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¿CÓMO DISFRUTAR DE UN VERANO MÁS SALUDABLE Y NO SUFRIR SI TUS EXPECTATIVAS NO SE AJUSTAN A LA REALIDAD?

¿Quién no piensa en varias ocasiones a lo largo del año en el verano y en las vacaciones en esta época del año?

El verano es para la mayoría la época predilecta para hacer ese viaje que tanto deseamos hacer. A veces incluso parece que nos pasamos gran parte del año esperando a que llegue esta época del año para ser “felices”.

Sin duda alguna, las vacaciones de verano son uno de los periodos más esperados por una gran parte de las personas; esa época del año en la que se supone que todas las personas deberíamos ser felices, desconectar de la rutina, hacer más planes que nunca, estar rodeados de amigos y de familia, sentirnos más felices que nunca…

Sin embargo, eso a veces no es así. Y es que el verano es una de las épocas del año más idealizada por muchas personas. Y el problema es que cuando nuestro verano no se ajusta a esa idea que está en nuestra mente, esto nos puede generar mucho sufrimiento.

Es más, no son pocos quienes, sin darse cuenta, se autosabotean a sí mismos durante este momento del año, y tienen dificultades para disfrutar de los beneficios de su tiempo libre durante las vacaciones de verano.

Con el objetivo de que puedas aprovechar y disfrutar al máximo de esta época del año, me gustaría hablarte de algunas estrategias y rutinas psicológicamente saludables que te ayudaran no solo a no autosabotearte y a no sufrir si tus expectativas no se ajustan a la realidad, sino también a escucharte más a ti mismo/a y disfrutar de un verano más saludable.

Algunas recomendaciones, desde el punto de vista de la psicología, para disfrutar de un verano más saludable:

1. Espacios sin el móvil donde poder desconectar:

A lo largo del año, pasamos demasiado tiempo con el móvil, ya sea por nuestro trabajo, para evadirnos de la monotonía del día a día o por el motivo que sea.

Por eso, te propongo que durante el verano desconectes del móvil durante un rato todos los días. Por ejemplo, si vas a la playa o a caminar, deja el móvil en casa. Haz esa actividad conectando con lo realmente importante: con el entorno en el que estas y contigo. Estoy convencida de que veras la diferencia entre hacer esta actividad de forma consciente o sin parar de mirar el móvil.  ¡No tiene nada que ver la experiencia!

2. Permítete descansar y escúchate:

A veces puede parecer que en verano tenemos que aprovechar el tiempo al máximo, que tenemos que estar haciendo planes o actividades constantemente y que quedarnos en casa un día es perder el tiempo. ¡Nada más lejos de la realidad!

Dependiendo del momento de nuestra vida en el que nos encontremos, necesitaremos tener una vida más o menos activa. Ambas opciones son totalmente válidas.

Por eso, te animo a que te escuches y a que te hagas la siguiente pregunta: “¿qué necesito yo realmente hoy?”.

Las vacaciones de verano deberían ser para que escojamos hacer lo que realmente necesitamos y queremos hacer y no para seguir lo que socialmente es “correcto” o esperable.

3. Busca un equilibrio entre mantener una vida social activa y pasar tiempo contigo mismo/a:

Es tan necesario compartir momentos con amigos y familiares asi como contigo mismo/a.

Generalmente, los momentos con nuestros seres queridos nos ayudar a recargar pilas y a disfrutar de su compañía.

Y los momentos a solas son momentos de introspección para escucharnos, observar cómo nos sentimos en este momento de nuestra vida, reformular nuestras prioridades y motivaciones…

¡La clave del éxito está en el equilibrio!

4. Evita comparaciones:

¡Es cierto esto de que las comparaciones son odiosas! También es cierto que los seres humanos tenemos muy interiorizada esa tendencia a comprarnos con otras personas.

Te propongo que este verano realices aquellas actividades que te llenen de verdad y que realmente a ti te aporten, huyendo de convencionalismos sociales y sin compararte con las personas de tu entorno o con influencers.

Algo que te puede ayudar en este sentido es restringir el uso de las redes sociales. Si sigues alguna cuenta concreta que detectes que no te hace bien porque quizá fortalece tu tendencia a compararte, haz limpieza. Y si puedes, establece como máximo 2-3 momentos donde vas a mirar tus redes sociales durante un tiempo determinado (no te recomiendo más de 15 minutos) y el resto del tiempo, desconecta de la pantalla.

