EfectoPigmalion

«El efecto Pigmalión»

El efecto Pigmalión: cómo las expectativas influyen en nuestro bienestar emocional

Las expectativas tienen más poder del que solemos imaginar. No solo influyen en cómo miramos a los demás, sino también en cómo nos comportamos con ellos y, en consecuencia, en cómo acaban desarrollándose. En psicología, este fenómeno se conoce como efecto Pigmalión y está presente en muchos ámbitos de nuestra vida: la infancia, la pareja, el trabajo y también en la relación con uno mismo.

En consulta observamos con frecuencia cómo las expectativas —propias o ajenas— pueden convertirse en una fuente silenciosa de malestar emocional, condicionando la autoestima, la seguridad personal y las relaciones.

Qué es el efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión describe cómo las creencias o expectativas que tenemos sobre una persona influyen en su comportamiento y rendimiento, aumentando la probabilidad de que esas expectativas se cumplan.

Dicho de forma sencilla: cuando esperamos algo de alguien, tendemos a actuar de manera que favorece que eso ocurra. Estas actitudes suelen ser sutiles e inconscientes, pero tienen un impacto real.

El concepto proviene de la psicología social y educativa, y debe su nombre al mito de Pigmalión, un escultor que se enamoró de la estatua que había creado, hasta que esta cobró vida. De manera simbólica, refleja cómo nuestras expectativas pueden “dar forma” a la realidad.

Cómo funcionan las expectativas

Las expectativas influyen en pequeños detalles cotidianos:

  • El tono con el que hablamos.
  • El grado de confianza que transmitimos.
  • Las oportunidades que ofrecemos o retiramos.
  • La paciencia o la exigencia que mostramos.
  • El refuerzo positivo o la crítica que utilizamos.

Cuando creemos que alguien es capaz, solemos mostrar más apoyo, más paciencia y más confianza. Esto facilita que la persona se sienta segura y actúe en consonancia. Por el contrario, cuando esperamos poco, tendemos a ser más críticos, distantes o controladores, generando inseguridad y limitando el desarrollo.

El efecto Pigmalión en la infancia y la adolescencia

Uno de los ámbitos donde más se ha estudiado este efecto es el educativo. Las expectativas de padres, madres y profesores influyen de manera directa en la autoestima y el rendimiento de niños y adolescentes.

Mensajes como:

  • “Es que este niño es muy despistado.”
  • “No se le dan bien los estudios.”
  • “Siempre ha sido así.”

Pueden acabar interiorizándose como verdades absolutas. El menor no solo actúa según esa etiqueta, sino que construye su identidad en torno a ella.

Por el contrario, expectativas realistas y positivas, acompañadas de apoyo emocional, fomentan la confianza, la motivación y la sensación de capacidad.

El efecto Pigmalión en la vida adulta

Aunque solemos asociarlo a la infancia, el efecto Pigmalión sigue actuando en la edad adulta.

En la pareja
Las expectativas que tenemos sobre nuestra pareja influyen en la dinámica relacional. Esperar que el otro “no cambie”, “siempre falle” o “no sea capaz” puede generar relaciones rígidas, frustración y distancia emocional.

En el trabajo
En el ámbito laboral, las expectativas de superiores y compañeros influyen en la seguridad, el rendimiento y la implicación. Sentirse infravalorado o constantemente cuestionado mina la motivación y aumenta el estrés.

En las relaciones familiares
Los roles familiares tienden a mantenerse por expectativas repetidas: “el responsable”, “el problemático”, “el que nunca se equivoca”. Estos papeles pueden resultar muy limitantes.

El efecto Pigmalión hacia uno mismo

Quizá la forma más poderosa —y a veces más dañina— del efecto Pigmalión es la que ejercemos sobre nosotros mismos.

Las creencias internas como:

  • “No soy capaz.”
  • “Siempre acabo fallando.”
  • “Esto me viene grande.”

Actúan como profecías que se autocumplen. Cuando nos hablamos desde la desconfianza o la crítica constante, reducimos nuestras propias posibilidades de crecimiento y bienestar.

Trabajar estas creencias en terapia permite construir una mirada más realista, compasiva y flexible hacia uno mismo.

Cómo romper el efecto Pigmalión negativo

Tomar conciencia de nuestras expectativas es el primer paso para que dejen de dirigirnos de manera automática.

Revisar nuestras creencias
Preguntarnos si lo que esperamos del otro (o de nosotros mismos) está basado en hechos actuales o en etiquetas del pasado.

Cuidar el lenguaje
Las palabras que usamos influyen más de lo que creemos. Cambiar el “es que soy así” por “ahora me cuesta, pero estoy aprendiendo” abre nuevas posibilidades.

Fomentar expectativas realistas y flexibles
No se trata de exigir perfección, sino de confiar en la capacidad de cambio y desarrollo.

