Hola,

Soy Julen Urbina

Me licencié en la carrera de psicología en 2013 y desde entonces he seguido formándome en distintos aspectos como la psicología educativa o la clínica. En 2019 me interesé por la formación en psicoterapia psicoanalítica que impartía el GPAB (Grupo Psicoanalítico de Bilbao).

El mismo año, inicié mi propio proceso psicoterapéutico paralelo a la formación teórica y dos años después empecé mi análisis personal que continuo hasta la fecha. Estas dos últimas circunstancias, la formación en psicoterapia psicoanalítica y mi análisis personal me  han permitido encontrar mi lugar en el mundo como psicoterapeuta de orientación psicodinámica y me han ayudado a elegir cómo entender la psicoterapia.

Colegiado Número: BI04381

Haizea Gómez Psicología-10

Respecto a mi itinerario formativo…

Desde la licenciatura en Psicología he ido persiguiendo distintas metas guiado por la brújula de la intuición.

En 2017 terminé un máster en psicopedagogía que complementé con otro de profesorado en 2018 y que juntos me permitieron habilitarme como psicólogo escolar y orientador de secundaria.

En 2019 topé con una serie de seminarios de teorización psicodinámica impartidos por Alejandra Perinoti, psicoterapeuta del grupo GPAB y excelente docente que me sirvieron para tomarle el pulso al enfoque psicodinámico y fraguar así la decisión posterior de realizar la formación en el GPAB y iniciar mi propio proceso psicoterapéutico.

Mi previo paso por colegios como orientador de secundaria ha condicionado que tenga más experiencia en el trato con adolescentes. Sin embargo, también trabajo con adultos y jóvenes adultos. Estos dos últimos colectivos componen, a día de hoy, el perfil más común de pacientes que recibo en consulta. 

Cómo concibo la psicoterapia

Sin duda estar atravesando mi análisis personal me ha hecho pensar mucho en cómo puede o debe ser un proceso psicoterapéutico y, ciertamente, no creo que exista una respuesta concreta a esa pregunta. Sin embargo, aquí van una serie de líneas maestras que a mí me ayudan: 

 

  • El trabajo psicoterapéutico es un ejercicio de dos en que el protagonista es el paciente en la medida que aprovecha el espacio terapéutico para dejar salir todas aquellas manifestaciones de sí mismo. Mientras tanto, el terapeuta ocupa la función de escuchar, señalar, unir, tejer y devolver.
  • En la relación terapéutica se forja la cura terapéutica. El vínculo terapeuta-paciente y la posibilidad de hablar sobre ello son aspectos necesarios para que haya terapia.
  • El espacio terapéutico es un lugar seguro y de acogida para los pacientes en que, no sólo pueden, si no que se espera de ellos que digan y cuenten todo lo que se les ocurra sin importar lo vergonzoso, desagradable o feo que pueda parecer. Es preciso por tanto, no juzgarles y respetar con escrúpulo las confidencias que allí surjan siempre que estas no impliquen el daño del paciente sobre sí mismo o terceros.
  • A menudo la terapia no es gratificante. Es probable que durante la terapia se descubran aspectos de uno mismo que no tengan por qué ser bien recibidos y que puedan generar displacer. Lo interesante con esto es qué se puede hacer con ellos.
  • Los síntomas o manifestaciones que afloran de los pacientes y que ellos registran como problemáticos porque les restan bienestar, son rastros y señales de aquello que en origen los ocasionó. Por esto mismo es interesante permitir al paciente rastrear y seguir estas señales suficientemente bien acompañados.

¿Por qué decidí estudiar psicología?

Desde bien chiquito me ha despertado muchísima curiosidad la mente y el pensamiento. Recuerdo que me encantaban las novelas de detectives a lo Sherlock Holmes o los cuentos policiales de Poe en los que un sagaz investigador descubre al autor de un cruento o disparatado crimen, armado únicamente de su intuición y capacidad de observación. El poder de la deducción como herramienta para comprender la psique humana y así poder prever su comportamiento. 

Poco a poco, fui viendo que uno, además de convertirse en un super detective también podía utilizar toda esa meticulosa observación del ser humano para fines menos fantasiosos pero igual de fantásticos como ayudar a los demás a comprender por qué tropiezan siempre con la misma piedra o poner palabra y significado a las emociones desbordantes y que nunca pudieron ser nombradas. Yo mismo, en mi análisis tengo que lidiar a menudo con la ambigüedad, con el dolor que muchas veces ocasiona la no comprensión de lo que a uno le pasa y otros muchos interrogantes que frecuentemente el primer instinto es no despejar. Con el tiempo, en mi caso, he descubierto que todas esas interrogantes que la apariencia podía transformar en amenazas al principio, también podían verse como una oportunidad para integrar y crear algo más. Un acto creativo al servicio del crecimiento personal al que había que atreverse. Es por ello que me declaro un apasionado de la psicología.