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9 PASOS PARA SER MÁS FELICES EN NUESTRO DÍA A DÍA

En primer lugar, me gustaría que entendiésemos que la felicidad no es un estado permanente y de por vida. Es decir, la felicidad son momentos. Sin embargo, hay una serie de cosas que dependen de nosotros para ser un poco más felices en nuestro día a día.

¿Quieres descubrir alguna de esas cosas? Te animo a que sigas leyendo…

1) Uno de los primeros pasos que tenemos que dar para empezar a tener una rutina adaptativa de vida es movernos más, fomentar el ejercicio físico. Hay multitud de estudios que demuestran que hacer ejercicio físico entre 3 o 4 veces por semana durante diez semanas tiene efectos similares a los antidepresivos en problemas del estado de ánimo y en problemas de ansiedad.

2) Relaciones sociales. Es fundamental que tengamos a nuestros seres queridos cerca, que hablemos, nos expresemos, que compartamos… Los estudios longitudinales con personas que son muy felices dicen que la variable que explica el bienestar es la calidad del apoyo social. Por tanto, es mucho más importante tener cerca a los amigos y a la familia que tener mucho dinero, un coche nuevo…

3) Aprender a vivir el momento presente, la práctica del mindfulness, es decir, conectarnos con el aquí y el ahora. Normalmente nos pasamos media vida pensando en lo que tenemos que hacer en el futuro y otra media vida lamentándonos por los errores que hemos cometido en el pasado. Y casi nunca estamos viviendo el momento presente. Y si nos fijamos, probablemente en los momentos más felices de nuestra vida estábamos centrados en el momento presente. Por ejemplo, ante un paisaje sobrecogedor, en un concierto, cuando estas en una conversación de estas que se te pasan las horas como si fuesen segundos… Ese tipo de cosas ocurren porque estamos viviendo el presente.

4) Programar actividades de ocio que nos gusten: Hay mucha gente que durante todo su día, de lunes a viernes, solamente tiene obligaciones. Y después nota que está más ansioso, que está más triste… Esto es completamente normal.

Uno de los modelos clásicos que explican la depresión es la perdida de reforzamiento. Con lo cual, vamos a tener en nuestro día a día actividades que nos gusten.

5) Cultivar el optimismo: Muchas veces caemos en el pesimismo, en la queja, en ver el futuro de forma desesperanzadora… No tenemos que caer tampoco en la trampa del optimismo ingenuo (pensar siempre en positivo). Esta mentalidad lo único que nos va a traer va a ser decepciones. Tenemos que ser realistas y aprender a regular nuestros estados emocionales para que cuando se presente un problema sepamos gestionarlo de la mejor forma posible.

6) Amabilidad: No solamente reporta bienestar al que la recibe sino a la persona que es amable. Si yo soy amable voy a mejorar la vida del de al lado y yo me voy a sentir bien por ello. Además, cuando realizamos un acto amable aumentan las posibilidades de que la persona receptora de la conducta amable realice otra conducta amable.

7) Mostrarse agradecido: Tenemos una tendencia a acostumbrarnos a lo que tenemos innata (se llama adaptación hedonista). Es lo que comentábamos antes cuando decíamos “me compro una casa nueva y al tiempo vuelvo a los niveles previos de bienestar”. Pero si nos mostramos agradecidos y cada día nos fijamos en la suerte que tenemos, en lo que hemos conseguido esa adaptación hedonista es menos intensa y podemos disfrutar más de todo aquello de lo que disponemos.

Tenemos una tendencia que es adaptativa muchas veces a centrarnos en lo malo, en el peligro. Y es que al final el cerebro esta echo para que sobrevivamos, no para ser felices. Pero en nuestro día a día no hay ningún peligro, generalmente casi todo es bueno, tenemos un montón de comodidades. Entonces, vamos a disfrutar de una ducha de agua caliente que solamente la disfrutamos cuando llevamos 4 días en un camping duchándonos con un cubo de agua.

8) Aprender a perdonar: Para desprendernos de la ira o la culpabilidad escribiremos una carta de perdón dirigida a los demás o a nosotros mismos.

¿Cuáles de estos puntos practicas ya en tu día a día?

¿Hay alguna otra cosa que te ayude a ser un poquito más feliz?

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10 PASOS PARA CARGARTE TU RELACIÓN DE PAREJA

¡Hoy vamos a practicar un poco de psicología inversa! Vamos a ver 10 cosas que NO debemos hacer si queremos tener una buena relación de pareja.

1. Pasa el 100% de tu tiempo libre con tu pareja.     

Olvídate de tus amigos, familia, hobbies… ¡DEDÍCATE ÚNICAMENTE A ESTAR CON TU PAREJA!

2. No te comuniques con tu pareja.                                                            

Es mejor que juegues a las adivinanzas y que tu pareja adivine en todo momento cómo te sientes y qué necesitas. Si tan bien te conoce, debería saberlo, ¿no?

3. No mantengas la llama encendida, relájate y descuídate todo lo posible.                              

No dediques tiempo a la intimidad y a las relaciones sexuales con tu pareja. Con todo lo que tienes que hacer en tu día… ¿Cómo vas a sacar tiempo para estas cosas?

