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Si estás teletrabajando y te falta motivación, esto te interesa

Hay personas que sienten que ahora que están teletrabajando están siendo menos productivas o que se les hace todo mucho más cuesta arriba. Es algo normal, tiene explicación y puedes ponerle remedio.

Muchas personas tienen la sensación que, a raíz del confinamiento, trabajan más de lo que lo hacían en su rutina diaria. Algunas tienen la sensación de que necesitan más tiempo que antes para hacer lo mismo: lo que antes estaba hecho en una hora, ahora supone dos y media. Además, a esto hay que añadirle que cada día que pasa estamos más cansados, más desmotivados. Todo esto conlleva a que estemos más dispersos y nos nos concentremos de la misma manera y tengamos que meter más horas para sacar el mismo trabajo adelante.

Todo esto es normal. Es totalmente lógico que ocurra si tenemos en cuenta las circunstancias en las que nos encontramos actualmente. Por eso, no te fustigues ni te culpabilices. Sé paciente, tolerante y comprensivo contigo mismo. Haz varias pausas en tu día a día para observar cómo te sientes, cual es la emoción que predomina en ti en ese momento. No lo juzgues, simplemente obsérvalo.

Si observas que estás apático, desmotivado, triste, con miedo, con cierta ansiedad debido a la la incertidumbre (por la situación sanitaria o socioeconómica), no te enfades contigo, compréndete y entiende que es natural que te sientas así en estos momentos. En muy pocos días ha habido tantos cambios en nuestra vida que lo lógico es que todos experimentemos alguna de estas emociones durante estos días.

Por esto, también deberías aceptar que es probable que tengas algún mal día y que a veces no consigas ser tan productivo como de costumbre. El primer paso para gestionar estas emociones más «incómodas», como te digo, es la aceptación.

¿Qué podemos hacer una vez hemos aceptado que es natural sentirnos así en estos días?

1. Mantener una rutina de trabajo: Aparte de ayudar a tener una organización durante estos días, también te permitirá tener una mayor sensación de control. En estos momentos estamos llenos de incertidumbre y este estado suele ser incompatible con la concentración y la tranquilidad. Por eso es importante que puedas mantener cierto control de la situación y eso puedes conseguirlo a través de una rutina de trabajo.

Cuando establezcas esta rutina de trabajo te aconsejaría que tratases de hacerlo basándote en el horario laboral que tenías antes de esta situación. Es decir, si trabajabas de 08.00 horas a 15.00 horas, trata de mantener este mismo horario durante estos días. Es a lo que estás acostumbrado y lo que menos necesitamos ahora es que haya más cambios en nuestras vidas.

Es importante también que establezcas una hora «tope» de trabajo y que después puedas dedicarte a otras actividades que no tengan que ver con tu ámbito profesional.

2. Márcate objetivos realistas: En ocasiones puede que nos marquemos demasiados objetivos en el mismo día como sacar adelante la misma cantidad de trabajo que antes, atender a la familia que está en casa, hacer deporte, hacer las tareas domésticas, hacer una videollamada con los amigos y familiares que no podemos ver, etc. El marcarnos tantos objetivos para hacer en un día es agotador y es probable que nos genere ansiedad, estrés… y malestar o desmotivación si no llegamos a cumplirlo.

Además cuando nos marcamos tantos objetivos en un día, estamos haciendo todo lo contrario a lo que se supone que deberíamos hacer que es exigirnos menos y ser comprensivos y tolerantes con nosotros mismos, entendiendo que estamos atravesando un momento excepcional en nuestras vidas. No te exijas rendir al cien por cien en estos momentos. Ahora lo que necesitas es cuidarte y exigiéndote tanto no lo estás haciendo.

3. Se flexible: Puede que te ayude marcarte un horario y tener una rutina diaria e incluso marcarte ciertos objetivos personales o laborales para cumplir esa semana. Pero tienes que comprender que tu estado emocional ahora mismo es un poco «montaña rusa» y que es probable que a veces no sea posible llegar a todo lo que te habías propuesto. Entiende que habrá días o, incluso, momentos menos productivos que otros. Aprende a ser más flexible contigo, disfrutar de tus mejores momentos y perdónate cuando no consigas cumplir todo lo que te habías propuesto.

4. Busca momentos de ocio y desconexión: Es importante que busquemos momentos para no hacer nada. No hacer nada no es hacer deporte o leer. No hacer nada consiste en sentarte en el balcón, en el sofá o mirar por la ventana y disfrutar del silencio. No hacer nada es buscar momentos de desconexión, es como si nos pusiéramos el cartel de «en estos momentos no estoy disponible para nadie ni nada». Esto te va a ayudar a ser más productivo en tu día a día y a tener unos niveles más bajos de estrés y ansiedad.

