Efecto pigmaleon

«El efecto Pigmalión»

El efecto Pigmalión: cómo las expectativas influyen en nuestro bienestar emocional

Las expectativas tienen más poder del que solemos imaginar. No solo influyen en cómo miramos a los demás, sino también en cómo nos comportamos con ellos y, en consecuencia, en cómo acaban desarrollándose. En psicología, este fenómeno se conoce como efecto Pigmalión y está presente en muchos ámbitos de nuestra vida: la infancia, la pareja, el trabajo y también en la relación con uno mismo.

En consulta observamos con frecuencia cómo las expectativas —propias o ajenas— pueden convertirse en una fuente silenciosa de malestar emocional, condicionando la autoestima, la seguridad personal y las relaciones.

Qué es el efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión describe cómo las creencias o expectativas que tenemos sobre una persona influyen en su comportamiento y rendimiento, aumentando la probabilidad de que esas expectativas se cumplan.

Dicho de forma sencilla: cuando esperamos algo de alguien, tendemos a actuar de manera que favorece que eso ocurra. Estas actitudes suelen ser sutiles e inconscientes, pero tienen un impacto real.

El concepto proviene de la psicología social y educativa, y debe su nombre al mito de Pigmalión, un escultor que se enamoró de la estatua que había creado, hasta que esta cobró vida. De manera simbólica, refleja cómo nuestras expectativas pueden “dar forma” a la realidad.

Cómo funcionan las expectativas

Las expectativas influyen en pequeños detalles cotidianos:

  • El tono con el que hablamos.
  • El grado de confianza que transmitimos.
  • Las oportunidades que ofrecemos o retiramos.
  • La paciencia o la exigencia que mostramos.
  • El refuerzo positivo o la crítica que utilizamos.

Cuando creemos que alguien es capaz, solemos mostrar más apoyo, más paciencia y más confianza. Esto facilita que la persona se sienta segura y actúe en consonancia. Por el contrario, cuando esperamos poco, tendemos a ser más críticos, distantes o controladores, generando inseguridad y limitando el desarrollo.

El efecto Pigmalión en la infancia y la adolescencia

Uno de los ámbitos donde más se ha estudiado este efecto es el educativo. Las expectativas de padres, madres y profesores influyen de manera directa en la autoestima y el rendimiento de niños y adolescentes.

Mensajes como:

  • “Es que este niño es muy despistado.”
  • “No se le dan bien los estudios.”
  • “Siempre ha sido así.”

Pueden acabar interiorizándose como verdades absolutas. El menor no solo actúa según esa etiqueta, sino que construye su identidad en torno a ella.

Por el contrario, expectativas realistas y positivas, acompañadas de apoyo emocional, fomentan la confianza, la motivación y la sensación de capacidad.

El efecto Pigmalión en la vida adulta

Aunque solemos asociarlo a la infancia, el efecto Pigmalión sigue actuando en la edad adulta.

En la pareja
Las expectativas que tenemos sobre nuestra pareja influyen en la dinámica relacional. Esperar que el otro “no cambie”, “siempre falle” o “no sea capaz” puede generar relaciones rígidas, frustración y distancia emocional.

En el trabajo
En el ámbito laboral, las expectativas de superiores y compañeros influyen en la seguridad, el rendimiento y la implicación. Sentirse infravalorado o constantemente cuestionado mina la motivación y aumenta el estrés.

En las relaciones familiares
Los roles familiares tienden a mantenerse por expectativas repetidas: “el responsable”, “el problemático”, “el que nunca se equivoca”. Estos papeles pueden resultar muy limitantes.

El efecto Pigmalión hacia uno mismo

Quizá la forma más poderosa —y a veces más dañina— del efecto Pigmalión es la que ejercemos sobre nosotros mismos.

Las creencias internas como:

  • “No soy capaz.”
  • “Siempre acabo fallando.”
  • “Esto me viene grande.”

Actúan como profecías que se autocumplen. Cuando nos hablamos desde la desconfianza o la crítica constante, reducimos nuestras propias posibilidades de crecimiento y bienestar.

Trabajar estas creencias en terapia permite construir una mirada más realista, compasiva y flexible hacia uno mismo.

Cómo romper el efecto Pigmalión negativo

Tomar conciencia de nuestras expectativas es el primer paso para que dejen de dirigirnos de manera automática.

Revisar nuestras creencias
Preguntarnos si lo que esperamos del otro (o de nosotros mismos) está basado en hechos actuales o en etiquetas del pasado.

Cuidar el lenguaje
Las palabras que usamos influyen más de lo que creemos. Cambiar el “es que soy así” por “ahora me cuesta, pero estoy aprendiendo” abre nuevas posibilidades.