Buscar acompañamiento profesional
La terapia psicológica ayuda a identificar patrones de expectativa que generan sufrimiento y a construir relaciones más sanas, basadas en el respeto y la confianza.

Conclusión

El efecto Pigmalión nos recuerda que las expectativas no son neutras: influyen, modelan y dejan huella. Tomar conciencia de ellas nos permite relacionarnos de una manera más consciente, tanto con los demás como con nosotros mismos.

Desde la psicología, el objetivo no es eliminar las expectativas, sino hacerlas más realistas, flexibles y humanas. Porque cuando la mirada cambia, también cambian las posibilidades de bienestar emocional.

Mujer mirando por la ventana3

«Cansancio emocional»

Cansancio emocional: cuando no estás mal, pero tampoco estás bien

Muchas personas llegan a consulta con una sensación difícil de explicar. No se sienten “mal” en el sentido clásico, no hay una crisis concreta ni un problema evidente, pero tampoco se sienten del todo satisfechas y con una sensación de bienestar. Hacen referencia a estar cansadas, desmotivadas, con menos ilusión y con la sensación de ir tirando o “sobreviviendo” día a día. A esto lo llamamos cansancio emocional.

El cansancio emocional no siempre es evidente, pero sí profundamente desgastante. Es ese estado en el que el cuerpo y la mente piden una pausa, aunque la vida siga exigiendo funcionar con normalidad.

Qué es el cansancio emocional

El cansancio emocional aparece cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo cargas psicológicas sin un descanso real. No se trata solo de estar ocupado, sino de estar emocionalmente exigido de forma continuada: tomar decisiones, adaptarse, cuidar a otros, responder expectativas o gestionar preocupaciones constantes.

A diferencia del cansancio físico, el cansancio emocional no desaparece durmiendo. Es un agotamiento más profundo, que afecta a la motivación, al estado de ánimo y a la manera en la que nos relacionamos con nosotros/as mismos/as y con los demás.

Señales habituales del cansancio emocional

El cansancio emocional puede manifestarse de muchas formas. Algunas de las más frecuentes son:

  • Sensación de apatía o falta de ilusión, incluso por cosas que antes motivaban.
  • Irritabilidad o menor tolerancia a pequeñas frustraciones.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sensación de estar “en automático”.
  • Cansancio constante, aunque no haya un esfuerzo físico importante.
  • Desconexión emocional: cuesta sentir entusiasmo, alegría o incluso tristeza.

Muchas personas se culpan por sentirse así, pensando que “no tienen motivos” para estar cansadas. Sin embargo, el cansancio emocional no necesita una causa única ni visible para ser válido.

Por qué aparece el cansancio emocional

Este tipo de agotamiento suele ser el resultado de una acumulación de factores:

– Exceso de autoexigencia.
– Vivir con la sensación constante de “tener que poder con todo” termina pasando factura. La autoexigencia sostenida agota emocionalmente.

– Falta de espacios de descanso real. A veces seguimos respondiendo mensajes, pendientes de otros o rumiando preocupaciones o ideas incluso cuando paramos físicamente. Por lo tanto, esto no es una forma de descansar realmente, ya que puede que nuestro cuerpo descanse, pero nuestra mente no lo hace.

– Carga emocional prolongada. Cuidar a otras personas, sostener conflictos, atravesar cambios vitales o situaciones de incertidumbre desgasta, aunque se haga “bien”.

– Desconexión de las propias necesidades. Cuando priorizamos constantemente lo que se espera de nosotros y dejamos de escuchar lo que necesitamos, el cuerpo y la mente acaban protestando.

 

“No estoy mal, pero tampoco bien”: el lugar invisible

Una de las dificultades del cansancio emocional es que queda “en tierra de nadie”. No encaja del todo en una etiqueta diagnóstica clara, y eso hace que muchas personas lo minimicen o lo posterguen.

Sin embargo, este estado intermedio también merece atención. Ignorarlo suele llevar a que el malestar aumente y se transforme en ansiedad, tristeza persistente o sensación de vacío.

 

Cómo empezar a cuidarse cuando hay cansancio emocional

No se trata de hacer grandes cambios de golpe, sino de pequeños ajustes que ayuden a recuperar energía emocional. Algunas ideas que pueden ayudarte son las siguientes:

– Reconocer el cansancio. El primer paso es dejar de pelearse con lo que uno/a siente. Estar cansado emocionalmente no es un fracaso, es una señal.

– Revisar el nivel de exigencia. Preguntarse: ¿me estoy pidiendo más de lo que puedo sostener ahora mismo?

– Crear espacios de descanso emocional. Momentos sin productividad, sin obligación y sin evaluación. Espacios donde no haya que rendir.