Además, puedes descuidarte todo lo que quieras porque total tu pareja ya te conoce desde hace tiempo (ahora es el momento en el que puedes ir con ropa vieja llena de agujeros o con ropa interior desconjuntada, no ducharte si no te apetece…)

4. No trabajes la complicidad con tu pareja.                                                  

Céntrate únicamente en atender las obligaciones del día a día y no salgas de tu rutina en ningún momento. ¡Y bajo ningún concepto busques actividades lúdicas que puedas compartir con tu pareja!

5. Cuando discutáis, intenta solucionarlo en el mismo momento (no dejes que pase ni un instante) y si tu pareja te pide tiempo, ¡NO SE LO DES!

Y si en ese «solucionar inmediato», te sientes abrumado por tus emociones y sientes que tienes que decir lo primero que te venga a la cabeza, sea lo que sea, ¡DILO!

6. Dile a tu pareja únicamente lo que NO te gusta de ella.

¡EN NINGÚN CASO LE DIGAS LO QUE TE GUSTA Y LO QUE ADMIRAS DE ÉL O ELLA!

Es importante que normalices lo bueno que tiene la otra persona y que le reproches únicamente lo que hace mal.

7. Esfuérzate en cambiar a tu pareja y convertirla en la persona que tú quieres que sea.                          

¿Quién te ha dicho que no se puede moldear a la otra persona a tu antojo? ¡Con esfuerzo todo se puede conseguir! Tú no desistas.

8. Encárgate tú de todas las tareas domésticas (o delégalas todas en la otra persona).                                                                                             

No es conveniente que hagáis una repartición justa de tareas, no vaya a ser que la otra persona o tú no seáis capaces de hacerlo.

9. Reprocha a tu pareja por todo lo que hace mal, NO plantees soluciones.                      Es preferible que le digas a tu pareja, “siempre nos pasa lo mismo, nunca me entiendes”, en vez de “yo me estoy sintiendo de esta manera, creo que es porque me falta esto… ¿Cómo lo podemos cambiar?, ¿Qué podemos hacer por mejorarlo?«

10. Controla a tu pareja en cada paso que da.

Vigila cada uno de sus movimientos (con quien habla, donde está, con quien, mírale el móvil cada día…).

¡Y hasta aquí lo que NO hay que hacer para tener una buena relación de pareja! Ahora te animo a que lo gires e intentes ser consciente de si estás haciendo alguna de estas cosas en tu relación de pareja.

¿Se te ocurre alguna otra cosa qué no deberíamos hacer si queremos tener una relación de pareja sana?

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Relaciones de pareja sanas: 5 mitos que debes conocer

A veces, podemos pensar que las relaciones de pareja sanas gozan de una aureola de felicidad permanente, de enamoramiento constante, de falta de conflictos… Sin embargo, ¡nada de esto es cierto!

Es importante entender que en una relación de pareja sana lo que predomina es el amor y no el enamoramiento. Los conflictos, que los hay, se hablan. Y no siempre es todo felicidad. Existen momentos mejores y momentos peores.

A continuación vamos a ver 5 mitos que llevan mucho tiempo presentes en nuestra sociedad y se alejan bastante de lo que podemos considerar una relación de pareja sana:

1- “En una relación vas a sufrir” o “quien te quiere te hará llorar”.

¡Esto no es correcto!  La relación tiene que ser fácil, tiene que fluir. Cuando una relación funciona sentimos que fluimos con el otro.

Esto no quiere decir que no discutamos nunca y que siempre estemos de acuerdo en todo. Quiere decir que probablemente vamos a discutir en determinados momentos pero que no vamos a aprovechar las discusiones para hacernos daño ni machacarnos el uno al otro. Y que cuando esa discusión pase, vamos a sentarnos a hablar de lo que ha pasado y de cómo podemos llegar a un acuerdo o entendimiento.

2- “Tengo que conseguir que mi pareja sea como yo quiero que sea”.

¡Esto es lo contrario a la aceptación! En las relaciones de pareja sanas sentimos que hay una aceptación total de cómo es la otra persona.

A veces, ocurre que cuando conocemos a alguien, le vamos descubriendo poco a poco, pero al enamorarnos hemos creado una idea mental, de película, de cómo queremos que sea esa persona o como creemos que va a ser. A medida que va pasando el tiempo y vamos descubriendo más, y vemos que no encaja con eso que nosotros nos habíamos imaginado, empiezan los problemas. Empezamos a luchar para que esa persona cambie y se transforme en lo que nosotros queríamos que fuera. Y la otra persona evidentemente no se siente aceptada cuando empezamos a decirle “quiero que seas más cariñoso o menos X” … No le estamos dejando ser.

Sentir que hay una aceptación total hacia la otra persona y que precisamente por esto le hemos elegido, porque nos gusta exactamente tal y como es. Tenemos que sentir que conocemos su cara A y su cara B y que las aceptamos las dos. Evidentemente habrá cosas que no nos gustaran tanto, pero hay que sentir que también le aceptamos por ser así.

3. Si alguien te quiere de verdad, te lo dará TODO sin esperar NADA a cambio.

Esta es otra gran mentira, ya que las relaciones de pareja sanas se caracterizan porque hay un equilibrio entre dar y recibir. Cuando tu das, das, das… a la otra persona y no recibes, llega un momento en que este tanque de amor que tenemos en nuestro interior, se va vaciando cada vez más hasta que queda completamente seco y la relación tendrá que acabar porque tiene que haber este equilibrio para que la relación funcione bien.

4. Los polos opuestos se atraen.

Esa idea que nos han vendido de que los polos opuestos se atraen es una de las mentiras más grandes que se ha inventado. Cuanto más parecidos seamos con la pareja que tenemos, mejor ira la relación, más fácil y más fluirá.