Fomentar expectativas realistas y flexibles
No se trata de exigir perfección, sino de confiar en la capacidad de cambio y desarrollo.

Buscar acompañamiento profesional
La terapia psicológica ayuda a identificar patrones de expectativa que generan sufrimiento y a construir relaciones más sanas, basadas en el respeto y la confianza.

Conclusión

El efecto Pigmalión nos recuerda que las expectativas no son neutras: influyen, modelan y dejan huella. Tomar conciencia de ellas nos permite relacionarnos de una manera más consciente, tanto con los demás como con nosotros mismos.

Desde la psicología, el objetivo no es eliminar las expectativas, sino hacerlas más realistas, flexibles y humanas. Porque cuando la mirada cambia, también cambian las posibilidades de bienestar emocional.

Mujer mirando por la ventana

«Cansancio emocional»

Cansancio emocional: cuando no estás mal, pero tampoco estás bien

Muchas personas llegan a consulta con una sensación difícil de explicar. No se sienten “mal” en el sentido clásico, no hay una crisis concreta ni un problema evidente, pero tampoco se sienten del todo satisfechas y con una sensación de bienestar. Hacen referencia a estar cansadas, desmotivadas, con menos ilusión y con la sensación de ir tirando o “sobreviviendo” día a día. A esto lo llamamos cansancio emocional.

El cansancio emocional no siempre es evidente, pero sí profundamente desgastante. Es ese estado en el que el cuerpo y la mente piden una pausa, aunque la vida siga exigiendo funcionar con normalidad.

Qué es el cansancio emocional

El cansancio emocional aparece cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo cargas psicológicas sin un descanso real. No se trata solo de estar ocupado, sino de estar emocionalmente exigido de forma continuada: tomar decisiones, adaptarse, cuidar a otros, responder expectativas o gestionar preocupaciones constantes.

A diferencia del cansancio físico, el cansancio emocional no desaparece durmiendo. Es un agotamiento más profundo, que afecta a la motivación, al estado de ánimo y a la manera en la que nos relacionamos con nosotros/as mismos/as y con los demás.

Señales habituales del cansancio emocional

El cansancio emocional puede manifestarse de muchas formas. Algunas de las más frecuentes son:

  • Sensación de apatía o falta de ilusión, incluso por cosas que antes motivaban.
  • Irritabilidad o menor tolerancia a pequeñas frustraciones.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sensación de estar “en automático”.
  • Cansancio constante, aunque no haya un esfuerzo físico importante.
  • Desconexión emocional: cuesta sentir entusiasmo, alegría o incluso tristeza.

Muchas personas se culpan por sentirse así, pensando que “no tienen motivos” para estar cansadas. Sin embargo, el cansancio emocional no necesita una causa única ni visible para ser válido.

Por qué aparece el cansancio emocional

Este tipo de agotamiento suele ser el resultado de una acumulación de factores:

– Exceso de autoexigencia.
– Vivir con la sensación constante de “tener que poder con todo” termina pasando factura. La autoexigencia sostenida agota emocionalmente.

– Falta de espacios de descanso real. A veces seguimos respondiendo mensajes, pendientes de otros o rumiando preocupaciones o ideas incluso cuando paramos físicamente. Por lo tanto, esto no es una forma de descansar realmente, ya que puede que nuestro cuerpo descanse, pero nuestra mente no lo hace.

– Carga emocional prolongada. Cuidar a otras personas, sostener conflictos, atravesar cambios vitales o situaciones de incertidumbre desgasta, aunque se haga “bien”.

– Desconexión de las propias necesidades. Cuando priorizamos constantemente lo que se espera de nosotros y dejamos de escuchar lo que necesitamos, el cuerpo y la mente acaban protestando.

 

“No estoy mal, pero tampoco bien”: el lugar invisible

Una de las dificultades del cansancio emocional es que queda “en tierra de nadie”. No encaja del todo en una etiqueta diagnóstica clara, y eso hace que muchas personas lo minimicen o lo posterguen.

Sin embargo, este estado intermedio también merece atención. Ignorarlo suele llevar a que el malestar aumente y se transforme en ansiedad, tristeza persistente o sensación de vacío.

 

Cómo empezar a cuidarse cuando hay cansancio emocional

No se trata de hacer grandes cambios de golpe, sino de pequeños ajustes que ayuden a recuperar energía emocional. Algunas ideas que pueden ayudarte son las siguientes:

– Reconocer el cansancio. El primer paso es dejar de pelearse con lo que uno/a siente. Estar cansado emocionalmente no es un fracaso, es una señal.

– Revisar el nivel de exigencia. Preguntarse: ¿me estoy pidiendo más de lo que puedo sostener ahora mismo?