– Poner límites, aunque sean pequeños. Decir que no, bajar el ritmo o posponer decisiones también es una forma de cuidarse.

– Pedir ayuda profesional. La terapia ofrece un espacio seguro para entender de dónde viene ese cansancio, qué lo mantiene y cómo empezar a aliviarlo de manera respetuosa con uno mismo.

 

Conclusión

El cansancio emocional no siempre grita, a veces susurra. Se manifiesta en la falta de energía, en la desmotivación silenciosa y en la sensación de estar sobreviviendo en lugar de viviendo. Escucharlo a tiempo es una forma de autocuidado y prevención.

 

Desde la psicología, acompañar este tipo de procesos permite reconectar con las propias necesidades, reducir la autoexigencia y recuperar, poco a poco, el bienestar emocional. No hace falta estar “muy mal” para pedir ayuda; a veces basta con no querer seguir sintiéndose así.

Mujer en navidad toca un adorno

«Estrés en Navidad»

La Navidad suele asociarse con ilusión, celebraciones, reencuentros y bienestar. Sin embargo, para muchas personas estas fechas vienen acompañadas de un aumento significativo del estrés. Lo que se presenta como una época “mágica” puede generar una presión emocional difícil de gestionar. En consulta lo vemos cada año: la mezcla de expectativas, compromisos sociales y exigencias internas hace que diciembre se convierta en un periodo especialmente vulnerable.

La obligación de estar contentos: la presión del “espíritu navideño”

Una de las fuentes más comunes de estrés navideño es la idea de que “hay que estar bien”. El entorno —publicidad, redes sociales, mensajes sociales— transmite la imagen de que la Navidad debe vivirse con alegría constante, gratitud y armonía. Esta narrativa crea una especie de mandato emocional: incluso si uno está cansado, preocupado o viviendo un momento personal complejo, parece que no hay permiso para sentir otra cosa que no sea felicidad.

Este contraste entre lo que sentimos y lo que “deberíamos sentir” puede generar:

  • Culpa por no estar disfrutando.
  • Sensación de rareza o aislamiento.
  • Necesidad de ocultar emociones reales.
  • Autocrítica y desgaste emocional.

La obligación de mostrarse alegre actúa como una máscara que, lejos de proteger, aumenta el malestar y la sensación de desconexión con uno mismo.

Expectativas ajenas y propias: un caldo de cultivo para el estrés

Las reuniones familiares y las celebraciones navideñas suelen convertirse en un escenario donde se activan expectativas externas y también internas. En estas fechas, muchas personas sienten que su vida queda “expuesta” de alguna manera ante la mirada de los demás.

Expectativas de los demás

Durante cenas y encuentros es habitual que aparezcan preguntas o comentarios relacionados con:

  • La situación sentimental: “¿Y tú para cuándo…?”
  • La vida familiar: hijos, dinámica de pareja, conciliación…
  • El trabajo: ascensos, estabilidad laboral, proyectos futuros.
  • El éxito profesional: comparación con hermanos, primos, amistades.

Aunque muchas veces no hay mala intención, estos comentarios pueden confrontar a la persona con sus inseguridades o procesos personales, activando estrés, vergüenza o sensación de insuficiencia.

Expectativas propias

A la presión externa se suma otra igual de potente: la que nos imponemos nosotros mismos. En Navidad solemos hacer balance del año y, con ello, emergen pensamientos como:

  • “Debería haber conseguido más.”
  • “No estoy donde esperaba.”
  • “Tendría que manejar mejor mis relaciones.”
  • “Este año no he estado a la altura.”

Cuando las expectativas internas no se cumplen, se experimenta frustración, autoexigencia e incluso tristeza. Esto, unido al ritmo intenso de estas fechas, aumenta aún más el estrés.

Por qué la Navidad activa tanto malestar emocional

Hay varios factores que contribuyen a que este periodo sea especialmente sensible:

  • Mayor carga social: más reuniones, más compromisos, menos tiempo de descanso.
  • Comparaciones: tanto con los demás como con la versión idealizada de uno mismo.
  • Cambios en rutinas: alimentación, sueño y ejercicio suelen verse alterados.
  • Memorias y ausencias: estas fechas pueden activar duelos, añoranzas o recuerdos difíciles.
  • Presión económica: regalos, cenas y desplazamientos incrementan la tensión.

Todo esto convierte a la Navidad en una época que, pese a su imagen festiva, remueve emocionalmente.

Cómo cuidar la salud mental durante las fiestas

Aunque no podemos cambiar la intensidad de estas fechas, sí podemos adoptar estrategias que ayudan a regular el estrés:

  1. Validar lo que sentimos

No existe una forma “correcta” de vivir la Navidad. Permitirse sentir lo que uno siente ya es un acto de autocuidado.

