Persona en la playa relajándose

«¿Por qué me siento peor cuando por fin paro?»

¿Por qué me siento peor cuando por fin paro?

Vivimos en una sociedad que valora la productividad, el rendimiento y la capacidad de “seguir adelante” incluso cuando el cuerpo y la mente están agotados. Muchas personas pasan semanas, meses o incluso años funcionando en piloto automático: trabajando, cuidando de otros, resolviendo problemas y sosteniendo responsabilidades sin detenerse demasiado a mirar cómo se encuentran realmente.

Sin embargo, algo que observamos con frecuencia en consulta es que el malestar aparece precisamente cuando la persona por fin se detiene. Durante unas vacaciones, una baja laboral, un fin de semana tranquilo o después de terminar una etapa especialmente exigente, aparecen síntomas como ansiedad, tristeza, irritabilidad, agotamiento extremo o incluso molestias físicas.

Y entonces surge la pregunta:
“¿Cómo puede ser que ahora que por fin puedo descansar me encuentre peor?”

La respuesta tiene mucho que ver con el funcionamiento de nuestro sistema nervioso y con la forma en la que muchas personas aprenden a sostener el malestar durante largos periodos de tiempo.

Cuando vivir “aguantando” se vuelve la norma

Hay personas que desarrollan una gran capacidad para seguir funcionando a pesar del cansancio emocional. Continúan cumpliendo con sus obligaciones aunque se sientan desbordadas, desconectadas o al límite.

Esto suele ocurrir en perfiles muy responsables, autoexigentes o acostumbrados a priorizar las necesidades de los demás por encima de las propias.

Mientras hay tareas urgentes, horarios, responsabilidades o personas que atender, la mente se mantiene ocupada. El cuerpo activa mecanismos de supervivencia que permiten continuar funcionando temporalmente:

Aumento de la activación.
Estado constante de alerta.
Desconexión emocional.
Dificultad para registrar el cansancio real.
Sensación de “tirar porque no queda otra”.
El problema es que esta activación sostenida tiene un coste. Aunque durante un tiempo pueda parecer que la persona “aguanta bien”, el organismo no puede mantenerse indefinidamente en un estado de tensión continua.

¿Por qué el malestar aparece al parar?

Cuando la exigencia externa disminuye, el sistema nervioso deja de estar tan centrado en sobrevivir al día a día. Es entonces cuando empiezan a aparecer señales que llevaban tiempo acumulándose.

Muchas personas describen algo parecido a esto:

“Mientras estaba trabajando podía seguir.”
“En cuanto cogí vacaciones me hundí.”
“Fue parar y empecé con ansiedad.”
“Hasta la baja laboral no me di cuenta de lo agotada que estaba.”

No significa que el descanso haga daño. Lo que ocurre es que, al bajar el nivel de actividad y de tensión constante, emerge un cansancio que llevaba tiempo silenciado.

En algunos casos aparece una sensación de vacío, irritabilidad o tristeza. En otros, el cuerpo comienza a expresar lo que llevaba tiempo sosteniendo: insomnio, dolores musculares, problemas digestivos, fatiga extrema, llanto frecuente o crisis de ansiedad.

La ansiedad funcional: cuando el sufrimiento pasa desapercibido

Existe un tipo de ansiedad que muchas veces pasa inadvertida porque la persona continúa funcionando aparentemente “bien”. Es lo que conocemos como ansiedad funcional.

Desde fuera, la persona sigue cumpliendo:
Trabaja.
Organiza.
Cuida.
Produce.
Responde.
Llega a todo.

Pero internamente vive con una sensación constante de tensión, hipervigilancia y agotamiento mental.

A menudo, estas personas reciben comentarios como:
“Pero si tú puedes con todo.”
“Siempre estás haciendo cosas.”
“No parece que estés mal.”

Precisamente porque continúan funcionando, muchas veces tardan mucho en pedir ayuda. El problema es que sostener ese nivel de exigencia durante demasiado tiempo puede terminar derivando en un bloqueo emocional o físico importante.

El cuerpo también tiene un límite

El burnout o desgaste emocional no aparece de un día para otro. Generalmente es el resultado de una acumulación progresiva de estrés mantenido en el tiempo.