– Crear espacios de descanso emocional. Momentos sin productividad, sin obligación y sin evaluación. Espacios donde no haya que rendir.

– Poner límites, aunque sean pequeños. Decir que no, bajar el ritmo o posponer decisiones también es una forma de cuidarse.

– Pedir ayuda profesional. La terapia ofrece un espacio seguro para entender de dónde viene ese cansancio, qué lo mantiene y cómo empezar a aliviarlo de manera respetuosa con uno mismo.

 

Conclusión

El cansancio emocional no siempre grita, a veces susurra. Se manifiesta en la falta de energía, en la desmotivación silenciosa y en la sensación de estar sobreviviendo en lugar de viviendo. Escucharlo a tiempo es una forma de autocuidado y prevención.

 

Desde la psicología, acompañar este tipo de procesos permite reconectar con las propias necesidades, reducir la autoexigencia y recuperar, poco a poco, el bienestar emocional. No hace falta estar “muy mal” para pedir ayuda; a veces basta con no querer seguir sintiéndose así.

Mujer en navidad toca un adorno

«Estrés en Navidad»

La Navidad suele asociarse con ilusión, celebraciones, reencuentros y bienestar. Sin embargo, para muchas personas estas fechas vienen acompañadas de un aumento significativo del estrés. Lo que se presenta como una época “mágica” puede generar una presión emocional difícil de gestionar. En consulta lo vemos cada año: la mezcla de expectativas, compromisos sociales y exigencias internas hace que diciembre se convierta en un periodo especialmente vulnerable.

La obligación de estar contentos: la presión del “espíritu navideño”

Una de las fuentes más comunes de estrés navideño es la idea de que “hay que estar bien”. El entorno —publicidad, redes sociales, mensajes sociales— transmite la imagen de que la Navidad debe vivirse con alegría constante, gratitud y armonía. Esta narrativa crea una especie de mandato emocional: incluso si uno está cansado, preocupado o viviendo un momento personal complejo, parece que no hay permiso para sentir otra cosa que no sea felicidad.

Este contraste entre lo que sentimos y lo que “deberíamos sentir” puede generar:

  • Culpa por no estar disfrutando.
  • Sensación de rareza o aislamiento.
  • Necesidad de ocultar emociones reales.
  • Autocrítica y desgaste emocional.

La obligación de mostrarse alegre actúa como una máscara que, lejos de proteger, aumenta el malestar y la sensación de desconexión con uno mismo.

Expectativas ajenas y propias: un caldo de cultivo para el estrés

Las reuniones familiares y las celebraciones navideñas suelen convertirse en un escenario donde se activan expectativas externas y también internas. En estas fechas, muchas personas sienten que su vida queda “expuesta” de alguna manera ante la mirada de los demás.

Expectativas de los demás

Durante cenas y encuentros es habitual que aparezcan preguntas o comentarios relacionados con:

  • La situación sentimental: “¿Y tú para cuándo…?”
  • La vida familiar: hijos, dinámica de pareja, conciliación…
  • El trabajo: ascensos, estabilidad laboral, proyectos futuros.
  • El éxito profesional: comparación con hermanos, primos, amistades.

Aunque muchas veces no hay mala intención, estos comentarios pueden confrontar a la persona con sus inseguridades o procesos personales, activando estrés, vergüenza o sensación de insuficiencia.

Expectativas propias

A la presión externa se suma otra igual de potente: la que nos imponemos nosotros mismos. En Navidad solemos hacer balance del año y, con ello, emergen pensamientos como:

  • “Debería haber conseguido más.”
  • “No estoy donde esperaba.”
  • “Tendría que manejar mejor mis relaciones.”
  • “Este año no he estado a la altura.”

Cuando las expectativas internas no se cumplen, se experimenta frustración, autoexigencia e incluso tristeza. Esto, unido al ritmo intenso de estas fechas, aumenta aún más el estrés.

Por qué la Navidad activa tanto malestar emocional

Hay varios factores que contribuyen a que este periodo sea especialmente sensible:

  • Mayor carga social: más reuniones, más compromisos, menos tiempo de descanso.
  • Comparaciones: tanto con los demás como con la versión idealizada de uno mismo.
  • Cambios en rutinas: alimentación, sueño y ejercicio suelen verse alterados.
  • Memorias y ausencias: estas fechas pueden activar duelos, añoranzas o recuerdos difíciles.
  • Presión económica: regalos, cenas y desplazamientos incrementan la tensión.

Todo esto convierte a la Navidad en una época que, pese a su imagen festiva, remueve emocionalmente.