  1. Poner límites

Decir que no a ciertos planes o personas es saludable. Priorizar descanso o momentos tranquilos también forma parte de cuidarse.

  1. Preparar respuestas breves y asertivas

Tener frases preparadas ayuda a gestionar preguntas incómodas:
“Prefiero no comentar ese tema ahora, gracias por entenderlo.”

  1. Ajustar expectativas internas

La Navidad no tiene por qué ser perfecta, ni tú tampoco. Aceptar los límites personales reduce la autoexigencia.

  1. Buscar apoyos

Compartir con alguien de confianza lo que te está generando estrés puede aliviar mucho la carga emocional.

Conclusión

La Navidad puede ser un periodo bonito, sí, pero también desafiante. Y ambas cosas pueden convivir. Liberarnos de la obligación de estar felices y reducir la influencia de las expectativas —propias y ajenas— permite vivir estas fechas de manera más realista y compasiva. Desde la psicología, el objetivo no es conseguir una Navidad perfecta, sino una Navidad vivida desde el bienestar emocional, la autenticidad y el autocuidado.

 

 

Mujer controla la agresividad de su entorno diario tras curso en centro de psicología Haizea Gómez

COTIDIANA AGRESIVIDAD

Como ya sabemos, la rabia es una emoción natural que no tiene sentido
demonizar o etiquetar como “mala” e “indeseable”. Como con todas las emociones, es
necesario reconocerla y permitirnos sentirla, aunque por supuesto, intentando no entrar
en bucle ni dañar(nos) bajo los efectos de esa (u otra) emoción. En esos casos, no
estaríamos actuando conscientemente ni nos sentiríamos fieles a nuestro ser, sino
esclavxs de un impulso o de alguna creencia.


Es por eso, que he escogido este tema que tan presente está en nuestras vidas: la
agresividad en las pequeñas cosas. Y es que esta conducta o (auto)trato, tiene relación
directa con el estrés, la ansiedad y/o el desánimo que podemos sentir en nuestro día a
día.


A grandes rasgos, la forma en la que (nos) tratamos puede ser agresiva o
amigable. Exigente o amable. Crítica o comprensiva. Brusca o suave. Y como decía, lo
que hoy comparto aquí se basa en el trato agresivo, exigente, crítico o brusco que
podemos observar en nosotrxs y a nuestro alrededor en lo más cotidiano: en cómo
camino, cómo hablo de mi o de alguien más, cómo gesticulo, cómo recojo la casa, cómo
conduzco, cómo cocino, cómo cojo cualquier objeto…


Todo lo que hacemos se siente en el cuerpo. Se siente el buen trato o la
agresividad mínima que empleo, no importa que lo excuse (“es que tenía prisa; me
llamo torpe pero es broma…”). Nuestro interior es literal y escucha todo lo que (me)
dedico, e igual que unx niñx pequeñx o un animal, se queda con la energía e intención
que tenemos, no con las explicaciones racionales con las que nos justificamos después.

Por eso, es muy útil que cada unx identifique qué comportamientos propios siente
tensos para cambiarlos por otros más respetuosos. Porque en realidad, lo que nos hace
falta es (auto)respeto. Ni lazos, ni cojines blanditos, ni frases de ánimo. Lo contrario de
tratar(me) duro es tratar(me) con respeto.


Por supuesto, no podemos olvidar que hoy en día todavía hay muchas personas
en circunstancias de exclusión, de violencia física y sexual, de esclavitud, de guerra, de
tortura, bajo amenazas graves… Y en esas situaciones, es difícil abordar el tema del
autotrato. Porque están lidiando primero con lo más esencial e importante: sobrevivir.
Sin embargo, cuando no estamos cara a cara con el horror, nos falta información
o referencias para saber cómo pasar a vivir, haciéndonos bien.


Para ello, aunque cada persona pueda necesitar un proceso individual y
personalizado, podemos probar cómo nos sientan algunos de estos hábitos sencillos:
caminar despacio (ya que a veces corremos hasta de una habitación a otra), coger el
tenedor o las llaves de manera suave, hablar con sentido y no por llenar silencios, desear
algo bueno a alguien, masticar más y comer poco a poco, acostarnos sin pantallas y con
estímulos tranquilxs…

 

¿No es así como nos sentaría bien que nos trataran desde fuera,
si no pudiéramos valernos por nosotrxs mismxs?

Reflexión y felicidad, terapia personal en centro de psicología en Erandio

Los placeres culpables

El otro día en consulta hablando con una paciente utilizó un término que me resultó muy curioso: «los placeres culpables».