Algunas señales frecuentes son:

Sensación constante de cansancio.
Dificultad para desconectar mentalmente.
Pérdida de motivación.
Irritabilidad o mayor sensibilidad emocional.
Problemas de sueño.
Sensación de estar “vacío”.
Dificultad para disfrutar.
Bloqueo mental o sensación de no poder más.
Muchas personas intentan compensar este agotamiento esforzándose todavía más, exigiéndose seguir al mismo ritmo o culpabilizándose por sentirse mal.

Sin embargo, el cuerpo no entiende de autoexigencia infinita. Cuando las señales de cansancio se ignoran durante demasiado tiempo, el organismo termina encontrando maneras de frenar.

La culpa por descansar

Otro aspecto muy frecuente es la dificultad para descansar sin sentirse culpable.

Hay personas que solo se permiten parar cuando ya no pueden más. Descansar antes de llegar al límite les hace sentir improductivas, débiles o irresponsables.

Por eso, cuando finalmente tienen tiempo para descansar, muchas veces aparece incomodidad:
Sensación de estar perdiendo el tiempo.
Necesidad constante de hacer cosas.
Dificultad para relajarse.
Pensamientos de culpa o inutilidad.
Ansiedad ante la quietud.

En estos casos, el problema no es únicamente el exceso de actividad, sino la relación que la persona ha construido con la exigencia y el descanso.

Aprender a escuchar las señales antes de romperse

Muchas veces se nos ha enseñado a normalizar el estrés, minimizar el cansancio y seguir adelante incluso cuando algo dentro de nosotros lleva tiempo pidiendo parar.

Sin embargo, cuidar la salud mental no consiste únicamente en descansar cuando el cuerpo ya no puede más, sino en aprender a detectar las señales antes de llegar al límite.

Esto implica:
Reconocer las propias necesidades.
Poner límites.
Reducir la autoexigencia.
Aprender a descansar sin culpa.
Escuchar el cuerpo y las emociones.
Aceptar que no siempre podemos con todo.
En terapia psicológica trabajamos precisamente en identificar estos patrones de sobrecarga y en desarrollar formas más sostenibles y saludables de relacionarse con uno mismo.

Conclusión

Sentirse peor al parar no significa que algo vaya mal porque estés descansando. Muchas veces es la consecuencia de haber sostenido demasiado durante demasiado tiempo.

El cuerpo y la mente tienen mecanismos para sobrevivir a etapas de alta exigencia, pero también necesitan espacios de recuperación reales. Cuando el ritmo constante se detiene, el malestar que había quedado en segundo plano encuentra por fin un lugar para aparecer.

Escuchar esas señales no es un signo de debilidad. En muchas ocasiones, es el primer paso hacia el cuidado y la recuperación emocional.

Efecto pigmaleon

«El efecto Pigmalión»

El efecto Pigmalión: cómo las expectativas influyen en nuestro bienestar emocional

Las expectativas tienen más poder del que solemos imaginar. No solo influyen en cómo miramos a los demás, sino también en cómo nos comportamos con ellos y, en consecuencia, en cómo acaban desarrollándose. En psicología, este fenómeno se conoce como efecto Pigmalión y está presente en muchos ámbitos de nuestra vida: la infancia, la pareja, el trabajo y también en la relación con uno mismo.

En consulta observamos con frecuencia cómo las expectativas —propias o ajenas— pueden convertirse en una fuente silenciosa de malestar emocional, condicionando la autoestima, la seguridad personal y las relaciones.

Qué es el efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión describe cómo las creencias o expectativas que tenemos sobre una persona influyen en su comportamiento y rendimiento, aumentando la probabilidad de que esas expectativas se cumplan.

Dicho de forma sencilla: cuando esperamos algo de alguien, tendemos a actuar de manera que favorece que eso ocurra. Estas actitudes suelen ser sutiles e inconscientes, pero tienen un impacto real.

El concepto proviene de la psicología social y educativa, y debe su nombre al mito de Pigmalión, un escultor que se enamoró de la estatua que había creado, hasta que esta cobró vida. De manera simbólica, refleja cómo nuestras expectativas pueden “dar forma” a la realidad.

Cómo funcionan las expectativas

Las expectativas influyen en pequeños detalles cotidianos:

  • El tono con el que hablamos.
  • El grado de confianza que transmitimos.
  • Las oportunidades que ofrecemos o retiramos.
  • La paciencia o la exigencia que mostramos.
  • El refuerzo positivo o la crítica que utilizamos.