Cómo cuidar la salud mental durante las fiestas

Aunque no podemos cambiar la intensidad de estas fechas, sí podemos adoptar estrategias que ayudan a regular el estrés:

  1. Validar lo que sentimos

No existe una forma “correcta” de vivir la Navidad. Permitirse sentir lo que uno siente ya es un acto de autocuidado.

  1. Poner límites

Decir que no a ciertos planes o personas es saludable. Priorizar descanso o momentos tranquilos también forma parte de cuidarse.

  1. Preparar respuestas breves y asertivas

Tener frases preparadas ayuda a gestionar preguntas incómodas:
“Prefiero no comentar ese tema ahora, gracias por entenderlo.”

  1. Ajustar expectativas internas

La Navidad no tiene por qué ser perfecta, ni tú tampoco. Aceptar los límites personales reduce la autoexigencia.

  1. Buscar apoyos

Compartir con alguien de confianza lo que te está generando estrés puede aliviar mucho la carga emocional.

Conclusión

La Navidad puede ser un periodo bonito, sí, pero también desafiante. Y ambas cosas pueden convivir. Liberarnos de la obligación de estar felices y reducir la influencia de las expectativas —propias y ajenas— permite vivir estas fechas de manera más realista y compasiva. Desde la psicología, el objetivo no es conseguir una Navidad perfecta, sino una Navidad vivida desde el bienestar emocional, la autenticidad y el autocuidado.

 

 

Evitando la manipulación emocional con sesiones de psicología en Bilbao

¿Sabes lo que es «hoovering»?

El término «hoovering» se refiere a una táctica manipuladora en relaciones interpersonales, especialmente en contextos de abuso emocional o narcisismo. Consiste en que una persona que previamente había herido o manipulado a otra intenta reinsertarse en la vida de esa persona con el objetivo de recuperar su control emocional. Es como si «aspiraran» a la víctima de nuevo, de ahí el nombre derivado de la marca de aspiradoras Hoover.

El hoovering presenta varias características distintivas:

  • Manipulación Emocional: La persona que realiza el hoovering utiliza tácticas emocionales para intentar influir en la víctima y generar sentimientos de culpa, nostalgia o necesidad.
  • Contacto Repentino: Suele involucrar un contacto repentino después de un período de ausencia. Puede ser a través de mensajes, llamadas telefónicas o incluso aparecer en persona.
  • Promesas de Cambio: El perpetrador promete cambiar y mejorar su comportamiento para recuperar la confianza de la víctima. Esto puede generar esperanza y dudas en la mente de la víctima.
  • Rememoración de Momentos Felices: La persona que realiza el hoovering podría recordar momentos felices compartidos en el pasado para evocar emociones positivas y crear una sensación de conexión.
  • Culpa y Manipulación: Puede emplear tácticas de culpa, como responsabilizar a la víctima de la separación o culparla por la situación actual.
  • Desestabilización: El perpetrador puede buscar desestabilizar emocionalmente a la víctima, generando confusión y dudas sobre su propia percepción de la relación.
  • Juegos Mentales: Utiliza estrategias de juego mental para mantener a la víctima emocionalmente involucrada, lo que dificulta que la víctima tome decisiones claras y objetivas.
  • Cambio de Personalidad: Puede adoptar temporalmente una personalidad más agradable o compatible para ganarse nuevamente el afecto de la víctima.
  • Inconstancia: Alternar entre mostrarse interesado y luego distante puede confundir a la víctima y mantenerla buscando su aprobación.
  • Negación de Abuso Pasado: Puede negar o minimizar el abuso o las acciones dañinas que llevaron a la separación en primer lugar.

El hoovering es una estrategia de manipulación emocional perjudicial que busca recuperar el control sobre la víctima. Es importante que las personas reconozcan estas tácticas y busquen apoyo si están experimentando esta dinámica en sus relaciones. 

Algunos pasos que pueden ayudar a contrarrestar el hoovering incluyen establecer límites claros, mantenerse firme en la decisión de distanciarse de la persona manipuladora y buscar ayuda profesional o apoyo de amigos y familiares de confianza. Además, educarse sobre el ciclo de la violencia y las dinámicas de poder en las relaciones puede ser fundamental para identificar y evitar futuros episodios de hoovering. Es esencial recordar que nadie merece ser objeto de manipulación emocional o abuso, y buscar ayuda es un paso valiente hacia la recuperación y el bienestar emocional.

Esta táctica puede ser especialmente desafiante ya que el perpetrador utiliza una combinación de tácticas manipuladoras para volver a insertarse en la vida de la víctima y ejercer influencia sobre ella. Reconocer las señales de hoovering es fundamental para protegerse a uno mismo y mantener límites saludables en las relaciones interpersonales.