Ella utilizó este término para referirse a todas aquellas cosas que le apetecería hacer (desde una escucha más profunda) pero que había aprendido que no «estaban bien» 

Podemos llamarlo de muchas maneras pero lo cierto es que somos muchas las personas que en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido culpables de quedarnos un día en casa si hacía un día soleado, si hemos pasado toda la tarde en el sofá, si hemos hecho alguna pausa en nuestra jornada laboral para descansar…

¿En qué momento hemos llegado a la conclusión de que todas estas cosas son una pérdida de tiempo y que no son adecuadas??

Vivimos en una sociedad en la que se premia y se refuerza la competitividad y la productividad constante (y sin descanso).

Perooo.. ¿alguien se ha parado a pensar en la relación que tiene esto con el aumento constante en las tasas de los problemas de salud mental?

¡Yo creo que NO! 

Me da mucha pena que esto sea así pero mantengo la esperanza de que algún día cambie y podamos permitirnos estos «placeres culpables» sin sentir culpa

➡️Mientras tanto, te ánimo a que puedas parar a escucharte en tu día a día y, en la medida de lo posible, te des aquello que necesitas. Quizá al principio aparece cierto malestar porque puede que sientas que no estás haciendo «lo correcto» pero, si lo transitas, llegará un momento en el que ese malestar cada vez sea más inexistente.

Cuando te escuchas y te das lo que necesitas, te estás enviando mensajes tan importantes como «me merezco descansar», «soy valioso/a tal como soy», «quiero vivir mi propia vida, sin esforzarme por satisfacer las necesidades de otras personas que no son yo»…

Práctica esto porque estoy segura de que merecerá la pena.

 Y recuerda…

Tienes derecho a descansar, a escucharte, a darte aquello que necesitas y está en tu mano 

Y, si ves que te cuesta y que tu nivel de autoexigencia es demasiado elevado como para escucharte, puedes pedir ayuda

Persona autocritica

CRTITICARTE CONSTANTEMENTE TAMBIÉN ES UNA FORMA DE MALTRATARTE

¿Cuántas veces al día te críticas por todo aquello que consideras que no has hecho suficientemente bien o por tu aspecto físico, tu forma de ser, lo que has dicho o hecho…?

En mi día a día en consulta me encuentro con muchísimas personas que se critican duramente desde hace años y de una forma constante, sin ningún tipo de tregua.

Esta forma de tratarse y de relacionarse consigo mismas les lleva a tener conductas dañinas y perjudiciales hacía sí mismas (por ejemplo, alejarse de las personas que les rodean por sentirse inferiores a ellas, tener una mala relación con la comida, obligarse constantemente a complacer a los demás olvidándose de sus propias necesidades…).

Me gustaría señalar la diferencia entre:
➡️ Ser consciente de tus errores/fallos, sin autotorturarte y aprender de ellos.

➡️Fijarte únicamente en lo que haces mal, culpabilizarte y criticarte duramente, entrando una y otra vez en un bucle autodestructivo.


En el primer caso, somos conscientes de los errores y de los fallos que tenemos (no olvides que todas las personas tenemos los nuestros) y estamos relacionándonos con ellos de una forma adecuada, desde el aprendizaje y no desde la autotortura. Establecer esta relación con nuestros fallos y errores nos facilita no quedarnos enganchados/as en un bucle victimista (“soy lo peor”, “no tengo remedio”, “a los demás les va mejor que a mí siempre” …).

Sin embargo, en el segundo caso, nos estamos tratando de una forma totalmente dañina e hiriente que no nos va a ayudar en absoluto. No solo no vamos a obtener un aprendizaje de nuestros errores y fallos, sino que nos vamos a quedar atrapados/es en un bucle que nos puede limitar para el resto de nuestra vida. Por ejemplo, si una persona piensa que es incapaz de hacer muchas cosas bien y no hace más que repetírselo una y otra vez en vez de tomar las riendas y pasar a la acción pensando cómo se puede sentir mejor y más capaz, la próxima vez que se le plantee un reto en su vida (por pequeño que éste sea) se repetirá que es incapaz y no verá más allá. Probablemente no pensará en pequeños objetivos que le puedan acercar a logar ese reto. Optara por no hacerlo y esto hará que su malestar aumente y su autoconcepto se deteriore más aún.

Está comprobado que la crítica constante nos inmoviliza, nos impide aprender, nos convierte en nuestros peores enemigos/as, nos genera ansiedad y frustración. Todo esto destruye nuestra autoestima y nos lleva a maltratarnos.

