¿Demasiadas discusiones con tu pareja? Esta técnica os ayudará a entenderos mejor

Las diferencias y confrontaciones son normales en el seno de una relación, pero hoy os ofrezco unas pautas para construir un vínculo más fuerte y sano.

Tener diferencias y confrontaciones en el seno de una pareja es normal y, según los psicólogos, necesario dentro de una relación sana. El problema surge cuando crece la tensión y se convierte en riñas constantes, frases hirientes, sentimiento de culpa, susceptibilidad a flor de piel, incapacidad para la comunicación y el entendimiento. Por tanto, siempre sin escaparse de los límites del respeto, y con el afecto como marco, hay normas a tener en cuenta: no se puede olvidar el cómo (calmados, nunca en caliente), el cuándo (por la noche no estamos para pensar) o la forma (en persona, mirándonos a los ojos, ni por conversación telefónica, ni por Whatsapp, ni mucho menos en el coche).

En el vídeo de hoy os hablo de la técnica ‘tiempo fuera’, que requiere de implicación por ambas partes de la pareja y un cierto grado de madurez, pero que resulta muy eficaz para alcanzar una unión saludable y feliz. Nunca olvides que el amor, como la amistad o el trabajo, también requiere una dosis de esfuerzo diario. Te explico detalladamente en qué consiste esta técnica en el vídeo de hoy.

Cómo ser feliz con tu cuerpo sin torturarte

La continua fijación por los físicos perfectos solo produce insatisfacción. Son tiempos para la aceptación, el autocuidado y el respeto a nuestro propio cuerpo.

¿Qué entendemos por un cuerpo perfecto?

Si nos basamos en las fotografías que hablan de un cuerpo perfecto, observamos piernas musculadas y delgadas, cinturas estrechas, un abdomen tonificado… Imágenes utópicas para la mayoría de los mortales que tenemos el cuerpo diseñado por nuestros ancestros para sobrevivir en terrenos hostiles e inviernos crudos.

El negocio que se ha montado alrededor del culto al cuerpo (ropa, alimentación, suplementos…) con la promesa de la felicidad conseguida al tener el cuerpo perfecto, nos aleja de lo que verdaderamente nos va a dar el bienestar: una vida plena y en calma con nosotros mismos.

Muchas veces asociamos un cuerpo estético al éxito, el bienestar y la felicidad. Pero, ¿de verdad tu felicidad y tu éxito en la vida dependen de tu físico? ¿Dónde quedan los demás factores?

Muchas personas llegan a consulta con la creencia fuertemente arraigada de que si cambian su cuerpo, mejorará su autoestima. Habitualmente, pensamos que una cosa implica la otra. Un cambio en mi forma física, va a implicar un cambio en mi autoestima y me voy a sentir mejor. Es normal que esta creencia se construya, porque es verdad que cuando adelgazamos, se nos refuerza socialmente, ya que se considera que quien adelgaza ha conseguido algo positivo y se le felicita por ello.

Eso no es cierto; que una persona adelgace, no tiene por qué implicar algo positivo. A veces, puede significar que está emocionalmente inestable o se encuentra mal. Ese refuerzo, cada vez que una persona baja de peso, no tiene mucho sentido ni lógica cuando lo sensato sería preguntar cómo se encuentra o no hacer ningún tipo de comentario.

Mejorar la autoestima requiere de un gran trabajo a nivel interno y ese avance no va a suceder simplemente por un cambio a nivel físico. De las veces que has intentado cambiar tu cuerpo y lo conseguiste, ¿cuánto tiempo te duro esa sensación de plenitud y bienestar? Probablemente, la respuesta sea que poco tiempo y te lleve a cuestionarte que un cambio físico no implica un cambio a nivel interno y que hay muchos otros factores que influyen en nuestra autoestima.

La autoestima no se trabaja mejorando el cuerpo, sino la forma de verlo. De nada sirve empeñarnos en trabajar el cuerpo para cambiarlo si, al mismo tiempo, lo estamos odiando.