Para contrarrestar el hoovering, es crucial establecer límites claros y mantenerse firme en la decisión de distanciarse de la persona manipuladora. Esto puede implicar bloquear el contacto, eliminar a la persona de las redes sociales y evitar cualquier forma de comunicación que pueda facilitar su acceso a la víctima. Además, buscar ayuda profesional o apoyo de amigos y familiares de confianza puede proporcionar el respaldo necesario durante este proceso.

Educarnos sobre el ciclo de la violencia y las dinámicas de poder en las relaciones también es fundamental. Comprender cómo opera el hoovering dentro de este contexto puede ayudar a identificar y evitar futuros episodios de manipulación emocional. Reconocer que nadie merece ser objeto de abuso o manipulación es el primer paso hacia la recuperación y el bienestar emocional.

Es importante recordar que buscar ayuda no solo es válido, sino esencial para romper el ciclo de la manipulación emocional y recuperar el control sobre la propia vida. La superación del hoovering puede ser un proceso difícil y desafiante, pero con el apoyo adecuado y el compromiso con el autocuidado, es posible recuperarse y construir relaciones más saludables en el futuro.

Terapia contra la ansiedad en Bilbao

«Tengo miedo de volver a tener ansiedad y pasarlo tan mal como lo pase»

Muchas veces, cuando estamos en un proceso de terapia y sentimos que hemos conseguido nuestros objetivos iniciales (por ejemplo, reducir mis niveles de ansiedad, entender qué función cumple la ansiedad en mi vida o aprender a gestionarla de un modo más adaptativo) nos invade cierto miedo por sentir y pensar «puede que esto me vuelva a ocurrir en un futuro», «no quiero volver a sufrir tanto como sufrí en su día» 💥💥

¡Es natural que ese pensamiento aparezca! Al fin y al cabo, solo nosotr@s conocemos con que intensidad hemos sufrido y lo incapacitante que esto a podido ser en ciertos momentos ✨✨

Por lo tanto, si te sientes así cuando tu proceso de terapia está llegando a su fin, ¡es normal! Te ánimo a que lo puedas hablar con el/la profesional que te acompaña para que juntos podáis hacer un recorrido por todo este tiempo que llevas en terapia.

Seguramente, si estás al final de la terapia, hayas podido identificar qué función tenía tu ansiedad (¡y créeme que esto ya es mucho!), porque apareció en tu vida en ese momento…así como conocer de qué manera te estabas relacionando con ésta (qué te servía y que no) y desarrollar ciertos recursos para gestionarla las veces que ésta vuelva a aparecer 🌱🌱

Por lo tanto, los profesionales no te podemos garantizar que no vas a volver a experimentar ansiedad (lo desconocemos) pero te podemos asegurar que no estás en esa «casilla de inicio» en la que estabas cuando comenzaste la terapia. ¡Y esto te puede ayudar mucho si en un futuro la ansiedad vuelve a intentar apoderarse de ti! 🥰

Aún así, recuerda que puedes volver a pedir ayuda las veces que lo necesites. Esto no significa que no hayas aprendido nada, simplemente que la ansiedad te vuelve a avisar de que hay algo en tu vida que necesita ser atendido.

¡ATIÉNDETE!

Muestra un camino que ha de recorrerse con fuerza voluntad

«Fuerza de voluntad»

Muchas personas que acuden a terapia (por casi cualquier problema), cuando les preguntan cuál creen que es el origen del problema, dicen que debe ser su fuerza de voluntad, que no son personas fuertes y que acuden a terapia para “aprender a ser más fuertes”.

Debido a la socialización, muchas personas acuden a la terapia con una actitud de culpabilidad, baja autoestima y baja autoeficacia.

Estas situaciones también pueden explicarse en términos de fuentes internas de control negativas. Esto significa que, antes de decidir sobre un evento, la persona tiende a señalarse a sí misma como la principal responsable del evento y su resultado, pero en su mayoría el evento es negativo, con pocas victorias o resultados positivos.

Explicado de una manera más coloquial, el diálogo interno de una persona suele ser algo así como «soy débil», «todo es mi culpa», «si yo fuera diferente, todo sería diferente», «no tengo fuerza de voluntad», y el como. ‘, o ‘No invertí lo suficiente en el deseo, por eso sucedió esto’. Pero generalmente hay más que un simple ‘querer’.

No todo es cuestión de ganas

Sí, las frases de motivación nos pueden levantar el ánimo y hacernos sentir bien en determinados momentos. En muchos casos, y de forma muy sutil, la retórica del “si quieres puedes” hace pensar a la gente “no puedo, es que no quiero lo suficiente”. Desafortunadamente, no todo depende de nuestra actitud.