4 PEQUEÑOS EJERCICIOS QUE PUEDES EMPEZAR A HACER DESDE YA MISMO PARA DEJAR DE CRITICARTE EN TU DÍA A DÍA

1. Empieza a ver la totalidad de las cosas, también de quién eres tú. Muchas veces, focalizamos toda nuestra atención en nuestros defectos, fallos, en lo que no nos gusta de nosotros/as… y pasamos por alto completamente nuestras virtudes y cualidades positivas. Para empezar a “equilibrar la balanza” te animo a que cada día, al final del día, te hagas la siguiente pregunta: ¿Qué me ha gustado de mí mismo/a hoy? La idea es que sean cualidades que forman parte del día a día y no cualidades extraordinarias. Por ejemplo, podrías valorar que te has permitido hacer una pausa en tu jornada laboral para descansar, que has llamado a una amiga que tenía una consulta médica para preguntarle qué tal le ha ido…

2. Sabemos que generalmente con nosotros mismos/as somos mucho más duros/as e injustos/as que con los demás. Por eso, me gustaría que pudieras pensar por un momento… ¿qué le dirías a un/a amigo/a que se critica constantemente para ayudarle?

¡Intenta decirte a ti mismo/a eso mismo también en tu día a día! Porque si a esa persona que tanto aprecias se lo dirías, tú no puedes ser menos.

3. Trae a tu mente experiencias y recuerdos en los que has logrado aquellos objetivos que te has propuesto (por ejemplo, tener relaciones de amistad estables, obtener buenos resultados en unos estudios que has realizado, aprender otro idioma, viajar a otro país, dejar de fumar, organizarte mejor en tu día a día, etc.). Ahora, piensa en qué cualidades de tu personalidad te han ayudado a conseguir cada uno de esos objetivos.

4. Piensa en algún mantra que a ti te sirva y te aporte motivación en tu día a día. Algunos ejemplos pueden ser: “confía en tus capacidades”, “lo estás haciendo lo mejor que puedes”, “equivocarse es humano, puedes darte la oportunidad de aprender de tus errores”. ¡La idea es que tu busques uno o varios mantras que a ti te sirvan y que sean creíbles para ti!. Repítetelo nada más levantarte y en varias ocasiones a lo largo del día.

Espero que estos pequeños ejercicios puedan ayudarte a tener otro tipo de relación más sana contigo mismo/a.
Si aun así sientes que te sigues criticando duramente, te recomiendo pedir ayuda a un profesional con el que puedas trabajar más en profundidad lo que puede estar sucediendo.

Recuerda… Te mereces vivir una vida plena y no una autotortura constante.

Persona hablándose con cariño y respeto tras curso de autoestima en centro de psicología Haizea Gámez Mugarza en Bilbao

HÁBLATE CON AMOR – LO QUE TE DICES IMPORTA MUCHO

  • Aunque ya se que lo he repetido infinidad de veces, seguiré insistiendo en la gran importancia que tiene ser conscientes de cuál es nuestro diálogo interno y nos hablemos con amor y cariño a nosotr@s mism@.

    Es fundamental cómo nos tratamos y cómo nos hablamos. Ten en cuenta que creamos nuestra realidad usando palabras. ¡Por lo que es fundamental lo que nos decimos!

    Además, nuestra mente se cree TODO lo que le decimos, y al revés, nos creemos todo lo que nos dice nuestra mente, a no ser que nos lo cuestionemos (y muchas veces, no solemos hacerlo).

    Me gustaría invitarte a reflexionar acerca de qué te dices a ti mism@ cuando estás siendo muy dura contigo mism@, cuando sientes que vas a tener un día duro o cuando te sientes con un mayor nivel de malestar.

    Te dejo algunas afirmaciones que yo utilizo en estos casos, esperando que puedan servirte de ayuda:

    1️⃣ «Se consciente de las cosas que has conseguido a lo largo de tu vida. Gracias a tu esfuerzo, constancia y habilidades, has sido capaz de conseguir muchas de las cosas que te has propuesto. Tienes motivos para estar orgullosa de ti misma y, sobre todo, tienes motivos para creer en ti.»

    2️⃣ «Otras veces que he tenido un día duro también he tenido una sensación de agobio y me ha parecido un mundo al principio. Pero, a medida que ha ido pasando el día, he visto que he podido llevarlo mejor de lo que pensaba en un primer momento. Hoy sucederá lo mismo, no anticipes lo peor, básate en otras situaciones similares que han ido mejor de lo que pensabas.»

    3️⃣ «¿Le diría esto mismo que me estoy diciendo a mi a una amiga que tuviera un problema muy similar al mío?
    Si la respuesta es «no», eso quiere decir que me tengo que hablar de otro modo a mi misma, con más amor y más respeto. Porque yo también, al igual que mi amiga, tengo derecho a equivocarme. No pasa nada por ello. Si puedo reparar algo, lo haré. Y si no, aprenderé de este error.»

    Espero que estas afirmaciones que a mi me funcionan os puedan servir de inspiración

    Me encantaría que pudiérais dejar en los comentarios las afirmaciones positivas que soléis usar en los días difíciles, o cuando os sentís con mayor malestar emocional ?
Titulo del blog ¿Sabes quien eres realmente? Centro Haizea Gómez Mugarza

¿SABES QUIÉN ERES REALMENTE?