Por ejemplo, todos conocemos a alguien que tiene un cuerpo estupendo, pero no se quiere nada y siempre procura conseguir algo inalcanzable que le produce insatisfacción porque nunca es suficiente. Por otra parte, también conocemos a aquellas personas que supuestamente y normativamente no tienen lo que se considera por un cuerpo estético, pero se quieren y se ven maravillosamente bien.

Por tanto, la creencia de «si cambio mi cuerpo, mejorara mi autoestima» no es cierta. El objetivo tendría que ser cambiar y mejorar la relación con nosotros mismos, el buen trato… sin necesidad de que nuestro cuerpo cambie.

Factores presentes en la infelicidad con nuestro cuerpo:

– Las dietas: Sufrir ansiedad ante la comida, desgraciadamente, es algo muy común y si nos proponemos una dieta sumamente restrictiva este malestar se acentúa aún más.

Sobre todo cuando se acerca el verano queremos adelgazar rápidamente y nos sometemos a dietas con alimentos que no nos gustan y que nos aportan muchas menos calorías de las que estamos acostumbrados.

Mantener esto a la larga suele ser imposible. La motivación inicial desaparece rápido cuando nos enfrentamos a sensaciones continuas de hambre y el cansancio que suele traer asociado. La operación bikini podría incluso terminar peor de lo que empezó.

– Deporte: Practicar ejercicio es muy sano, pero a veces nos olvidamos de los beneficios que tiene para la salud y nos centramos únicamente en el deporte como obligación. Ya no es solo la perdida de grasa, la pérdida de peso, la figura… también hemos unido a todos esos ideales el cuerpo definido y escultural.

Parece que el deporte acaba siendo la obligación inquebrantable que todos tenemos que hacer para conseguir ese ideal de cuerpo. Y se nos olvida la parte de placer, de disfrutar… que también nos genera el ejercicio físico.

El deporte nos ayuda con la gestión y regulación emocional (por ejemplo, la ansiedad es un montón de energía que, si no la expulsamos, nos produce esos síntomas de falta de aire… así que el deporte es un recurso muy bueno para reducirla).

Pero en ocasiones, el ejercicio físico va ligado a la necesidad de cambio corporal y esa forma de verlo nos provoca más daño que beneficio. Si yo estoy haciendo una actividad física y no estoy concentrándome en cómo siento mis músculos, en cómo se mueve mi cuerpo, en la flexibilidad que voy adquiriendo… Si solamente estoy pensando cuánto peso habré perdido o cuánta musculatura habré ganado, lo estamos realizando desde un planteamiento equivocado.

Deberíamos utilizar el deporte para conectar con nosotros mismos, no solo para estar centrados en lo que tenemos que conseguir después de realizarlo. Además, los resultados no son instantáneos y nos podemos sentir muy frustrados si no notamos los cambios rápidamente.

Aquí entra también la parte de permiso: si un día no hago deporte, no se acaba el mundo. Se supone que esto es un beneficio para mí. No algo que me haga sufrir más que si no lo practico.

Pero cuando hacemos deporte con el único objetivo de cambiar nuestro cuerpo, tenemos la sensación de que no podemos fallar ni un día y aumentamos las exigencias y los mecanismos compensatorios que vienen cuando no lo consigo hacer.

En este sentido, un mensaje que ha estado (y sigue estando) muy presente en nuestra sociedad es que «tengo que cambiar el cuerpo con esfuerzo y fuerza de voluntad». Y, en mi opinión, se trata de una afirmación que nos puede hacer mucho daño, ya que es importante plantearnos cuando algo deja de ser autocuidado y empieza a ser obligación.