Cuando creemos que alguien es capaz, solemos mostrar más apoyo, más paciencia y más confianza. Esto facilita que la persona se sienta segura y actúe en consonancia. Por el contrario, cuando esperamos poco, tendemos a ser más críticos, distantes o controladores, generando inseguridad y limitando el desarrollo.

El efecto Pigmalión en la infancia y la adolescencia

Uno de los ámbitos donde más se ha estudiado este efecto es el educativo. Las expectativas de padres, madres y profesores influyen de manera directa en la autoestima y el rendimiento de niños y adolescentes.

Mensajes como:

  • “Es que este niño es muy despistado.”
  • “No se le dan bien los estudios.”
  • “Siempre ha sido así.”

Pueden acabar interiorizándose como verdades absolutas. El menor no solo actúa según esa etiqueta, sino que construye su identidad en torno a ella.

Por el contrario, expectativas realistas y positivas, acompañadas de apoyo emocional, fomentan la confianza, la motivación y la sensación de capacidad.

El efecto Pigmalión en la vida adulta

Aunque solemos asociarlo a la infancia, el efecto Pigmalión sigue actuando en la edad adulta.

En la pareja
Las expectativas que tenemos sobre nuestra pareja influyen en la dinámica relacional. Esperar que el otro “no cambie”, “siempre falle” o “no sea capaz” puede generar relaciones rígidas, frustración y distancia emocional.

En el trabajo
En el ámbito laboral, las expectativas de superiores y compañeros influyen en la seguridad, el rendimiento y la implicación. Sentirse infravalorado o constantemente cuestionado mina la motivación y aumenta el estrés.

En las relaciones familiares
Los roles familiares tienden a mantenerse por expectativas repetidas: “el responsable”, “el problemático”, “el que nunca se equivoca”. Estos papeles pueden resultar muy limitantes.

El efecto Pigmalión hacia uno mismo

Quizá la forma más poderosa —y a veces más dañina— del efecto Pigmalión es la que ejercemos sobre nosotros mismos.

Las creencias internas como:

  • “No soy capaz.”
  • “Siempre acabo fallando.”
  • “Esto me viene grande.”

Actúan como profecías que se autocumplen. Cuando nos hablamos desde la desconfianza o la crítica constante, reducimos nuestras propias posibilidades de crecimiento y bienestar.

Trabajar estas creencias en terapia permite construir una mirada más realista, compasiva y flexible hacia uno mismo.

Cómo romper el efecto Pigmalión negativo

Tomar conciencia de nuestras expectativas es el primer paso para que dejen de dirigirnos de manera automática.

Revisar nuestras creencias
Preguntarnos si lo que esperamos del otro (o de nosotros mismos) está basado en hechos actuales o en etiquetas del pasado.

Cuidar el lenguaje
Las palabras que usamos influyen más de lo que creemos. Cambiar el “es que soy así” por “ahora me cuesta, pero estoy aprendiendo” abre nuevas posibilidades.

Fomentar expectativas realistas y flexibles
No se trata de exigir perfección, sino de confiar en la capacidad de cambio y desarrollo.

Buscar acompañamiento profesional
La terapia psicológica ayuda a identificar patrones de expectativa que generan sufrimiento y a construir relaciones más sanas, basadas en el respeto y la confianza.

Conclusión

El efecto Pigmalión nos recuerda que las expectativas no son neutras: influyen, modelan y dejan huella. Tomar conciencia de ellas nos permite relacionarnos de una manera más consciente, tanto con los demás como con nosotros mismos.

Desde la psicología, el objetivo no es eliminar las expectativas, sino hacerlas más realistas, flexibles y humanas. Porque cuando la mirada cambia, también cambian las posibilidades de bienestar emocional.

Terapia contra la ansiedad en Bilbao

«Tengo miedo de volver a tener ansiedad y pasarlo tan mal como lo pase»

Muchas veces, cuando estamos en un proceso de terapia y sentimos que hemos conseguido nuestros objetivos iniciales (por ejemplo, reducir mis niveles de ansiedad, entender qué función cumple la ansiedad en mi vida o aprender a gestionarla de un modo más adaptativo) nos invade cierto miedo por sentir y pensar «puede que esto me vuelva a ocurrir en un futuro», «no quiero volver a sufrir tanto como sufrí en su día» 💥💥

¡Es natural que ese pensamiento aparezca! Al fin y al cabo, solo nosotr@s conocemos con que intensidad hemos sufrido y lo incapacitante que esto a podido ser en ciertos momentos ✨✨

Por lo tanto, si te sientes así cuando tu proceso de terapia está llegando a su fin, ¡es normal! Te ánimo a que lo puedas hablar con el/la profesional que te acompaña para que juntos podáis hacer un recorrido por todo este tiempo que llevas en terapia.