5- Con el tiempo que llevo con mi pareja, debería saber lo que quiero y necesito en todo momento.

¿Has tenido alguna vez esta sensación?
A veces, creemos que nuestro esquema mental es el que vale, “la verdad absoluta”. ¡Y para nada es así!

Cada persona tiene su forma de dar y demostrar su amor y no tiene porque hacerlo únicamente de la manera en la que tú crees que debe hacerlo.

No pienses que tu pareja no te quiere o te quiere menos por actuar exactamente como tú quieres (cuidado con las expectativas) porque te lo demostrará como sabe y siente.
Y si esa forma de hacer o ser no te satisface, ¡no pasa nada! Puedes irte, no tienes porque quedarte en una relación que no te ofrece lo que tú necesitas.
Pero jugar a las adivinanzas… ¡desgasta demasiado!

¿Te sientes identificado/a con alguno de estos mitos?

¿Qué crees que podrías hacer para cambiarlos y empezar a disfrutar más de tu relación de pareja?

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¿ESTAMOS PREPARADOS PSICOLÓGICAMENTE PARA AFRONTAR LA TERCERA OLA COVID?

Los expertos afirman que estamos inmersos ya en la tercera ola COVID.

Desde que la pandemia llegó a nuestras vidas son muchos los síntomas que hemos experimentado (insomnio, tristeza, ansiedad, niveles de estrés altos, enfado, miedo, etc.).

Además, nos hemos tenido que acostumbrar en menos de un año a muchos cambios como las nuevas medidas de higiene (geles, mascarillas, distancia necesaria…), preocupación por contagiarnos y/o poder transmitirlo a familiares o personas de riesgo, menor contacto con la familia y los amigos, etc. Además de la extrañeza, la sensación de irrealidad, la confusión…

La situación laboral para muchas personas pasa por momentos muy complicados, incluyendo aquellas que se encuentran en una situación de ERTE, desempleadas, autónomos en situación de vulnerabilidad, teletrabajo, conciliaciones familiares y muchas otras personas tratando de conservar lo que tienen con mucho esfuerzo.

Todo esto, puede hacer que estemos psicológicamente más desgastados y que nos veamos con menos fuerzas que en marzo del año pasado, cuando comenzó todo esto.

La mente humana no está preparada para elaborar tantos cambios de manera tan rápida, necesita tiempos prudenciales para elaborar situaciones con un gran impacto. La velocidad de todo lo que sucede en este tiempo hace que los síntomas sean aún mayores.
 

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA GESTIONAR ESTA TERCERA OLA Y NO PERDER LA ESPERANZA?

Partiendo de que no es fácil afrontar esta nueva ola y la incertidumbre de las medidas sanitarias y todos los cambios que van viniendo, es importante que apostemos por incluir aquellas cosas que sí nos hacen sentir bien y cuidarlas:

1- Cuidar los vínculos es una de las medidas importantes. El vínculo nos ayuda a salir del aislamiento, a tener esperanza, a apoyarnos conjuntamente en los momentos difíciles. A poder vivir encuentros que nos hagan olvidar la pandemia por coronavirus y nos ayuden a reencontrarnos con aquello que nos hace sentir que merece la pena tener esperanza y seguir. El cariño, la ternura, la empatía.

2- Reconoce y acepta cómo te estás sintiendo: En ocasiones puede parecer que fingir que algo va bien a la larga hará que lo creamos y lo sintamos así. Sin embargo, para poder afrontar una emoción o problema lo primero que hay que hacer es identificarla. No basta con repetirnos que toda esta situación no está tan mal, sino que debemos descubrir qué sentimos y qué es lo que nos está provocando ese malestar y una vez lo hayamos aceptado podremos comenzar a combatirlo.

3- Evitar pensar todo el rato en ello: El COVID y la situación de incertidumbre que conlleva, producen muchas preocupaciones. Pero eso no significa que debamos estar todo el día pensando en ellas y dándole vueltas puesto que solo conseguiremos aumentar nuestros niveles de estrés, ansiedad e insomnio. En su lugar conviene buscar actividades y pasatiempos y establecer unas rutinas que nos ayuden a mantener la mente ocupada y nos permitan distraernos y evadirnos.

4- Mantener aquellas actividades de ocio que si están permitidas en algunos momentos, como visitar la naturaleza, pasear, hacer deporte…

5- Aprender de los errores: en marzo nos enfrentábamos a una situación novedosa y prácticamente impredecible. Por el contrario, ahora ya contamos con una experiencia pasada que tomar como referencia. De manera que si en la 1ª ocasión caímos en la sobreinformación y eso nos causó malestar o terminamos por quedarnos en pijama todo el día sin salir a penas de la cama debemos aprender de ello y actuar de otra manera. Por ejemplo, viendo las noticias solo una vez al día o preparándonos cada mañana como si fuésemos a ir a la oficina en lugar de teletrabajar.

El acompañamiento terapéutico es un buen recurso para poder gestionar el impacto y las consecuencias psicológicas que la pandemia nos está causando.

No existe una fórmula mágica que nos saque de esta situación, pero tratar de cuidarnos, centrarnos en las pequeñas cosas, en los vínculos y dosificar la información, la aceptación y paciencia nos ayudarán a seguir afrontando y viviendo esta compleja situación.

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EL PODER DE LOS PENSAMIENTOS

Tus pensamientos…

            – ¿Son objetivos?