También es aconsejable que el fin de semana no lo dediquemos a trabajar. Necesitamos seguir estableciendo al menos esa diferencia de entre semana y los fines de semana. Eso nos ayudara a tener una mejor salud y a estar más motivados para seguir haciendo frente a los días posteriores.

5. Piensa que esta situación es algo temporal: Aunque actualmente estemos viviendo esta situación extraordinaria, como todo en esta vida, tarde o temprano terminará.

Infórmate de la situación en determinados momentos del día pero no te intoxiques. No te pases el día expuesto a las noticias, ni conectado a las redes, ni hablando con tus amigos y familiares sobre el tema, no dejes que se convierta en monotema.

Céntrate en tu día a día entendiendo que esta situación es temporal y pasará. De nada sirve que te centres en lo que podría ir mal, en las posibles desgracias que podrían ocurrir y en lo que no está en tu mano. Es mucho más eficaz que lleves tu atención a aquellas cosas que dependen de ti, a aquellas cosas que te ayudan a estar un poco mejor en tu día a día.

Cómo ser feliz con tu cuerpo sin torturarte

La continua fijación por los físicos perfectos solo produce insatisfacción. Son tiempos para la aceptación, el autocuidado y el respeto a nuestro propio cuerpo.

¿Qué entendemos por un cuerpo perfecto?

Si nos basamos en las fotografías que hablan de un cuerpo perfecto, observamos piernas musculadas y delgadas, cinturas estrechas, un abdomen tonificado… Imágenes utópicas para la mayoría de los mortales que tenemos el cuerpo diseñado por nuestros ancestros para sobrevivir en terrenos hostiles e inviernos crudos.

El negocio que se ha montado alrededor del culto al cuerpo (ropa, alimentación, suplementos…) con la promesa de la felicidad conseguida al tener el cuerpo perfecto, nos aleja de lo que verdaderamente nos va a dar el bienestar: una vida plena y en calma con nosotros mismos.

Muchas veces asociamos un cuerpo estético al éxito, el bienestar y la felicidad. Pero, ¿de verdad tu felicidad y tu éxito en la vida dependen de tu físico? ¿Dónde quedan los demás factores?

Muchas personas llegan a consulta con la creencia fuertemente arraigada de que si cambian su cuerpo, mejorará su autoestima. Habitualmente, pensamos que una cosa implica la otra. Un cambio en mi forma física, va a implicar un cambio en mi autoestima y me voy a sentir mejor. Es normal que esta creencia se construya, porque es verdad que cuando adelgazamos, se nos refuerza socialmente, ya que se considera que quien adelgaza ha conseguido algo positivo y se le felicita por ello.

Eso no es cierto; que una persona adelgace, no tiene por qué implicar algo positivo. A veces, puede significar que está emocionalmente inestable o se encuentra mal. Ese refuerzo, cada vez que una persona baja de peso, no tiene mucho sentido ni lógica cuando lo sensato sería preguntar cómo se encuentra o no hacer ningún tipo de comentario.

Mejorar la autoestima requiere de un gran trabajo a nivel interno y ese avance no va a suceder simplemente por un cambio a nivel físico. De las veces que has intentado cambiar tu cuerpo y lo conseguiste, ¿cuánto tiempo te duro esa sensación de plenitud y bienestar? Probablemente, la respuesta sea que poco tiempo y te lleve a cuestionarte que un cambio físico no implica un cambio a nivel interno y que hay muchos otros factores que influyen en nuestra autoestima.

La autoestima no se trabaja mejorando el cuerpo, sino la forma de verlo. De nada sirve empeñarnos en trabajar el cuerpo para cambiarlo si, al mismo tiempo, lo estamos odiando.

Por ejemplo, todos conocemos a alguien que tiene un cuerpo estupendo, pero no se quiere nada y siempre procura conseguir algo inalcanzable que le produce insatisfacción porque nunca es suficiente. Por otra parte, también conocemos a aquellas personas que supuestamente y normativamente no tienen lo que se considera por un cuerpo estético, pero se quieren y se ven maravillosamente bien.

Por tanto, la creencia de «si cambio mi cuerpo, mejorara mi autoestima» no es cierta. El objetivo tendría que ser cambiar y mejorar la relación con nosotros mismos, el buen trato… sin necesidad de que nuestro cuerpo cambie.

Factores presentes en la infelicidad con nuestro cuerpo:

– Las dietas: Sufrir ansiedad ante la comida, desgraciadamente, es algo muy común y si nos proponemos una dieta sumamente restrictiva este malestar se acentúa aún más.