Redes sociales y su influencia en nuestra imagen corporal

Durante el confinamiento, hemos recibido un bombardeo constante de mensajes a través de las redes sociales del tipo «tienes que aprovechar el tiempo para hacer mucho deporte», «tienes que aprovechar para comer más sano y cuidar tu cuerpo», «cuidado con subir de peso» … Todos estos mensajes pueden hacernos mucho daño y no nos ayudan a mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.

Las redes influyen a dos niveles principales:

– Visibilizan solo un tipo de cuerpo: Hay un idealismo y un perfeccionismo que se muestra todo el rato que no corresponde con la realidad, pero a veces nos hacen creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, que tenemos que esforzarnos parar lograrlo y que el resto de complexiones son inexistentes o no podemos mostrarlas de la misma forma.

La parte buena es que hay multitud de personas que se rebelan contra la belleza única y se unen a movimientos que buscan dar visibilidad a los diferentes tipos de cuerpos. Y en nuestras manos está decidir qué tipo de páginas o perfiles queremos seguir y qué tipo de cuerpos queremos ver.

– La perfección: Si seguimos a una ‘influencer’ determinada que nos muestra todo lo sano que come, todo el deporte que practica y su cuerpo siempre perfecto bajo la mejor ropa, que le queda siempre estupenda… Solo vemos esa parte de ideal y eso influye en la construcción de nuestras creencias (en lo que se supone que tendría que ser nuestro cuerpo, estilo de vida…). Una relativa perfección que se concentra en unas poquitas horas del día de esa persona y que nosotras queremos trasladar a las 24 horas de nuestro día.

Estamos expuestos a esto, pero también podemos limitar hasta dónde nos llega este concepto del ideal estético. No se trata de que nos tenga que encantar cada parte de nuestro cuerpo. Lo importante es la aceptación, el autocuidado y el respeto.

¿Tienes fatiga pandémica? Cómo identificarla y qué hacer para combatirla

Estamos sufriendo la segunda oleada del Covid y la OMS ya ha puesto nombre a ese agotamiento, sensación de indefensión o preocupación que muchas personas podemos estar sintiendo en estos momentos. Aquí algunos consejos para que nos afecte menos.

El Covid no solamente está atentando contra nuestra salud física o nuestra economía, también está suponiendo un gran perjuicio para nuestra salud mental. De ello ya han advertido expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que han denominado a esta situación como ‘fatiga pandémica’.

Son muchas las personas que, durante esta segunda oleada, están comenzando a sufrir agotamiento, sensación de indefensión, preocupación, falta de sueño o apetito, apatía, dificultades en la concentración, entre otros efectos. Un estado de ánimo que viene dado por el miedo al contagio, el aumento de las noticias negativas, la falta de contacto con nuestro entorno o la incertidumbre ante una situación tan cambiante. Y a partir de ahí uno presenta una sintomatología que está relacionada más con la fatiga mental y psicológica que con la fatiga física.

Hay muchos factores que no podemos controlar en esta situación, pero hoy vamos a ver ocho claves que pueden ayudarnos gestionar mejor este estado emocional y a superar la fatiga pandémica.

Si trabajando estos ocho puntos, no lo conseguís, siempre podéis pedir ayuda de profesionales para acompañaros en este proceso.

 

1. Tener lo controlable bajo control.

En este momento, de todo lo que te preocupa, ¿qué puedes manejar tú en esta situación?, ¿Qué depende de ti?

Vamos a intentar poner toda nuestra atención en las cosas que dependen de nosotros.

 

2. Regula la información que consumes y deja el monotema.

No podemos estar todo el día expuestos a las noticias relacionadas con el coronavirus (en la radio, en la tele, leyendo en la prensa, mirando en las redes sociales…) Y tampoco es aconsejable mencionar el virus en el desayuno, en la comida y en la cena, cuando hablas por teléfono con una amiga o con tus padres…Centrar la atención únicamente en lo que no funciona, conlleva a que uno se sienta mal. Hablar del virus y estar informado, está bien y es una conducta responsable, pero que no se convierta en monotema todo el día. Es conveniente centrar nuestra atención en las cosas agradables que también están ocurriendo en estos momentos.