Seguramente, si estás al final de la terapia, hayas podido identificar qué función tenía tu ansiedad (¡y créeme que esto ya es mucho!), porque apareció en tu vida en ese momento…así como conocer de qué manera te estabas relacionando con ésta (qué te servía y que no) y desarrollar ciertos recursos para gestionarla las veces que ésta vuelva a aparecer 🌱🌱

Por lo tanto, los profesionales no te podemos garantizar que no vas a volver a experimentar ansiedad (lo desconocemos) pero te podemos asegurar que no estás en esa «casilla de inicio» en la que estabas cuando comenzaste la terapia. ¡Y esto te puede ayudar mucho si en un futuro la ansiedad vuelve a intentar apoderarse de ti! 🥰

Aún así, recuerda que puedes volver a pedir ayuda las veces que lo necesites. Esto no significa que no hayas aprendido nada, simplemente que la ansiedad te vuelve a avisar de que hay algo en tu vida que necesita ser atendido.

¡ATIÉNDETE!

Positividad Tóxica, una mascara.

POSITIVIDAD TÓXICA

Martín Seligman popularizó el término «psicología positiva» ✍ y argumentó en una de sus conferencias que la psicología necesitaba dar un nuevo paso para estudiar científicamente todo lo que hace feliz al ser humano. En su libro El niño optimista, explica que los pesimistas no nacen, se hacen, por las circunstancias de la vida “aprendemos a ser pesimistas”. Sin embargo, también comentó que podemos cambiar este pesimismo y cambiar nuestros pensamientos negativos por otros más positivos.

La psicología positiva ha sido malinterpretada y convertida en positividad tóxica, puede entenderse como el estado de vivir en la fantasía de un mundo perfecto donde nada está mal, nada está mal y todo es perfecto. Esto conduce a un estado de negación de la adversidad, lo que crea un sentimiento de incomodidad al contrastar las cosas deseadas con la vida real.

Un ejemplo de esto puede evidenciarse en las redes sociales, donde se presentan perfiles de vidas aparentemente perfectas, con rostros y cuerpos perfectos, ropa a la moda, productos de moda, las mejores vistas y las vacaciones que todos quieren. Soñar con tener una muestra como esta puede considerarse un caldo de cultivo para esta “tendencia”

Esto es exactamente lo que implica el positivismo tóxico o hiperactivismo: imponernos una actitud falsamente positiva, sobregeneralizar estados de felicidad y optimismo sin importar la situación, suprimir nuestras emociones “negativas”.

Riesgos de la psicología positiva 

Deterioro de la salud física y mental: La evidencia científica muestra que las emociones reprimidas estresan el cuerpo y el cerebro.

Aislamiento y vergüenza: Las personas que exhiben este tipo de comportamientos «positivos y felices» en tiempos de adversidad son menos propensas a buscar apoyo porque pueden sentirse aisladas o avergonzadas de cómo se sienten.

Problemas de comunicación: Cualquier tipo de relación tendrá algunos desafíos.

Evitar la asociación con el dolor

¿Cómo prevenirla?

Incentivar las ideas híbridas, tanto positivas, realistas como negativas

Tratar de identificar, gestionar y aceptar nuestras emociones, sean las que sean

Mantener nuestro pensamiento crítico

Tratar de afrontar las emociones, sin huir de ellas porque sean «desagradables».

Titulo del blog Síndrome del impostor

SÍNDROME DEL IMPOSTOR – ¡CONOCE SI LO PADECES!

¿Alguna vez has conseguido lograr un objetivo y has sentido que no te lo merecías?¿Crees que tus logros se deben a la suerte o a coincidencias?

Hay ocasiones en las que, a pesar de habernos esforzado para conseguir una meta, nosotros mismos no reconocemos nuestro éxito ni nos sentimos satisfechos por haberlo logrado. Este fenómeno se conoce como síndrome del impostor y se puede aplicar a todos los ámbitos de nuestra vida: laboral, académico, social y personal.