            – ¿Son realistas?

            – ¿Tienes tendencia a machacarte?

Yo puedo ser perfeccionista (es decir, que me guste hacer bien lo que hago) pero asumiendo que también puedo cometer errores, puedo fallar… y cuando esto ocurre, en vez de macharme y darme sin parar con el látigo, examinar en que me he equivocado y volver a intentarlo.

Es importante ser tolerante, asumir que todos nos equivocamos en algún momento y que no pasa nada.

Pensamientos intrusivos VS Pensamientos racionales

Los pensamientos intrusivos son los pensamientos negativos, “los pepitos grillo” de nuestro cerebro que nos dan la lata de manera constante y negativa.

Son pensamientos que empiezan poco a poco, sin enteraros a veces y que nos van minando la moral. El problema es que estos pensamientos, poquito a poco, van cogiendo fuerza, y van creciendo y creciendo. Y te das cuenta de que los tienes cuando se han hecho contigo.

Esto es la clave de los problemas de autoestima: “yo no valgo para esto”, “soy tonto”, “soy un inútil”, “no encajo”, “todo el mundo me toma el pelo”, “soy fea”, “no me merezco que me pase nada bueno”, “no valgo nada”

¿Te identificas con esto?, ¿Qué tipo de pensamientos intrusivos suelen aparecer con más frecuencia en tu día a día?

Cuando el pensamiento intrusivo coge poder, el pensamiento racional “se coge vacaciones”, deja de estar presente.

Pero cuando yo le digo a mi pensamiento racional “vamos a trabajar contra este porque este nos está hundiendo y nos está llevando a una depresión o a unas crisis de ansiedad brutales”, nuestro pensamiento racional empieza a tomar poder también. Cuanto más lo trabajemos, más fuerte estará y más fácil será que le acabe ganando la batalla a nuestro pensamiento intrusivo.

A continuación, te propongo, un ejercicio concreto para trabajar esto:

Situación concretaEmociones que he sentido en esa situaciónPensamiento asociado
Cambio de puesto de trabajo, a uno que tiene más responsabilidades y que me gusta más  Ansiedad Nerviosismo MiedoNo valgo para este trabajo, no soy capaz de hacerlo bien  

Es importante que te pares, lo pienses y lo anotes.

Cuando tengas esto hecho, el siguiente paso es: elaborar un pensamiento racional, objetivo, realista…que se adapte a la situación en concreto.

Generalmente, los pensamientos intrusivos no son reales. Se retroalimentan porque lo que quieren es tener protagonismo, pero no son reales.

Pensamiento intrusivoPensamiento objetivo
No valgo para este trabajo, no soy capaz de hacerlo bien  – Te está costando un poquito adaptarte, pero bueno si tú te centras, te pones a ello, te unes al compañero que te ha ofrecido ayuda, investigas un poco sobre el tema… tú vas a llegar a lo mismo que el resto de tus compañeros. – ¿Les has preguntado al resto de tus compañeros cuanto les ha costado adaptarse al trabajo? – Si me han contratado para este puesto, es porque tengo capacidades  
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Miedo a la soledad: Cómo superarlo de forma definitiva

Hoy vamos a hablar de uno de los miedos que cada vez está más presente en nuestra sociedad: el miedo a la soledad.

Hay personas que no son capaces de poner fin a una relación de pareja o de amistad por temor a quedarse solas.

En muchas ocasiones, lo que se esconde detrás del miedo a la soledad es el miedo a estar con uno mismo. Cuando estamos solos comienzan a invadirnos pensamientos incómodos sobre nuestra poca valía como personas. Estos pensamientos se posan sobre nosotros y comienzan a hundirnos cada vez más. Sin embargo, es importante saber que son sólo eso, pensamientos.

Por ello es importante reencontrarse con uno mismo y aprender a quererse, valorarse, mimarse. Saber que los pensamientos que nos inundan no son reales.

Todas las personas tenemos la capacidad para superar el temor a la soledad y lograr sentirnos tranquilos y en paz ante esos momentos en la vida en los que nos encontramos solos.

5 CLAVES PARA SUPERAR EL MIEDO A LA SOLEDAD

1.- Aprende a distinguir tu estado emocional. No es lo mismo estar solo que sentirse solo.

Un aspecto primordial que es necesario tomar en cuenta cuando se quiere superar el miedo a la soledad, es aprender a identificar si ese sentimiento proviene más bien de una soledad física o proviene de un estado mental.

Por ejemplo, en muchas ocasiones se puede estar rodeado de gente y sentirse sólo a pesar de eso y por el contrario se puede estar solo físicamente y sentirse en paz consigo mismo.

Estar sólo físicamente suele ser una situación temporal de la que puede derivar un sentimiento de soledad, sin embargo, la soledad que proviene de un estado mental que suele ser más profunda, es una sensación de vacío, de no tener nada, de frustración constante, la persona que la experimenta no confía en sus capacidades personales, emocionales y afectivas para salir adelante.

2.- Aprende a disfrutar de la soledad

Debemos dejar de ver la soledad como algo negativo.

Me gustaría que, antes de continuar leyendo, te detuvieras un momento y pudieras pensar lo siguiente: ¿Qué puede tener de positivo la soledad?

Cuando ya lo hayas pensado, puedes continuar leyendo…

Uno de los aspectos más positivos de la soledad es que cuando estamos a solas con nosotros mismos podemos cultivar aspectos tan interesantes como la introspección, lo cual nos permitirá conocernos mejor, redescubrirnos, innovar, desarrollar la creatividad, etc.