¿Alguna vez te has preguntado «quién soy yo realmente»? 

Puede parecer una pregunta simple y sencilla pero te aseguro que no lo es.

En muchas ocasiones, no nos hemos parado a pensar detenidamente quiénes somos y funcionamos con una imagen distorsionada y limitante de nosotr@s mism@s

Por eso, para empezar a conocerte un poquito más a ti mism@, te invito a realizar el siguiente ejercicio:

➡️Dedícate un rato a realizar una descripción lo más detallada posible de ti mism@:
▶️¿Cómo describirías tu físico?
¿Y tu personalidad?
▶️Pensando en los diferentes roles que tienes en tu vida (hij@, herman@, pareja, amig@, trabajador/a, etc.), ¿cómo te describirías en cada uno de ellos?

➡️Ve haciendo una descripción de todos los aspectos de tu vida que consideres importantes.

➡️Cuando hayas terminado, relee la descripción y anota al lado de cada adjetivo si consideras que es positivo, negativo o neutro.

➡️Por último, vuelve a leerlo todo una vez más y responde a la siguiente pregunta ➡️¿Si una persona que no conozco de nada, se describiría de este modo, qué pensaría de ella?

¿Te animas a compartir lo que has descubierto con este ejercicio? 

Crecimiento personal, mujer sonriendo

Cómo ser feliz con tu cuerpo sin torturarte

La continua fijación por los físicos perfectos solo produce insatisfacción. Son tiempos para la aceptación, el autocuidado y el respeto a nuestro propio cuerpo.

¿Qué entendemos por un cuerpo perfecto?

Si nos basamos en las fotografías que hablan de un cuerpo perfecto, observamos piernas musculadas y delgadas, cinturas estrechas, un abdomen tonificado… Imágenes utópicas para la mayoría de los mortales que tenemos el cuerpo diseñado por nuestros ancestros para sobrevivir en terrenos hostiles e inviernos crudos.

El negocio que se ha montado alrededor del culto al cuerpo (ropa, alimentación, suplementos…) con la promesa de la felicidad conseguida al tener el cuerpo perfecto, nos aleja de lo que verdaderamente nos va a dar el bienestar: una vida plena y en calma con nosotros mismos.

Muchas veces asociamos un cuerpo estético al éxito, el bienestar y la felicidad. Pero, ¿de verdad tu felicidad y tu éxito en la vida dependen de tu físico? ¿Dónde quedan los demás factores?

Muchas personas llegan a consulta con la creencia fuertemente arraigada de que si cambian su cuerpo, mejorará su autoestima. Habitualmente, pensamos que una cosa implica la otra. Un cambio en mi forma física, va a implicar un cambio en mi autoestima y me voy a sentir mejor. Es normal que esta creencia se construya, porque es verdad que cuando adelgazamos, se nos refuerza socialmente, ya que se considera que quien adelgaza ha conseguido algo positivo y se le felicita por ello.

Eso no es cierto; que una persona adelgace, no tiene por qué implicar algo positivo. A veces, puede significar que está emocionalmente inestable o se encuentra mal. Ese refuerzo, cada vez que una persona baja de peso, no tiene mucho sentido ni lógica cuando lo sensato sería preguntar cómo se encuentra o no hacer ningún tipo de comentario.

Mejorar la autoestima requiere de un gran trabajo a nivel interno y ese avance no va a suceder simplemente por un cambio a nivel físico. De las veces que has intentado cambiar tu cuerpo y lo conseguiste, ¿cuánto tiempo te duro esa sensación de plenitud y bienestar? Probablemente, la respuesta sea que poco tiempo y te lleve a cuestionarte que un cambio físico no implica un cambio a nivel interno y que hay muchos otros factores que influyen en nuestra autoestima.

La autoestima no se trabaja mejorando el cuerpo, sino la forma de verlo. De nada sirve empeñarnos en trabajar el cuerpo para cambiarlo si, al mismo tiempo, lo estamos odiando.

Por ejemplo, todos conocemos a alguien que tiene un cuerpo estupendo, pero no se quiere nada y siempre procura conseguir algo inalcanzable que le produce insatisfacción porque nunca es suficiente. Por otra parte, también conocemos a aquellas personas que supuestamente y normativamente no tienen lo que se considera por un cuerpo estético, pero se quieren y se ven maravillosamente bien.

Por tanto, la creencia de «si cambio mi cuerpo, mejorara mi autoestima» no es cierta. El objetivo tendría que ser cambiar y mejorar la relación con nosotros mismos, el buen trato… sin necesidad de que nuestro cuerpo cambie.