5. En el caso de las personas que somos autónomas, puede que lo tengamos algo más difícil para desconectar, pero no quiere decir que no podamos hacerlo. Te propongo establecer una franja horaria en tu día, a ser posible por la mañana, para atender el trabajo si tienes que hacerlo sí o sí. Pero, después de este tiempo establecido, las llamadas o lo que quede pendiente, aplázalo hasta el día siguiente. ¡Espero que estos 5 puntos te ayuden a disfrutar de esta época del año de una forma más saludable! Además, una vez pasado el verano, puedes incorporar alguno de ellos en tu rutina diaria si detectas que te ha ayudado dura

Cómo ser feliz con tu cuerpo sin torturarte

La continua fijación por los físicos perfectos solo produce insatisfacción. Son tiempos para la aceptación, el autocuidado y el respeto a nuestro propio cuerpo.

¿Qué entendemos por un cuerpo perfecto?

Si nos basamos en las fotografías que hablan de un cuerpo perfecto, observamos piernas musculadas y delgadas, cinturas estrechas, un abdomen tonificado… Imágenes utópicas para la mayoría de los mortales que tenemos el cuerpo diseñado por nuestros ancestros para sobrevivir en terrenos hostiles e inviernos crudos.

El negocio que se ha montado alrededor del culto al cuerpo (ropa, alimentación, suplementos…) con la promesa de la felicidad conseguida al tener el cuerpo perfecto, nos aleja de lo que verdaderamente nos va a dar el bienestar: una vida plena y en calma con nosotros mismos.

Muchas veces asociamos un cuerpo estético al éxito, el bienestar y la felicidad. Pero, ¿de verdad tu felicidad y tu éxito en la vida dependen de tu físico? ¿Dónde quedan los demás factores?

Muchas personas llegan a consulta con la creencia fuertemente arraigada de que si cambian su cuerpo, mejorará su autoestima. Habitualmente, pensamos que una cosa implica la otra. Un cambio en mi forma física, va a implicar un cambio en mi autoestima y me voy a sentir mejor. Es normal que esta creencia se construya, porque es verdad que cuando adelgazamos, se nos refuerza socialmente, ya que se considera que quien adelgaza ha conseguido algo positivo y se le felicita por ello.

Eso no es cierto; que una persona adelgace, no tiene por qué implicar algo positivo. A veces, puede significar que está emocionalmente inestable o se encuentra mal. Ese refuerzo, cada vez que una persona baja de peso, no tiene mucho sentido ni lógica cuando lo sensato sería preguntar cómo se encuentra o no hacer ningún tipo de comentario.

Mejorar la autoestima requiere de un gran trabajo a nivel interno y ese avance no va a suceder simplemente por un cambio a nivel físico. De las veces que has intentado cambiar tu cuerpo y lo conseguiste, ¿cuánto tiempo te duro esa sensación de plenitud y bienestar? Probablemente, la respuesta sea que poco tiempo y te lleve a cuestionarte que un cambio físico no implica un cambio a nivel interno y que hay muchos otros factores que influyen en nuestra autoestima.

La autoestima no se trabaja mejorando el cuerpo, sino la forma de verlo. De nada sirve empeñarnos en trabajar el cuerpo para cambiarlo si, al mismo tiempo, lo estamos odiando.

Por ejemplo, todos conocemos a alguien que tiene un cuerpo estupendo, pero no se quiere nada y siempre procura conseguir algo inalcanzable que le produce insatisfacción porque nunca es suficiente. Por otra parte, también conocemos a aquellas personas que supuestamente y normativamente no tienen lo que se considera por un cuerpo estético, pero se quieren y se ven maravillosamente bien.

Por tanto, la creencia de «si cambio mi cuerpo, mejorara mi autoestima» no es cierta. El objetivo tendría que ser cambiar y mejorar la relación con nosotros mismos, el buen trato… sin necesidad de que nuestro cuerpo cambie.

Factores presentes en la infelicidad con nuestro cuerpo:

– Las dietas: Sufrir ansiedad ante la comida, desgraciadamente, es algo muy común y si nos proponemos una dieta sumamente restrictiva este malestar se acentúa aún más.

Sobre todo cuando se acerca el verano queremos adelgazar rápidamente y nos sometemos a dietas con alimentos que no nos gustan y que nos aportan muchas menos calorías de las que estamos acostumbrados.