Seguramente en algún momento te has podido sentir así, y es que, parece que reconocemos más fácilmente lo negativo y no lo positivo que hacemos.

Causas:

Baja autoestima

Falta de seguridad

Críticas o comparaciones de los demás durante la infancia y adolescencia en las que parece que nada es suficiente.

Inseguridades por experiencias pasadas

Autoexigencia

 

Cómo se manifiesta:

➡️Creencias sobre no merecer los logros, asociarlos a una coincidencia o a la suerte

➡️Temor a ser descubierto como impostor o a decepcionar a los demás

➡️Insatisfacción y desmotivación

➡️Culpa por “engañar” a los demás

➡️Sufrimiento por no esforzarse lo “suficiente”

➡️Incredulidad ante los cumplidos de los demás

 

Los pensamientos y creencias sobre nosotros mismos son muy poderosos y pueden generar un gran impacto en nuestra autoestima. Por eso:

Da valor a tus éxitos y al esfuerzo que pones en ellos

Acepta los elogios y el reconocimiento de los demás

No te compares con otras personas

Trabaja la autoestima y la autocrítica

Titulo de Blog persona se da cuenta de algo importante y se sujeta el sobrero con la mano

La importancia de SER CONSCIENTE

Ser consciente siempre es el primer paso, el comienzo, de todo. Digamos que es como si quisiéramos hacer un recorrido y necesitasemos ese primer paso para empezar a ir dando los primeros pasos?

Lo mismo sucede cuando decidimos acudir a terapia. Para dar ese paso, necesitamos ser conscientes de que hay algo que no está bien, de que hay algo que nos genera malestar, de que estamos en una situación difícil y complicada y no sabemos muy bien cómo gestionar… Sea cual sea el motivo, necesitamos SER CONSCIENTES.

A mi me gusta decir que la terapia es ese espacio en el que aportamos luz a lo que nos ocurre y sobre todo, ese espacio en el que empezamos a identificar con más exactitud y ser más conscientes de nuestros pensamientos y emociones.

Esto es algo fundamental y básico pero en muchas ocasiones lo tenemos tan olvidado y automatizado que no somos conscientes y llega un momento en el que ni nos conocemos a nosotr@s mism@s. ¡Con las consecuencias e implicaciones que tiene esto!

Bajo mi punto de vista, es importante poner una palabra o expresión para describir cómo nos sentimos cuando nos sentimos de determinada manera al igual que es necesario ser consciente de qué pensamientos son los que se cruzan por nuestra mente la mayor parte del tiempo y de nuestro diálogo interno?

En el momento en que somos conscientes de nuestros pensamientos y ponemos nombre a cómo nos estamos sintiendo, esa emoción pasa a ser más real y, sobre todo, más identificable. Y además, todo esto, facilita que nos relacionemos de otra forma con nuestros pensamientos y emociones.

Es adentrarnos en una especie de viaje para conocer nuestros pensamientos y emociones y aprender:
➡️ Cómo se llama
➡️Cómo se siente
➡️Dónde se siente
➡️ Saber qué podemos esperar de ese pensamiento y de esa emoción
➡️En qué situaciones es más probable que aparezca.

¡Con toda esta información estaremos un paso más cerca de poder utilizar nuestros pensamientos y emociones a nuestro favor, de sacarle partido y de gestionarlos mejor!✨

Es por ello que te invito a observar cada día qué pensamientos y emociones predominan en ti, ponerles nombre y poder aprender todas estas cuestiones tan interesantes sobre ellos?

Persona hablándose con cariño y respeto tras curso de autoestima en centro de psicología Haizea Gámez Mugarza en Bilbao

HÁBLATE CON AMOR – LO QUE TE DICES IMPORTA MUCHO

  • Aunque ya se que lo he repetido infinidad de veces, seguiré insistiendo en la gran importancia que tiene ser conscientes de cuál es nuestro diálogo interno y nos hablemos con amor y cariño a nosotr@s mism@.

    Es fundamental cómo nos tratamos y cómo nos hablamos. Ten en cuenta que creamos nuestra realidad usando palabras. ¡Por lo que es fundamental lo que nos decimos!

    Además, nuestra mente se cree TODO lo que le decimos, y al revés, nos creemos todo lo que nos dice nuestra mente, a no ser que nos lo cuestionemos (y muchas veces, no solemos hacerlo).