 

3. Selecciona la información.

Es importante que la información que consumimos provenga de una fuente rigurosa y fiable, ya que hay muchos bulos circulando por WhatsApp o las redes sociales. Deja de mandar esos mensajes que no tienes claros que sean veraces. Informarse forma parte de nuestra responsabilidad, pero debemos estar BIEN informados y ser conscientes de que estar todo el día pendientes del coronavirus nos puede generar ansiedad.

 

4. Realiza actividades que regulen tus neurotransmisores y te ayuden a sentirte mejor.

Los neurotransmisores son la química que tenemos en el cerebro y esa química nos ayuda a sentirnos bien. Existen una serie de actividades que ayudan a que los neurotransmisores se regulen: dormir y descansar, practicar ejercicio a ser posible a diario (no es necesario ir al gimnasio si nos da miedo en este momento. Podemos salir a la calle a correr, a caminar, a hacer algún ejercicio en un parque…), comer de manera saludable y meditar (es aconsejable buscar unos minutos al día para practicar la meditación).

 

5. Dedica tiempo a tu cuidado personal.

Cuando uno tiene un estado de ánimo bajo, generalmente, tiende a abandonarse. No se arregla, igual se ducha menos, no se perfuma… y esa misma sensación de verte mal, también empeora nuestras emociones. No se trata de estar en tacones y con traje de gala en casa, pero sí de cuidarnos, de que nos gustemos, de estar aseados y de seguir con nuestras rutinas de higiene y belleza habituales.

Cuidar nuestra imagen también nos ayuda a sentirnos bien con nosotros mismos.

 

6. Acepta tus emociones y permítete estar mal de vez en cuando.

La felicidad a veces está sobrevalorada. Parece que todo son mensajes optimistas y que todo el mundo tiene que estar feliz. ¡No es verdad!Las emociones existen porque tienen un sentido evolutivo. Necesitamos de vez en cuando estar enfadados y tristes.

La tristeza es la reacción a una pérdida o a algo que te duele en un momento determinado. Nos está dando información, expresa que algo tiene que cambiar.Hay mucha gente que dice: «yo no me debería de sentir así», «no debería estar tan triste si no me he contagiado, si mi familia está bien, si no me ha llegado todavía de lleno… y estoy que no puedo». No te juzgues por lo que sientes. Porque a cada uno, con su sensibilidad, la situación le está afectando de una forma determinada. Deja estar esas emociones, aprende a convivir con ellas y no te centres en querer expulsarlas fuera de ti como si fueran un monstruo.

7. Entrena el humor.

Cuando uno está triste, no le apetece reír. Y si no te apetece reír, te lo tomas todo de una forma seria y no eres capaz de ver la parte humorística de la vida.

El humor nos permite ver las cosas desde otra perspectiva. La risa y la sonrisa son antagonistas con la tristeza. Aunque no lo sintamos de verdad, el cerebro cree que te estás riendo y cambia los neurotransmisores que decíamos antes.

Podemos buscar material que nos haga reír (una serie o una película de comedia, monólogos, literatura, seguir a gente en las redes que nos parezca graciosa, llamar a un amigo divertido y hablar con él…).

 

8. Cultiva y cuida tus relaciones personales.

Las personas somos seres sociales, nos gusta relacionarnos y nos sentimos bien cuando lo hacemos. Ahora no podemos estar en grandes grupos, ni quedar con personas de otros municipios, pero sí podemos salir a pasear con alguna amiga mientras seamos responsables y tomemos las precauciones correspondientes. Además, seguimos teniendo las llamadas de teléfono, el Whatsapp, las videollamadas… es importante que cultivemos y cuidemos nuestras relaciones personales.

 

Elige el punto con el que más te identifiques. Ponlo en práctica y cuando ese punto lo tengas trabajado, escoge uno nuevo. ¡Ánimo!