Tener un enfoque proactivo y enérgico de la vida es útil, puede mejorar las cosas en muchas situaciones, pero no siempre explica la mayor parte del éxito. En cualquier caso, habrá muchos factores fuera de nuestro control.

Entonces, no importa cuánto «queramos» algo, siempre existe la posibilidad de que no salga como queremos.

No todo depende de nuestra actitud, el contexto es importante ya veces hay elementos en el contexto que no necesitamos cambiar. Podemos, debemos, cambiar elementos de nuestro entorno, pero no siempre está bajo nuestra elección. A veces las cosas simplemente salen mal.

La etiqueta de fuerza de voluntad es más fuerte de lo que ha sido en años. Nos convencen de que una combinación de deseo, esfuerzo e impulso es suficiente para hacer que suceda lo que la gente espera. Con ella vamos al gimnasio dos veces por semana, salimos a correr todos los días, estudiamos todos los días con buen ánimo para salir de esta oposición y, ¿por qué no, mejorar en nuestro trabajo?

Por supuesto, siempre habrá alguien con suficiente de esta dimensión para tener éxito. Sin embargo, la realidad es un poco más oscura. De hecho, la determinación interior no es suficiente para traernos la gloria. Tampoco podemos decirle a la gente que para superar la ansiedad, el miedo, la depresión o el trauma, necesitan fuerza de voluntad. Tenemos que considerar algunos matices importantes.

Trauma y apego conocimiento de las emociones

¿Sabes cuál es la relación entre trauma y apego?


Trauma de apego

Existe la creencia generalizada de que una persona sufre un trauma cuando ha vivido una experiencia perturbadora, habitualmente inesperada y de elevada intensidad emocional, como un abuso, un accidente, un atentado, una violación, etc.

Sin embargo existen vivencias durante la infancia, incluso en el vientre materno que en sí mismas puede generar un trauma a la persona, un trauma de apego.

Tipos de Trauma

En el caso de Linehan, se habla de:

Trauma T

Cuando el acontecimiento por sí solo puede causar Trastorno por Estrés Postraumático. 

Un ejemplo sería la vivencia de una catástrofe, un accidente, un infarto o una agresión.

Trauma t

Son más sutiles, persistentes y relacionados con el apego. Las vivencias impactan sobre las creencias que se tiene de uno mismo, de las otras personas y del mundo. Un buen ejemplo de este tipo de trauma serían las humillaciones.

Por otro lado, P. Levine propone la siguiente clasificación:

Trauma de choque

Cuando se trata de una amenaza repentina que nuestro sistema nervioso central percibe como sobrecargante o mortal.

Trauma evolutivo o de desarrollo

Estos traumas son causados por eventos prolongados en el tiempo que afectan a la seguridad y confianza de la persona, como por ejemplo una negligencia parental o una enfermedad grave.

 

El trauma y el apego ¿relacionados?

Dependiendo del tipo de apego que haya desarrollado una persona, tendrá su propia forma de manejar los traumas. Si tuvo un apego seguro cuando era niño, desarrollará un patrones de confianza en sí mismo y y en otros, teniendo mayor facilidad para hablar de sus emociones y mejor autorregulación. Tendrá tendencia a manejar y resolver conflictos on ecuanimidad de juicio. Por tanto, un apego seguro fomentará la resiliencia, propiciando que la respuesta traumática probablemente sea de conexión social o descarga.

Los traumas de apego incluyen, negligencia emocional, abuso físico o sexual por parte de un progenitor, presenciar violencia, hospitalizaciones tempranas, pérdida temprana del padre o la madre, rechazoabandono, presión para el éxito e inversión de roles. Estas experiencias traumáticas de apego  van a ser determinantes en la relación con la pareja y en la relación con los hijos. Además se transmiten transgeneracionalmente, no solo como modelos de aprendizaje, sino que también se pueden transmitir en los genes.

 

El apego ansioso ambivalente de base

Si la persona desarrolló un apego ansioso ambivalente, probablemente genere una dependencia exacerbada hacia los demás, así como una carencia de autonomía, con un comportamiento colérico, vigilante, indefenso y ambivalente, con pasividad en la conducta exploratoria. Para regular el afecto en situaciones traumáticas, probablemente genere conductas de riesgo o de consumo de alcohol.

El apego evitativo de base

Si desarrolló un apego evitativo, su tendencia para afrontar el trauma probablemente sea también evasiva, con miedo al rechazo o a la agresión. Pueden mostrar una actitud condescendiente y de rechazo, cuestionando la competencia o eficacia del terapeuta en consulta. Eso podría dificultar su vinculación e implicación en un proceso terapéutico, así como rechazo, repitiendo el ciclo de rechazos vivido en la infancia.