3.- Disfruta haciendo planes contigo mismo: Vete a tomar un café, al gimnasio, al cine… o prueba cualquier otra actividad que tengas ganas de hacer desde hace tiempo.

Las personas tienen miedo a hacer planes solas porque piensa que los demás van a pensar que es el “raro”.

Es cierto que no es fácil irse solo de viaje, a tomar un café, al cine… ¡es duro!

Porque vivimos en una sociedad en la que se dice que, si haces este tipo de cosas solo/a, eres un “rarito/a”.

Pero hay deberíamos pensar “pobrecito/a tu que si no tuvieras tu compañero/a no irías al cine”, “pobrecito tu que, si no tienes plan un sábado, te quedas en casa arrancándote el pelo en vez de irte a la playa o a dar un paseo”.

¡NO HAY NADA MEJOR QUE LA PROPIA COMPAÑÍA!

4.- Valora los momentos contigo mismo y cuídalos: Si cuando haces cosas solo, te quejas y piensas que es aburrido, que es triste, que que haces haciéndolo solo… y cuando estas en compañía lo valoras, es normal que se refuercen mucho tus momentos con otros. Trata de reforzar tus momentos contigo mismo (que a gusto estoy leyendo, como estoy disfrutando de la serie, me encanta salir a pasear e ir a mi ritmo). Cuando le das ese valor, al final terminas encontrando cosas bonitas en los momentos que pasas contigo.

5.- Dedica tiempo a estar en silencio: ¿Sabes que el silencio puede ser algo tan relajante como una técnica de meditación? ¿Y que durante el silencio encontramos pensamientos creativos que de otra manera no aparecen? No pienses que el silencio es aburrido, quita esa etiqueta, y descubre que hay detrás del silencio.

Además de estos 5 puntos, también es importante que mantengas el contacto con los demás.

En algunas ocasiones, puede darse el caso de que el propio miedo a la soledad provoque alejarse cada vez más de los demás debido a la sensación de falta de control emocional que se experimenta.

Por ejemplo, una persona que tiene temor a la soledad, podría tener pensamientos como: “no quiero empezar una relación porque seguramente al cabo de un tiempo me van a abandonar y me sentiré peor”, “no voy a llamar a mis amigos porque van a decir que dependo siempre de ellos”

¡Enamórate de tu propia compañía al mismo tiempo que mantienes relaciones sanas y que te aportan bienestar!

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Si estás teletrabajando y te falta motivación, esto te interesa

Hay personas que sienten que ahora que están teletrabajando están siendo menos productivas o que se les hace todo mucho más cuesta arriba. Es algo normal, tiene explicación y puedes ponerle remedio.

Muchas personas tienen la sensación que, a raíz del confinamiento, trabajan más de lo que lo hacían en su rutina diaria. Algunas tienen la sensación de que necesitan más tiempo que antes para hacer lo mismo: lo que antes estaba hecho en una hora, ahora supone dos y media. Además, a esto hay que añadirle que cada día que pasa estamos más cansados, más desmotivados. Todo esto conlleva a que estemos más dispersos y nos nos concentremos de la misma manera y tengamos que meter más horas para sacar el mismo trabajo adelante.

Todo esto es normal. Es totalmente lógico que ocurra si tenemos en cuenta las circunstancias en las que nos encontramos actualmente. Por eso, no te fustigues ni te culpabilices. Sé paciente, tolerante y comprensivo contigo mismo. Haz varias pausas en tu día a día para observar cómo te sientes, cual es la emoción que predomina en ti en ese momento. No lo juzgues, simplemente obsérvalo.

Si observas que estás apático, desmotivado, triste, con miedo, con cierta ansiedad debido a la la incertidumbre (por la situación sanitaria o socioeconómica), no te enfades contigo, compréndete y entiende que es natural que te sientas así en estos momentos. En muy pocos días ha habido tantos cambios en nuestra vida que lo lógico es que todos experimentemos alguna de estas emociones durante estos días.

Por esto, también deberías aceptar que es probable que tengas algún mal día y que a veces no consigas ser tan productivo como de costumbre. El primer paso para gestionar estas emociones más «incómodas», como te digo, es la aceptación.

¿Qué podemos hacer una vez hemos aceptado que es natural sentirnos así en estos días?

1. Mantener una rutina de trabajo: Aparte de ayudar a tener una organización durante estos días, también te permitirá tener una mayor sensación de control. En estos momentos estamos llenos de incertidumbre y este estado suele ser incompatible con la concentración y la tranquilidad. Por eso es importante que puedas mantener cierto control de la situación y eso puedes conseguirlo a través de una rutina de trabajo.

Cuando establezcas esta rutina de trabajo te aconsejaría que tratases de hacerlo basándote en el horario laboral que tenías antes de esta situación. Es decir, si trabajabas de 08.00 horas a 15.00 horas, trata de mantener este mismo horario durante estos días. Es a lo que estás acostumbrado y lo que menos necesitamos ahora es que haya más cambios en nuestras vidas.

Es importante también que establezcas una hora «tope» de trabajo y que después puedas dedicarte a otras actividades que no tengan que ver con tu ámbito profesional.

