si en este proceso de mirar hacia dentro estás acompañada por un profesional que te transmita confianza y seguridad, probablemente sea más fácil. Recuerda: No tienes que poder tu solo/a con todo.

Lo tengo todo pero no me siento como me tendría que sentir

LO TENGO TODO PERO NO ME SIENTO COMO ME TENDRÍA QUE SENTIR

Algunas personas acuden a terapia diciendo «no entiendo lo que me pasa… Tengo una buena familia, amigos, una pareja que me quiere, un trabajo que me gusta… Pero no me siento como me tendría que sentir» 

➡️A medida que vamos trabajando en su historia, descubrimos, que a veces hay heridas del pasado no resultas que siguen teniendo mucho poder en la actualidad. En la mayoría de los casos porque no se atendieron como se hubiese necesitado en su momento.

Quizá porque en ese momento pensábamos que con el tiempo se curarían por si solas, que no era algo tan importante como finalmente resultó siendo…

➡️Lo que está claro es que si seguimos construyendo nuestra historia encima de heridas no cerradas, tarde o temprano éstas volverán a resurgir y hacernos daño.

En cualquier caso, te ánimo a que si no te sientes bien y estás sufriendo por el motivo que sea, no te quedes en el lamento de «no me siento como me tendría que sentir».

En vez de eso, te invito a que te preguntes:

➡️¿Qué está en mis manos hacer para sentirme mejor?

Y recuerda… No pasa nada si tienes que pedir ayuda. Todos/as lo hacemos en algún momento y está bien.