El apego desorganizado

Finalmente, si adquirió un apego desorganizado en su infancia, al reaccionar a la situación traumática la persona probablemente carezca de estrategias para afrontar el trauma. En ese caso, la persona se muestra hipervigilante y con conductas controladoras, con una búsqueda intensa de proximidad seguida de fuerte evitación. Eso se debe a que este sistema de apego se asocia a cuidados traumáticos, como por ejemplo, un abuso en el cual el cuidador es la fuente de la amenaza. Lleva a la escisión o disociación, a la inversión de roles y a una tendencia excesiva al control.

 

Consideramos la psicoterapia imprescindible a la hora de trabajar aquellos aspectos de la persona que sean insuficientes o negativos a la hora de concebir relaciones interpersonales y el mundo en sí. Proporcionando herramientas necesarias para llevar a cabo una regulación emocional saludable y necesaria, entre otras muchas cosas.

Sufrimiento por violencia vicaria

Violencia vicaria

La violencia vicaria es una forma de violencia de género por la cual los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a sus madres.

Los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género, así como las niñas y niños menores sujetos a su tutela, guarda y custodia, son víctimas directas de este tipo de violencia, tal y como recoge desde el año 2015 la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Además, en ocasiones estos y estas menores son utilizados por el maltratador para hacer daño a la madre. Es decir: nos encontramos ante una forma de violencia vicaria.

  • Utiliza a tus hijas e hijos para hacerte daño. Amenaza con quitártelos
  • Amenaza con matarlos, te dice que te dará don- de más te duele.
  • Interrumpe los tratamientos médicos de tus hijos/as cuando están con él.
  • Utiliza los momentos de la recogida y retorno del régimen de visitas para insultarte, amenazarte o humillarte.
  • Habla mal de ti y tu familia en presencia de ellas y ellos.

 

¿Cómo podemos prevenirla?

Muchas víctimas no denuncian por miedo a las consecuencias o porque creen que hacerlo no va a servir de nada. Eso supone que, cuando los casos llegan a conocerse, suele ser ya demasiado tarde. Por eso es importante concienciar y educar en la prevención y la identificación de esta clase de abusos.

Tenemos que estar especialmente atentos a las señales que nos alertan de un posible caso de maltrato contra terceros para poder dar la voz de alarma.

Se dice que esta forma de violencia, la violencia vicaria, es extremadamente cruel en la medida en que el agresor conoce perfectamente el inmenso dolor que va a producir, que es un daño irreparable en tanto que la madre sufrirá durante toda su vida la ausencia de sus hijos y porque, en estos casos, no solo hay una víctima, la madre, sino también las niñas y niños que también se convierten en víctimas directas del maltrador.

 

En definitiva, contamos con tres potentes herramientas para luchar contra la violencia vicaria:

  • Educación de las nuevas generaciones.
  • Sensibilización de la sociedad.
  • Compromiso de la justicia y las organizaciones sociales.
Mujer controla la agresividad de su entorno diario tras curso en centro de psicología Haizea Gómez

COTIDIANA AGRESIVIDAD

Como ya sabemos, la rabia es una emoción natural que no tiene sentido
demonizar o etiquetar como “mala” e “indeseable”. Como con todas las emociones, es
necesario reconocerla y permitirnos sentirla, aunque por supuesto, intentando no entrar
en bucle ni dañar(nos) bajo los efectos de esa (u otra) emoción. En esos casos, no
estaríamos actuando conscientemente ni nos sentiríamos fieles a nuestro ser, sino
esclavxs de un impulso o de alguna creencia.


Es por eso, que he escogido este tema que tan presente está en nuestras vidas: la
agresividad en las pequeñas cosas. Y es que esta conducta o (auto)trato, tiene relación
directa con el estrés, la ansiedad y/o el desánimo que podemos sentir en nuestro día a
día.


A grandes rasgos, la forma en la que (nos) tratamos puede ser agresiva o
amigable. Exigente o amable. Crítica o comprensiva. Brusca o suave. Y como decía, lo
que hoy comparto aquí se basa en el trato agresivo, exigente, crítico o brusco que
podemos observar en nosotrxs y a nuestro alrededor en lo más cotidiano: en cómo
camino, cómo hablo de mi o de alguien más, cómo gesticulo, cómo recojo la casa, cómo
conduzco, cómo cocino, cómo cojo cualquier objeto…


Todo lo que hacemos se siente en el cuerpo. Se siente el buen trato o la
agresividad mínima que empleo, no importa que lo excuse (“es que tenía prisa; me
llamo torpe pero es broma…”). Nuestro interior es literal y escucha todo lo que (me)
dedico, e igual que unx niñx pequeñx o un animal, se queda con la energía e intención
que tenemos, no con las explicaciones racionales con las que nos justificamos después.