2. Márcate objetivos realistas: En ocasiones puede que nos marquemos demasiados objetivos en el mismo día como sacar adelante la misma cantidad de trabajo que antes, atender a la familia que está en casa, hacer deporte, hacer las tareas domésticas, hacer una videollamada con los amigos y familiares que no podemos ver, etc. El marcarnos tantos objetivos para hacer en un día es agotador y es probable que nos genere ansiedad, estrés… y malestar o desmotivación si no llegamos a cumplirlo.

Además cuando nos marcamos tantos objetivos en un día, estamos haciendo todo lo contrario a lo que se supone que deberíamos hacer que es exigirnos menos y ser comprensivos y tolerantes con nosotros mismos, entendiendo que estamos atravesando un momento excepcional en nuestras vidas. No te exijas rendir al cien por cien en estos momentos. Ahora lo que necesitas es cuidarte y exigiéndote tanto no lo estás haciendo.

3. Se flexible: Puede que te ayude marcarte un horario y tener una rutina diaria e incluso marcarte ciertos objetivos personales o laborales para cumplir esa semana. Pero tienes que comprender que tu estado emocional ahora mismo es un poco «montaña rusa» y que es probable que a veces no sea posible llegar a todo lo que te habías propuesto. Entiende que habrá días o, incluso, momentos menos productivos que otros. Aprende a ser más flexible contigo, disfrutar de tus mejores momentos y perdónate cuando no consigas cumplir todo lo que te habías propuesto.

4. Busca momentos de ocio y desconexión: Es importante que busquemos momentos para no hacer nada. No hacer nada no es hacer deporte o leer. No hacer nada consiste en sentarte en el balcón, en el sofá o mirar por la ventana y disfrutar del silencio. No hacer nada es buscar momentos de desconexión, es como si nos pusiéramos el cartel de «en estos momentos no estoy disponible para nadie ni nada». Esto te va a ayudar a ser más productivo en tu día a día y a tener unos niveles más bajos de estrés y ansiedad.

También es aconsejable que el fin de semana no lo dediquemos a trabajar. Necesitamos seguir estableciendo al menos esa diferencia de entre semana y los fines de semana. Eso nos ayudara a tener una mejor salud y a estar más motivados para seguir haciendo frente a los días posteriores.

5. Piensa que esta situación es algo temporal: Aunque actualmente estemos viviendo esta situación extraordinaria, como todo en esta vida, tarde o temprano terminará.

Infórmate de la situación en determinados momentos del día pero no te intoxiques. No te pases el día expuesto a las noticias, ni conectado a las redes, ni hablando con tus amigos y familiares sobre el tema, no dejes que se convierta en monotema.

Céntrate en tu día a día entendiendo que esta situación es temporal y pasará. De nada sirve que te centres en lo que podría ir mal, en las posibles desgracias que podrían ocurrir y en lo que no está en tu mano. Es mucho más eficaz que lleves tu atención a aquellas cosas que dependen de ti, a aquellas cosas que te ayudan a estar un poco mejor en tu día a día.

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¿Odias la Navidad? No eres la única persona y no tiene por qué gustarte

A muchas personas las melodías navideñas les irritan, el muérdago les produce alergia, las celebraciones con los parientes les estresan y desearían que el calendario pasase, como por arte de magia, la página de diciembre. Y puestos a pedir, también la de noviembre, ya que las navidades cada año empiezan antes. En el fondo de todas estas razones se esconde el hecho, registrado ya por profesionales, de que estas fiestas consiguen todo lo contrario a lo que se proponen: deprimir y estresar al personal hasta límites insospechados.

En los cuentos infantiles una característica para reconocer al malvado era, y me temo que todavía es, al menos para la factoría Disney, que éste siempre odiaba la Navidad. La sociedad nos ha vendido que estas fechas son entrañables, una época mágica en la que todos tenemos que estar constantemente rodeados de familia y amigos, y consumiendo cuanto más mejor. Sin embargo, lo que le sucede a mucha gente es que sufre tristeza y melancolía.

Estas fiestas de final de año hacen que muchas personas añoren a familiares que ya no viven o épocas pasadas, más felices. Y están también los que se sienten muy estresados con las múltiples celebraciones –especialmente las mujeres, que son todavía las que, generalmente, se ocupan de cocinar y organizarlo todo–, o con el hecho de verse con parientes que no son de su agrado, o enfrentarse a los gastos extra de los regalos. ¡Hay una presión enorme en esta época del año! Además, los que están solos, sufren también porque se agudiza su sentimiento de soledad.

La Navidad que nos han vendido genera unas expectativas que no son reales y las decepciones son mucho más grandes de lo habitual. Aquí algunos consejos para manejar el estrés y la ansiedad durante las navidades: 

1- Tener expectativas realistas

Es importante que tengamos unas expectativas realistas. ¡La Navidad no es Disneyland! En esta época, no se solucionan de repente todos los problemas o nos empezamos a llevar fenomenal con personas con las que no congeniamos el resto del año.

El dejarnos llevar por la presión social que nos vende que las Navidades son maravillosas, hace que creamos que cuando nos juntemos con la familia o con los amigos todo será diferente, que todos vamos a estar mucho más unidos y nos vamos a llevar mejor que nunca. ¡Esto no es así! Si adoptas un pensamiento realista y no dejándote llevar por lo que se supone que deberías de sentir en Navidad, el malestar no será tan intenso.

2- Evita los desencadenantes conocidos

Por ejemplo, si la política es un tema delicado en tu familia o el coronavirus genera una excesiva preocupación en alguna persona, no hables de ello. Si alguien saca estos temas, usa la distracción y pasa rápidamente a otra conversación. ¡Vamos a ponérnoslo fácil!