    Me gustaría invitarte a reflexionar acerca de qué te dices a ti mism@ cuando estás siendo muy dura contigo mism@, cuando sientes que vas a tener un día duro o cuando te sientes con un mayor nivel de malestar.

    Te dejo algunas afirmaciones que yo utilizo en estos casos, esperando que puedan servirte de ayuda:

    1️⃣ «Se consciente de las cosas que has conseguido a lo largo de tu vida. Gracias a tu esfuerzo, constancia y habilidades, has sido capaz de conseguir muchas de las cosas que te has propuesto. Tienes motivos para estar orgullosa de ti misma y, sobre todo, tienes motivos para creer en ti.»

    2️⃣ «Otras veces que he tenido un día duro también he tenido una sensación de agobio y me ha parecido un mundo al principio. Pero, a medida que ha ido pasando el día, he visto que he podido llevarlo mejor de lo que pensaba en un primer momento. Hoy sucederá lo mismo, no anticipes lo peor, básate en otras situaciones similares que han ido mejor de lo que pensabas.»

    3️⃣ «¿Le diría esto mismo que me estoy diciendo a mi a una amiga que tuviera un problema muy similar al mío?
    Si la respuesta es «no», eso quiere decir que me tengo que hablar de otro modo a mi misma, con más amor y más respeto. Porque yo también, al igual que mi amiga, tengo derecho a equivocarme. No pasa nada por ello. Si puedo reparar algo, lo haré. Y si no, aprenderé de este error.»

    Espero que estas afirmaciones que a mi me funcionan os puedan servir de inspiración

    Me encantaría que pudiérais dejar en los comentarios las afirmaciones positivas que soléis usar en los días difíciles, o cuando os sentís con mayor malestar emocional ?
Mujer trabajando su asertividad en el centro de psicología Haizea Gómez

¿Cómo aprender a decir «no?

Las personas asertivas son capaces de actuar y comunicarse de forma eficaz, expresando sus opiniones, necesidades o sentimientos, a la vez que son respetuosas con el punto de vista de los demás, manteniendo una postura serena y calmada.

La asertividad se puede aprender en cualquier momento de la vida. Esta habilidad es muy importante ya que, mostrarse siempre de acuerdo con los demás o estar incondicionalmente disponibles, no es bueno para uno mismo. Por ello, la falta de asertividad está relacionada con una baja autoestima.

Los 3 estilos para comunicarnos

En primer lugar, el estilo pasivo. Este estilo es habitual en personas que no quieren mostrar sus pensamientos o sentimientos por miedo a ser rechazados, o por no ofender. Normalmente las personas con baja autoestima tienen dicho estilo, anteponiendo las necesidades de los demás a las suyas.

En segundo lugar, el estilo agresivo. Estas personas defienden sus derechos, pero de forma incorrecta, pensando que siempre llevan la razón. Son personas “sin filtros”, pues no tienen en cuenta la opinión o sentimientos de los demás. Las personas con estilo agresivo priorizan siempre sus propias necesidades.

Finalmente, el estilo asertivo, que es un intermedio entre el pasivo y el agresivo. Las personas asertivas respetan a los demás y a sí mismos, actuando en consecuencia. Valoran sus necesidades y las de los otros.

Las personas con baja autoestima no suelen saber decir “no”

Las 5 características de las personas asertivas

  • Tienen la capacidad de pedir ayuda cuando la requieren.
  • Saben decir “no” cuando consideran que no pueden o no quieren, sin dificultad para transmitirlo.
  • Son personas seguras de sí mismas, ya que saben lo que quieren.
  • No tienen sentimientos de culpa al decir que no. Los demás no controlan su vida, sólo ellos.
  • Son capaces de autoafirmar sus derechos e interesas sin manipular ni dejarse manipular.

¿Cómo ser más asertivos?

La asertividad requiere práctica y entrenamiento y, especialmente, que uno mismo se dé la oportunidad de decir “no”.

En este sentido, es importante identificar los valores asociados al “no”. ¿Qué significa para nosotros? Hay personas que lo asocian con algo negativo, algo que genera dolor, rechazo… Por ello, es importante cambiar el significado, puesto que es una forma de expresar nuestras necesidades. El “no” significa respetarnos y valorar nuestras prioridades. Decir “no” es sano, estamos ejerciendo nuestro derecho de asertividad, significa decirnos “sí” a nosotros mismos.