Por eso, es muy útil que cada unx identifique qué comportamientos propios siente
tensos para cambiarlos por otros más respetuosos. Porque en realidad, lo que nos hace
falta es (auto)respeto. Ni lazos, ni cojines blanditos, ni frases de ánimo. Lo contrario de
tratar(me) duro es tratar(me) con respeto.


Por supuesto, no podemos olvidar que hoy en día todavía hay muchas personas
en circunstancias de exclusión, de violencia física y sexual, de esclavitud, de guerra, de
tortura, bajo amenazas graves… Y en esas situaciones, es difícil abordar el tema del
autotrato. Porque están lidiando primero con lo más esencial e importante: sobrevivir.
Sin embargo, cuando no estamos cara a cara con el horror, nos falta información
o referencias para saber cómo pasar a vivir, haciéndonos bien.


Para ello, aunque cada persona pueda necesitar un proceso individual y
personalizado, podemos probar cómo nos sientan algunos de estos hábitos sencillos:
caminar despacio (ya que a veces corremos hasta de una habitación a otra), coger el
tenedor o las llaves de manera suave, hablar con sentido y no por llenar silencios, desear
algo bueno a alguien, masticar más y comer poco a poco, acostarnos sin pantallas y con
estímulos tranquilxs…

 

¿No es así como nos sentaría bien que nos trataran desde fuera,
si no pudiéramos valernos por nosotrxs mismxs?

Pareja de enamorados mira con ilusión hacía el futuro

¿Alguna vez te has sentido abandonado/a emocionalmente por tu pareja?

Abandono emocional en pareja

El abandono emocional en pareja suele ocurrir de forma paulatina y camuflada por la convivencia. Cuando una relación comienza a tambalearse y parece imposible salvarla, el problema suele empeorar. 

El distanciamiento emocional comienza poco a poco. Gradualmente, el deseo de interactuar y estar cerca de la otra persona se desvanece. Una rutina de convivencia vacía lo impregna todo.

Tendemos a centrarnos en problemas menores y cotidianos y descuidamos algo tan importante como el bienestar emocional de nuestra relación.

Es algo que con frecuencia pasa desapercibido. El conflicto continúa latente hasta que, normalmente, uno de los miembros de la pareja comienza a pensar en seguir adelante sin su pareja porque, muy probablemente, el día a día ahoga profundamente.

El dolor del abandono emocional

Muchas veces comienza con actitudes inadecuadas, quejas, vacíos, ausencias emocionales…todo ello nos pueden hacernos sufrir mucho.

Pueden llegar a sufrirse trastornos del estado de ánimo. Enfrentarmos a una potencial ruptura (sobre todo, sigilosa) puede sumirnos en una profunda tristeza, apatía y desesperación.

La ansiedad también es un trastorno que puede surgir ante este tipo de situaciones. Cuando nos enfrentamos a desafíos e incertidumbres, los niveles de estrés aumentan.

Por último, nuestra autoestima también puede verse afectada. El posible distanciamiento o la continua falta de interés de nuestra pareja pueden distorsionar nuestra autopercepción.

Señales del abandono emocional

Existen diferentes signos que pueden indicar un abandono emocional en una pareja.

• Distancia física. En otras palabras, cuando surgen sentimientos de abandono, lo normal es que cada persona se encuentre en un lugar diferente al otro. Cuanta menos exposición, mejor. Por ejemplo, uno de los dos puede permanecer en la sala de estar durante mucho tiempo y el otro en el dormitorio.

• Conversaciones muy banales o silencios. Sólo suelen comentarse asuntos cotidianos, y sólo cuando es necesario. 

• Cada uno tiene sus propios planes, tienden a planificar su vida por separado.

• A menudo hay quejas persistentes. Suele haber quejas recurrentes de forma aislada porque no soportan a su pareja y, a menudo, tampoco soportan lo que están haciendo. 

• No suele haber gestos de cariño, cesan los gestos como caricias o abrazos. También es común que las relaciones sexuales desaparezcan paulatinamente. 

• Aparece el sentimiento de soledad en pareja. 

Cómo afrontar el distanciamiento

A decir verdad, hasta que una situación se vuelve irreversible, incluso la persona que se distancia emocionalmente no suele percibir con certeza lo que está sucediendo. Por eso, es muy complicado intervenir, teniendo en cuenta que no estamos siendo del todo capaces de reconocer lo que está ocurriendo; por ello, consideramos indispensable prestar atención a los indicios de abandono emocional.

Lo importante es obtener ayuda tan pronto como uno de los miembros de la pareja se dé cuenta de que algo no va bien, ya que el abandono emocional puede generar heridas profundas. En cualquier caso, la terapia de pareja sería imprescindible.