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«Salud mental: no hace falta estar al límite para pedir ayuda»

La salud mental forma parte de nuestro bienestar cotidiano, aunque muchas veces solo nos acordamos de ella cuando sentimos que algo ya no funciona. Esperamos a estar desbordados, a no poder dormir, a sentir ansiedad constantemente o a notar que nuestras relaciones y nuestra vida diaria empiezan a verse afectadas.

Sin embargo, cuidar nuestra salud mental no significa únicamente intervenir cuando existe un problema importante. También implica aprender a escucharnos, reconocer nuestras necesidades y pedir apoyo cuando algo nos está resultando difícil de gestionar.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, queremos poner el foco precisamente en una idea que puede resultar importante: no es necesario estar al límite para pedir ayuda.

¿Por qué esperamos tanto antes de pedir ayuda?

Para muchas personas, reconocer que necesitan ayuda psicológica no resulta sencillo. Existe todavía la idea de que acudir a terapia significa que algo va mal o que no somos capaces de afrontar nuestros propios problemas.

Por eso, es frecuente escuchar pensamientos como:

  • “Seguro que se me pasa.”
  • “No tengo motivos suficientes para estar así.”
  • “Hay personas que están peor.”
  • “Debería poder solucionarlo por mi cuenta.”
  • “Solo necesito descansar un poco.”
  • “Cuando termine esta etapa, estaré mejor.”

En ocasiones estas ideas hacen que normalicemos durante demasiado tiempo un malestar que ya está afectando a nuestra vida.

Pedir ayuda no significa que no podamos afrontar una situación. Puede significar simplemente que hemos reconocido que necesitamos acompañamiento para hacerlo de una manera diferente.

La salud mental también se deteriora poco a poco

No siempre existe un momento concreto en el que podamos decir “a partir de aquí estoy mal”. En muchas ocasiones, el malestar aparece de forma progresiva.

Podemos empezar durmiendo peor, estar más irritables, preocuparnos constantemente o sentir que tenemos menos energía. Después dejamos de hacer algunas cosas que antes disfrutábamos, nos aislamos más, discutimos con mayor frecuencia o empezamos a funcionar en automático.

Cada uno de estos cambios puede parecer pequeño de manera aislada. Sin embargo, cuando se mantienen en el tiempo pueden ser una señal de que necesitamos prestar atención a cómo estamos.

Algunas señales a las que podemos prestar atención son:

  • Sentirnos cansados de manera prácticamente constante.
  • Tener dificultades para dormir o descansar.
  • Estar más irritables o sensibles de lo habitual.
  • Preocuparnos excesivamente por situaciones cotidianas.
  • Sentir tristeza, apatía o falta de motivación durante semanas.
  • Tener dificultades para concentrarnos.
  • Sentir que determinadas situaciones nos superan con frecuencia.
  • Dejar de disfrutar de actividades que antes nos hacían bien.
  • Tener problemas recurrentes en nuestras relaciones.
  • Sentir que estamos funcionando, pero con un esfuerzo cada vez mayor.

Ninguna de estas señales significa necesariamente que exista un trastorno psicológico. Pero sí pueden indicarnos que merece la pena detenernos y preguntarnos cómo estamos.

No todo malestar necesita convertirse en un problema mayor

Acudir a un psicólogo no implica necesariamente tener un diagnóstico ni encontrarse en una situación grave.

La terapia también puede ser un espacio para comprender qué nos está ocurriendo, ordenar aquello que estamos viviendo y desarrollar recursos para afrontar una situación complicada.

Una ruptura, un cambio laboral, dificultades familiares, problemas de autoestima, una etapa de ansiedad o una sensación persistente de bloqueo pueden ser motivos suficientes para buscar acompañamiento.

No necesitamos esperar a que el malestar sea insoportable para empezar a cuidarnos.

De la misma manera que acudimos a un profesional sanitario cuando algo nos preocupa físicamente, podemos pedir ayuda psicológica cuando sentimos que algo está afectando a nuestro bienestar emocional.

Cuidar la salud mental también es aprender a escucharnos

A menudo estamos muy acostumbrados a funcionar desde la exigencia. Cumplimos con nuestras responsabilidades, atendemos a otras personas y seguimos adelante incluso cuando estamos cansados.

El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos cómo estamos nosotros.

Cuidar nuestra salud mental puede empezar con algo tan sencillo como prestar atención a determinadas preguntas:

  • ¿Cómo me estoy sintiendo últimamente?
  • ¿Estoy descansando realmente?
  • ¿Hay algo que me preocupa de manera constante?
  • ¿Estoy disfrutando de mi vida o simplemente cumpliendo con todo?
  • ¿Estoy pudiendo expresar lo que necesito?
  • ¿Hay alguna situación que llevo demasiado tiempo intentando gestionar solo/a?

Escucharnos no significa estar pendientes constantemente de nuestro estado emocional. Significa reconocer que nuestras emociones también nos proporcionan información sobre lo que estamos viviendo.

Pedir ayuda no es esperar a estar peor

Uno de los cambios más importantes en la forma de entender la salud mental consiste en dejar de pensar que solo debemos actuar cuando el malestar alcanza un nivel muy elevado.

Buscar ayuda a tiempo puede permitirnos comprender mejor lo que nos está ocurriendo y evitar que determinadas dificultades se mantengan o se intensifiquen.

Y también puede ayudarnos a conocernos mejor, mejorar nuestras relaciones, aprender a poner límites o desarrollar herramientas para afrontar situaciones que forman parte de la vida.

La terapia no tiene que ser únicamente un lugar al que acudir cuando ya no podemos más. Puede ser también un espacio para parar, comprender y aprender.

Conclusión

Cuidar nuestra salud mental no significa intentar sentirnos bien todo el tiempo. Significa poder reconocer lo que nos ocurre, aceptar que atravesamos momentos difíciles y contar con recursos y apoyos cuando los necesitamos.

No hace falta esperar a estar al límite para pedir ayuda. A veces, el momento de empezar a cuidarnos es precisamente cuando nos damos cuenta de que llevamos demasiado tiempo diciendo: “ya se me pasará”.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, quizá la pregunta no tenga que ser “¿estoy lo suficientemente mal como para pedir ayuda?”, sino algo mucho más sencillo:

“¿Cómo estoy realmente y qué necesito en este momento?”

 

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