Mantener esto a la larga suele ser imposible. La motivación inicial desaparece rápido cuando nos enfrentamos a sensaciones continuas de hambre y el cansancio que suele traer asociado. La operación bikini podría incluso terminar peor de lo que empezó.

– Deporte: Practicar ejercicio es muy sano, pero a veces nos olvidamos de los beneficios que tiene para la salud y nos centramos únicamente en el deporte como obligación. Ya no es solo la perdida de grasa, la pérdida de peso, la figura… también hemos unido a todos esos ideales el cuerpo definido y escultural.

Parece que el deporte acaba siendo la obligación inquebrantable que todos tenemos que hacer para conseguir ese ideal de cuerpo. Y se nos olvida la parte de placer, de disfrutar… que también nos genera el ejercicio físico.

El deporte nos ayuda con la gestión y regulación emocional (por ejemplo, la ansiedad es un montón de energía que, si no la expulsamos, nos produce esos síntomas de falta de aire… así que el deporte es un recurso muy bueno para reducirla).

Pero en ocasiones, el ejercicio físico va ligado a la necesidad de cambio corporal y esa forma de verlo nos provoca más daño que beneficio. Si yo estoy haciendo una actividad física y no estoy concentrándome en cómo siento mis músculos, en cómo se mueve mi cuerpo, en la flexibilidad que voy adquiriendo… Si solamente estoy pensando cuánto peso habré perdido o cuánta musculatura habré ganado, lo estamos realizando desde un planteamiento equivocado.

Deberíamos utilizar el deporte para conectar con nosotros mismos, no solo para estar centrados en lo que tenemos que conseguir después de realizarlo. Además, los resultados no son instantáneos y nos podemos sentir muy frustrados si no notamos los cambios rápidamente.

Aquí entra también la parte de permiso: si un día no hago deporte, no se acaba el mundo. Se supone que esto es un beneficio para mí. No algo que me haga sufrir más que si no lo practico.

Pero cuando hacemos deporte con el único objetivo de cambiar nuestro cuerpo, tenemos la sensación de que no podemos fallar ni un día y aumentamos las exigencias y los mecanismos compensatorios que vienen cuando no lo consigo hacer.

En este sentido, un mensaje que ha estado (y sigue estando) muy presente en nuestra sociedad es que «tengo que cambiar el cuerpo con esfuerzo y fuerza de voluntad». Y, en mi opinión, se trata de una afirmación que nos puede hacer mucho daño, ya que es importante plantearnos cuando algo deja de ser autocuidado y empieza a ser obligación.

Redes sociales y su influencia en nuestra imagen corporal

Durante el confinamiento, hemos recibido un bombardeo constante de mensajes a través de las redes sociales del tipo «tienes que aprovechar el tiempo para hacer mucho deporte», «tienes que aprovechar para comer más sano y cuidar tu cuerpo», «cuidado con subir de peso» … Todos estos mensajes pueden hacernos mucho daño y no nos ayudan a mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.

Las redes influyen a dos niveles principales:

– Visibilizan solo un tipo de cuerpo: Hay un idealismo y un perfeccionismo que se muestra todo el rato que no corresponde con la realidad, pero a veces nos hacen creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, que tenemos que esforzarnos parar lograrlo y que el resto de complexiones son inexistentes o no podemos mostrarlas de la misma forma.

La parte buena es que hay multitud de personas que se rebelan contra la belleza única y se unen a movimientos que buscan dar visibilidad a los diferentes tipos de cuerpos. Y en nuestras manos está decidir qué tipo de páginas o perfiles queremos seguir y qué tipo de cuerpos queremos ver.

– La perfección: Si seguimos a una ‘influencer’ determinada que nos muestra todo lo sano que come, todo el deporte que practica y su cuerpo siempre perfecto bajo la mejor ropa, que le queda siempre estupenda… Solo vemos esa parte de ideal y eso influye en la construcción de nuestras creencias (en lo que se supone que tendría que ser nuestro cuerpo, estilo de vida…). Una relativa perfección que se concentra en unas poquitas horas del día de esa persona y que nosotras queremos trasladar a las 24 horas de nuestro día.

Estamos expuestos a esto, pero también podemos limitar hasta dónde nos llega este concepto del ideal estético. No se trata de que nos tenga que encantar cada parte de nuestro cuerpo. Lo importante es la aceptación, el autocuidado y el respeto.