Una vez tenemos la nueva creencia, debemos practicar. La práctica es fundamental, por lo que podemos seguir estos consejos:

  • Tomar nuestro tiempo para responder y analizar si queremos hacer lo que se nos propone.
  • Preguntarnos si es algo que realmente queremos hacer, sin pensar en las expectativas del otros.
  • Recordar que es imposible gustar a todo el mundo, lo cual es totalmente natural.
  • Escuchar a nuestro cuerpo. Decir “sí” desde el miedo, es ir en contra propia. En cambio, decir “no” desde el amor propio, es ser coherente con nosotros.
Supera tu ansiedad en centro de psicología Haizea Gómez

¿SABES LO QUÉ ES REALMENTE LA ANSIEDAD?

La mayoría de personas que habéis tenido o tenéis ansiedad, decís que es muy desagradable e incómodo, entre otras cosas, por los diferentes síntomas que la acompañan ?

¡Es totalmente cierto que la ansiedad es muy ruidosa y escandalosa!

➡️¿Crees que esto tiene algún sentido?

¡Si lo tiene!

Piénsalo por un momento…

Si los síntomas de la ansiedad no fueran tan desagradables…

➡️¿Te pararías a escuchar tu cuerpo?

¡Probablemente NO!

Digamos que la ansiedad es como ese avisador ruidoso que nos indica que hay algún aspecto de nuestra vida que no estamos atendiendo como necesita ser atendido 

Y muchas veces no lo atendemos porque vamos en un piloto automático constante en nuestro día a día. Estamos haciendo cualquier tarea cotidiana (ducharnos, comer, conducir…) y estamos pensando en otras mil cosas al mismo tiempo, vamos de un sitio a otro sin ser conscientes de cómo hemos llegado. ¡Nos pasamos la mayor parte del tiempo en piloto automático, sin ser conscientes de nada de lo que ocurre en nuestro interior! ⬇️

Podríamos decir que la ansiedad es ese cúmulo de cosas que ocurren en nuestro interior y al cual no le prestamos ni el más mínimo interés: decisiones que tomamos pensando más en los demás que en nosotr@s mism@s, estrés del día a día, vivir en un futuro inexistente, miedos, estar en alerta..

Te propongo un ejercicio 

➡️¡Haz las paces con tu ansiedad! Intenta verla como aliada que te indica que hay algo que no va bien o que necesita ser atendido en tu vida.

➡️Haz pequeñas pausas en tu día a día para escucharte, para salir de ese piloto automático y ser consciente de lo que hay en tu mundo interior (pensamientos, emociones, miedos, etc.).

➡️Y, de vez en cuando, pregúntate, ¿hay algún aspecto de mi vida que necesitaría cambiar?

Titulo de blog Gestión de la ira. Centro psicología Bilbao

¿Te has preguntado alguna vez qué es eso que vas acumulando y te hace «explotar» en el momento menos pensado?

A veces, puede ocurrir que ante un estímulo o situación concreta actuemos de una forma que consideremos desproporcionada 

¿Te ha pasado en alguna ocasión?

¿A qué puede deberse esto?

➡️Aunque puede haber varias causas como el estrés, el cansancio… Muchas veces esta reacción desproporcionada y más descontrolada es debida a cosas que nos gustaría haber dicho y no expresamos en su momento o al «enquistamiento» de las emociones o pensamientos más incómodos que hemos ido acumulando en nuestro interior 

Me gustaría proponerte un ejercicio que suelo recomendar en consulta para trabajar esto que te estoy comentando.

➡️En primer lugar, me gustaría pedirte que cojas un folio y dibujes una olla a presión 

➡️ Cuando lo tengas, ve escribiendo dentro cosas que te han ido pesando a lo largo de tu vida y no has expresado: cosas que te gustaría haber dicho y no dijiste quizá por miedo o por otros motivos, preocupaciones, sucesos del día a día, carencias, momentos de estrés y/o ansiedad… 

➡️La idea es que nos demos cuenta de que si vamos acumulando en la olla a presión todo esto y no lo vamos resolviendo y sacando (rol pasivo) llega un momento en que la olla explota, ya que el cuerpo es sabio y necesita sacar todo lo no resuelto (rol agresivo).

➡️ Por eso, te invito a que empieces a identificar todo lo que metes en la olla para que puedas ir dándole el espacio que le corresponda y no te haga explotar cuando tú no quieras hacerlo.