Sobre todo cuando se acerca el verano queremos adelgazar rápidamente y nos sometemos a dietas con alimentos que no nos gustan y que nos aportan muchas menos calorías de las que estamos acostumbrados.

Mantener esto a la larga suele ser imposible. La motivación inicial desaparece rápido cuando nos enfrentamos a sensaciones continuas de hambre y el cansancio que suele traer asociado. La operación bikini podría incluso terminar peor de lo que empezó.

– Deporte: Practicar ejercicio es muy sano, pero a veces nos olvidamos de los beneficios que tiene para la salud y nos centramos únicamente en el deporte como obligación. Ya no es solo la perdida de grasa, la pérdida de peso, la figura… también hemos unido a todos esos ideales el cuerpo definido y escultural.

Parece que el deporte acaba siendo la obligación inquebrantable que todos tenemos que hacer para conseguir ese ideal de cuerpo. Y se nos olvida la parte de placer, de disfrutar… que también nos genera el ejercicio físico.

El deporte nos ayuda con la gestión y regulación emocional (por ejemplo, la ansiedad es un montón de energía que, si no la expulsamos, nos produce esos síntomas de falta de aire… así que el deporte es un recurso muy bueno para reducirla).

Pero en ocasiones, el ejercicio físico va ligado a la necesidad de cambio corporal y esa forma de verlo nos provoca más daño que beneficio. Si yo estoy haciendo una actividad física y no estoy concentrándome en cómo siento mis músculos, en cómo se mueve mi cuerpo, en la flexibilidad que voy adquiriendo… Si solamente estoy pensando cuánto peso habré perdido o cuánta musculatura habré ganado, lo estamos realizando desde un planteamiento equivocado.

Deberíamos utilizar el deporte para conectar con nosotros mismos, no solo para estar centrados en lo que tenemos que conseguir después de realizarlo. Además, los resultados no son instantáneos y nos podemos sentir muy frustrados si no notamos los cambios rápidamente.

Aquí entra también la parte de permiso: si un día no hago deporte, no se acaba el mundo. Se supone que esto es un beneficio para mí. No algo que me haga sufrir más que si no lo practico.

Pero cuando hacemos deporte con el único objetivo de cambiar nuestro cuerpo, tenemos la sensación de que no podemos fallar ni un día y aumentamos las exigencias y los mecanismos compensatorios que vienen cuando no lo consigo hacer.

En este sentido, un mensaje que ha estado (y sigue estando) muy presente en nuestra sociedad es que «tengo que cambiar el cuerpo con esfuerzo y fuerza de voluntad». Y, en mi opinión, se trata de una afirmación que nos puede hacer mucho daño, ya que es importante plantearnos cuando algo deja de ser autocuidado y empieza a ser obligación.

Redes sociales y su influencia en nuestra imagen corporal

Durante el confinamiento, hemos recibido un bombardeo constante de mensajes a través de las redes sociales del tipo «tienes que aprovechar el tiempo para hacer mucho deporte», «tienes que aprovechar para comer más sano y cuidar tu cuerpo», «cuidado con subir de peso» … Todos estos mensajes pueden hacernos mucho daño y no nos ayudan a mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.

Las redes influyen a dos niveles principales:

– Visibilizan solo un tipo de cuerpo: Hay un idealismo y un perfeccionismo que se muestra todo el rato que no corresponde con la realidad, pero a veces nos hacen creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, que tenemos que esforzarnos parar lograrlo y que el resto de complexiones son inexistentes o no podemos mostrarlas de la misma forma.

La parte buena es que hay multitud de personas que se rebelan contra la belleza única y se unen a movimientos que buscan dar visibilidad a los diferentes tipos de cuerpos. Y en nuestras manos está decidir qué tipo de páginas o perfiles queremos seguir y qué tipo de cuerpos queremos ver.

– La perfección: Si seguimos a una ‘influencer’ determinada que nos muestra todo lo sano que come, todo el deporte que practica y su cuerpo siempre perfecto bajo la mejor ropa, que le queda siempre estupenda… Solo vemos esa parte de ideal y eso influye en la construcción de nuestras creencias (en lo que se supone que tendría que ser nuestro cuerpo, estilo de vida…). Una relativa perfección que se concentra en unas poquitas horas del día de esa persona y que nosotras queremos trasladar a las 24 horas de nuestro día.

Estamos expuestos a esto, pero también podemos limitar hasta dónde nos llega este concepto del ideal estético. No se trata de que nos tenga que encantar cada parte de nuestro cuerpo. Lo importante es la aceptación, el autocuidado y el respeto.