Factores presentes en la infelicidad con nuestro cuerpo:

– Las dietas: Sufrir ansiedad ante la comida, desgraciadamente, es algo muy común y si nos proponemos una dieta sumamente restrictiva este malestar se acentúa aún más.

Sobre todo cuando se acerca el verano queremos adelgazar rápidamente y nos sometemos a dietas con alimentos que no nos gustan y que nos aportan muchas menos calorías de las que estamos acostumbrados.

Mantener esto a la larga suele ser imposible. La motivación inicial desaparece rápido cuando nos enfrentamos a sensaciones continuas de hambre y el cansancio que suele traer asociado. La operación bikini podría incluso terminar peor de lo que empezó.

– Deporte: Practicar ejercicio es muy sano, pero a veces nos olvidamos de los beneficios que tiene para la salud y nos centramos únicamente en el deporte como obligación. Ya no es solo la perdida de grasa, la pérdida de peso, la figura… también hemos unido a todos esos ideales el cuerpo definido y escultural.

Parece que el deporte acaba siendo la obligación inquebrantable que todos tenemos que hacer para conseguir ese ideal de cuerpo. Y se nos olvida la parte de placer, de disfrutar… que también nos genera el ejercicio físico.

El deporte nos ayuda con la gestión y regulación emocional (por ejemplo, la ansiedad es un montón de energía que, si no la expulsamos, nos produce esos síntomas de falta de aire… así que el deporte es un recurso muy bueno para reducirla).

Pero en ocasiones, el ejercicio físico va ligado a la necesidad de cambio corporal y esa forma de verlo nos provoca más daño que beneficio. Si yo estoy haciendo una actividad física y no estoy concentrándome en cómo siento mis músculos, en cómo se mueve mi cuerpo, en la flexibilidad que voy adquiriendo… Si solamente estoy pensando cuánto peso habré perdido o cuánta musculatura habré ganado, lo estamos realizando desde un planteamiento equivocado.

Deberíamos utilizar el deporte para conectar con nosotros mismos, no solo para estar centrados en lo que tenemos que conseguir después de realizarlo. Además, los resultados no son instantáneos y nos podemos sentir muy frustrados si no notamos los cambios rápidamente.

Aquí entra también la parte de permiso: si un día no hago deporte, no se acaba el mundo. Se supone que esto es un beneficio para mí. No algo que me haga sufrir más que si no lo practico.

Pero cuando hacemos deporte con el único objetivo de cambiar nuestro cuerpo, tenemos la sensación de que no podemos fallar ni un día y aumentamos las exigencias y los mecanismos compensatorios que vienen cuando no lo consigo hacer.

En este sentido, un mensaje que ha estado (y sigue estando) muy presente en nuestra sociedad es que «tengo que cambiar el cuerpo con esfuerzo y fuerza de voluntad». Y, en mi opinión, se trata de una afirmación que nos puede hacer mucho daño, ya que es importante plantearnos cuando algo deja de ser autocuidado y empieza a ser obligación.

Redes sociales y su influencia en nuestra imagen corporal

Durante el confinamiento, hemos recibido un bombardeo constante de mensajes a través de las redes sociales del tipo «tienes que aprovechar el tiempo para hacer mucho deporte», «tienes que aprovechar para comer más sano y cuidar tu cuerpo», «cuidado con subir de peso» … Todos estos mensajes pueden hacernos mucho daño y no nos ayudan a mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.

Las redes influyen a dos niveles principales:

– Visibilizan solo un tipo de cuerpo: Hay un idealismo y un perfeccionismo que se muestra todo el rato que no corresponde con la realidad, pero a veces nos hacen creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, que tenemos que esforzarnos parar lograrlo y que el resto de complexiones son inexistentes o no podemos mostrarlas de la misma forma.

La parte buena es que hay multitud de personas que se rebelan contra la belleza única y se unen a movimientos que buscan dar visibilidad a los diferentes tipos de cuerpos. Y en nuestras manos está decidir qué tipo de páginas o perfiles queremos seguir y qué tipo de cuerpos queremos ver.

– La perfección: Si seguimos a una ‘influencer’ determinada que nos muestra todo lo sano que come, todo el deporte que practica y su cuerpo siempre perfecto bajo la mejor ropa, que le queda siempre estupenda… Solo vemos esa parte de ideal y eso influye en la construcción de nuestras creencias (en lo que se supone que tendría que ser nuestro cuerpo, estilo de vida…). Una relativa perfección que se concentra en unas poquitas horas del día de esa persona y que nosotras queremos trasladar a las 24 horas de nuestro día.

Estamos expuestos a esto, pero también podemos limitar hasta dónde nos llega este concepto del ideal estético. No se trata de que nos tenga que encantar cada parte de nuestro cuerpo. Lo importante es la aceptación, el autocuidado y el respeto.