3- Reserva tiempo solo para ti y date espacios

En ocasiones, el exceso de actividades sociales puede provocar una gran presión sobre ciertas personas. Es recomendable tener momentos a solas para distanciarse de la multitud. Por ejemplo, podemos dar un paseo, escuchar música, practicar técnicas de relajación o leer un libro, es decir, realizar actividades que nos conecten con nosotros mismos.

No te fuerces si realmente no quieres estar constantemente rodeado de familiares en Navidad. Date permiso para estar contigo mismo. ¡No te sientas culpable! A lo mejor te alivia no estar todos los días reunido con la familia y no pasa nada.

No fuerces emociones que no cuadren contigo o que no sientes. Porque lo que sientes lo estás sintiendo por alguna razón (quizá echas de menos a algún familiar, hay conflictos internos que te impiden disfrutar de estos días…)

4- Las personas bajo estrés tienden a ‘automedicarse’ con alcohol, cigarrillos y otras drogas

Trata de recordar que el alcohol y otras drogas no pueden resolver problemas ni aliviar el estrés a largo plazo.

5- No te obligues a ser otra persona diferente

¡No por ser Navidad tenemos que estar súper felices! Permítete sentir lo que sientas en cada momento y no te dejes llevar por los villancincos o cancioncillas que nos venden, sino que escucha tu interior.

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¿Demasiadas discusiones con tu pareja? Esta técnica os ayudará a entenderos mejor

Las diferencias y confrontaciones son normales en el seno de una relación, pero hoy os ofrezco unas pautas para construir un vínculo más fuerte y sano.

Tener diferencias y confrontaciones en el seno de una pareja es normal y, según los psicólogos, necesario dentro de una relación sana. El problema surge cuando crece la tensión y se convierte en riñas constantes, frases hirientes, sentimiento de culpa, susceptibilidad a flor de piel, incapacidad para la comunicación y el entendimiento. Por tanto, siempre sin escaparse de los límites del respeto, y con el afecto como marco, hay normas a tener en cuenta: no se puede olvidar el cómo (calmados, nunca en caliente), el cuándo (por la noche no estamos para pensar) o la forma (en persona, mirándonos a los ojos, ni por conversación telefónica, ni por Whatsapp, ni mucho menos en el coche).

En el vídeo de hoy os hablo de la técnica ‘tiempo fuera’, que requiere de implicación por ambas partes de la pareja y un cierto grado de madurez, pero que resulta muy eficaz para alcanzar una unión saludable y feliz. Nunca olvides que el amor, como la amistad o el trabajo, también requiere una dosis de esfuerzo diario. Te explico detalladamente en qué consiste esta técnica en el vídeo de hoy.

Cómo ser feliz con tu cuerpo sin torturarte

La continua fijación por los físicos perfectos solo produce insatisfacción. Son tiempos para la aceptación, el autocuidado y el respeto a nuestro propio cuerpo.

¿Qué entendemos por un cuerpo perfecto?

Si nos basamos en las fotografías que hablan de un cuerpo perfecto, observamos piernas musculadas y delgadas, cinturas estrechas, un abdomen tonificado… Imágenes utópicas para la mayoría de los mortales que tenemos el cuerpo diseñado por nuestros ancestros para sobrevivir en terrenos hostiles e inviernos crudos.

El negocio que se ha montado alrededor del culto al cuerpo (ropa, alimentación, suplementos…) con la promesa de la felicidad conseguida al tener el cuerpo perfecto, nos aleja de lo que verdaderamente nos va a dar el bienestar: una vida plena y en calma con nosotros mismos.

Muchas veces asociamos un cuerpo estético al éxito, el bienestar y la felicidad. Pero, ¿de verdad tu felicidad y tu éxito en la vida dependen de tu físico? ¿Dónde quedan los demás factores?

Muchas personas llegan a consulta con la creencia fuertemente arraigada de que si cambian su cuerpo, mejorará su autoestima. Habitualmente, pensamos que una cosa implica la otra. Un cambio en mi forma física, va a implicar un cambio en mi autoestima y me voy a sentir mejor. Es normal que esta creencia se construya, porque es verdad que cuando adelgazamos, se nos refuerza socialmente, ya que se considera que quien adelgaza ha conseguido algo positivo y se le felicita por ello.

Eso no es cierto; que una persona adelgace, no tiene por qué implicar algo positivo. A veces, puede significar que está emocionalmente inestable o se encuentra mal. Ese refuerzo, cada vez que una persona baja de peso, no tiene mucho sentido ni lógica cuando lo sensato sería preguntar cómo se encuentra o no hacer ningún tipo de comentario.

Mejorar la autoestima requiere de un gran trabajo a nivel interno y ese avance no va a suceder simplemente por un cambio a nivel físico. De las veces que has intentado cambiar tu cuerpo y lo conseguiste, ¿cuánto tiempo te duro esa sensación de plenitud y bienestar? Probablemente, la respuesta sea que poco tiempo y te lleve a cuestionarte que un cambio físico no implica un cambio a nivel interno y que hay muchos otros factores que influyen en nuestra autoestima.

La autoestima no se trabaja mejorando el cuerpo, sino la forma de verlo. De nada sirve empeñarnos en trabajar el cuerpo para cambiarlo si, al mismo tiempo, lo estamos odiando.

Por ejemplo, todos conocemos a alguien que tiene un cuerpo estupendo, pero no se quiere nada y siempre procura conseguir algo inalcanzable que le produce insatisfacción porque nunca es suficiente. Por otra parte, también conocemos a aquellas personas que supuestamente y normativamente no tienen lo que se considera por un cuerpo estético, pero se quieren y se ven maravillosamente bien.

Por tanto, la creencia de «si cambio mi cuerpo, mejorara mi autoestima» no es cierta. El objetivo tendría que ser cambiar y mejorar la relación con nosotros mismos, el buen trato… sin necesidad de que nuestro cuerpo cambie.

Factores presentes en la infelicidad con nuestro cuerpo:

– Las dietas: Sufrir ansiedad ante la comida, desgraciadamente, es algo muy común y si nos proponemos una dieta sumamente restrictiva este malestar se acentúa aún más.

Sobre todo cuando se acerca el verano queremos adelgazar rápidamente y nos sometemos a dietas con alimentos que no nos gustan y que nos aportan muchas menos calorías de las que estamos acostumbrados.

Mantener esto a la larga suele ser imposible. La motivación inicial desaparece rápido cuando nos enfrentamos a sensaciones continuas de hambre y el cansancio que suele traer asociado. La operación bikini podría incluso terminar peor de lo que empezó.

– Deporte: Practicar ejercicio es muy sano, pero a veces nos olvidamos de los beneficios que tiene para la salud y nos centramos únicamente en el deporte como obligación. Ya no es solo la perdida de grasa, la pérdida de peso, la figura… también hemos unido a todos esos ideales el cuerpo definido y escultural.

Parece que el deporte acaba siendo la obligación inquebrantable que todos tenemos que hacer para conseguir ese ideal de cuerpo. Y se nos olvida la parte de placer, de disfrutar… que también nos genera el ejercicio físico.

El deporte nos ayuda con la gestión y regulación emocional (por ejemplo, la ansiedad es un montón de energía que, si no la expulsamos, nos produce esos síntomas de falta de aire… así que el deporte es un recurso muy bueno para reducirla).

Pero en ocasiones, el ejercicio físico va ligado a la necesidad de cambio corporal y esa forma de verlo nos provoca más daño que beneficio. Si yo estoy haciendo una actividad física y no estoy concentrándome en cómo siento mis músculos, en cómo se mueve mi cuerpo, en la flexibilidad que voy adquiriendo… Si solamente estoy pensando cuánto peso habré perdido o cuánta musculatura habré ganado, lo estamos realizando desde un planteamiento equivocado.

Deberíamos utilizar el deporte para conectar con nosotros mismos, no solo para estar centrados en lo que tenemos que conseguir después de realizarlo. Además, los resultados no son instantáneos y nos podemos sentir muy frustrados si no notamos los cambios rápidamente.

Aquí entra también la parte de permiso: si un día no hago deporte, no se acaba el mundo. Se supone que esto es un beneficio para mí. No algo que me haga sufrir más que si no lo practico.

Pero cuando hacemos deporte con el único objetivo de cambiar nuestro cuerpo, tenemos la sensación de que no podemos fallar ni un día y aumentamos las exigencias y los mecanismos compensatorios que vienen cuando no lo consigo hacer.

En este sentido, un mensaje que ha estado (y sigue estando) muy presente en nuestra sociedad es que «tengo que cambiar el cuerpo con esfuerzo y fuerza de voluntad». Y, en mi opinión, se trata de una afirmación que nos puede hacer mucho daño, ya que es importante plantearnos cuando algo deja de ser autocuidado y empieza a ser obligación.

Redes sociales y su influencia en nuestra imagen corporal

Durante el confinamiento, hemos recibido un bombardeo constante de mensajes a través de las redes sociales del tipo «tienes que aprovechar el tiempo para hacer mucho deporte», «tienes que aprovechar para comer más sano y cuidar tu cuerpo», «cuidado con subir de peso» … Todos estos mensajes pueden hacernos mucho daño y no nos ayudan a mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.

Las redes influyen a dos niveles principales:

– Visibilizan solo un tipo de cuerpo: Hay un idealismo y un perfeccionismo que se muestra todo el rato que no corresponde con la realidad, pero a veces nos hacen creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, que tenemos que esforzarnos parar lograrlo y que el resto de complexiones son inexistentes o no podemos mostrarlas de la misma forma.

La parte buena es que hay multitud de personas que se rebelan contra la belleza única y se unen a movimientos que buscan dar visibilidad a los diferentes tipos de cuerpos. Y en nuestras manos está decidir qué tipo de páginas o perfiles queremos seguir y qué tipo de cuerpos queremos ver.

– La perfección: Si seguimos a una ‘influencer’ determinada que nos muestra todo lo sano que come, todo el deporte que practica y su cuerpo siempre perfecto bajo la mejor ropa, que le queda siempre estupenda… Solo vemos esa parte de ideal y eso influye en la construcción de nuestras creencias (en lo que se supone que tendría que ser nuestro cuerpo, estilo de vida…). Una relativa perfección que se concentra en unas poquitas horas del día de esa persona y que nosotras queremos trasladar a las 24 horas de nuestro día.

Estamos expuestos a esto, pero también podemos limitar hasta dónde nos llega este concepto del ideal estético. No se trata de que nos tenga que encantar cada parte de nuestro cuerpo. Lo importante es la aceptación, el autocuidado y el respeto.