LA IMPORTANCIA DEL APEGO: PROMOVIENDO EL VÍNCULO PADRES/MADRES-HIJ@S

LA IMPORTANCIA DEL APEGO: PROMOVIENDO EL VÍNCULO PADRES/MADRES-HIJ@S

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La especie humana es una de las más frágiles de la naturaleza. Cuando un bebe nace, necesita de sus padres de forma casi absoluta para poder sobrevivir. El cachorro de un león, un pez o hasta una lagartija vienen mejor preparados para independizarse pronto.

En nosotros, el apego es muy importante.

Se ha comprobado que esa necesidad de los demás no está orientada solamente a las necesidades básicas, como nutrición o calor.

También existe una profunda necesidad afectiva desde el comienzo de nuestras vidas. Los bebes necesitan estar próximos a sus progenitores, ser acunados en brazos, ser protegidos y cuidados. Los bebes que no son acariciados y que no son cuidados emocionalmente suelen enfermar y morir.

Fue el psicólogo John Bowlby que en su trabajo en instituciones con niños privados de la figura materna le condujo a formular la Teoría del apego.

El apego se crea desde el primer momento de nuestro nacimiento con ambos progenitores y continúa el resto de nuestras vidas.

No todos los vínculos de apego son iguales. Dependiendo de cómo sean las relaciones que vayan estableciéndose entre el bebé y quienes le cuidan cotidianamente, el vínculo de apego será más o menos seguro y confiado, dejando en el niño una profunda huella que marcará su manera de relacionarse y establecer vínculos con otras personas posteriormente. La formación de un vínculo de apego adecuado durante la infancia es la base de un desarrollo emocional equilibrado y ayudará a niños a establecer relaciones positivas con los demás y a afrontar con mayor o menor seguridad los retos que le aguardan a lo largo de su vida.

 

QUÉ ES EL APEGO

El vínculo de apego es la relación afectiva, especial y única que se establece entre el o la bebé y quienes le cuidan.

El vínculo de apego se crea desde muy pronto, en los primeros meses de vida. No se crea de forma automática; se va estableciendo poco a poco gracias al afecto que impregna las relaciones cotidianas entre el bebé y las personas que le cuidan.

El vínculo de apego es la base de un desarrollo psicológico saludable e influye en la seguridad emocional y en la forma de relacionarse con los demás.

El apego proporciona la seguridad emocional del niño: ser aceptado y protegido incondicionalmente. Este planteamiento también puede observarse en distintas especies animales y que tiene las mismas consecuencias: la proximidad deseada de la madre como base para la protección y la continuidad de la especie.

 

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ETAPAS EN LA EVOLUCIÓN DEL VINCULO DE APEGO DURANTE LOS PRIMEROS AÑOS

Desde el nacimiento hasta los 3 primeros meses.

Desde el principio, el bebé se interesa por los adultos que le rodean.

A su vez, los adultos se sienten especialmente unidos al bebé y le tratan como una persona muy especial.

Aunque todavía no muestra clara preferencia por ser cuidado por unas u otras personas, el amor, el cuidado y la atención que el bebé percibe por parte de su padre y su madre en las relaciones cotidianas (cuando le alimentan, cuando le acunan, cuando responden a las necesidades que expresa esa a través de la incomodidad o el llanto…) constituyen las bases del vinculo de apego que empieza a unirles de forma especial.

 

Desde los 3 hasta los 6 meses.

A base de la repetición de situaciones con quienes son sus cuidadores, el bebé va poco a poco reconociéndoles como las personas que le proporcionan sensaciones agradables al hablarle o acariciarle y que le hacen sentirse bien cuando están juntos.

El bebé empieza a responder a sus seres queridos de forma diferente a como lo hace con personas extrañas: se siente tranquilo y más a gusto cuando está cerca de su madre o su padre y es cuidado por ellos.

Estos meses son claves de cara a identificar a sus figuras de apego y a adquirir en la relación con ellas un fuerte sentimiento de confianza, basado en el hecho de que esas figuras están disponibles cuando las necesita y responden eficazmente a sus diversas necesidades.

 

Desde de los 6 meses hasta el primer año.

El vínculo de apego entre el bebé y sus progenitores termina de consolidarse.

Por ejemplo, entre los 6-9 meses los bebés sienten angustia cuando se separan de quienes les cuidan y expresan rechazo o ansiedad respecto a personas desconocidas.

Estas reacciones no se dan solo en niños “miedosos” o “demasiado mimados”, siendo normal que les sucedan a todos los niños.

Este tipo de reacciones de ansiedad ante los extraños  indican que el  bebé ya ha creado ese profundo lazo de afecto especial que le une a las personas que le son más importantes.

 

– A partir del primer año el vínculo de apego se va a  ir manifestando de una forma distinta.

Por una parte, los bebés ya pueden ir y venir de un lado a otro, así como pasar más tiempo jugando y explorando lo que les rodea; es habitual que el bebé intente seguir a todas partes a las personas a las que se siente unido o que busque seguridad en esas personas cuando esté frente a alguien desconocido o algo que le de miedo.

Estando ellas cerca, jugará y explorará de forma tranquila y confiada.

Pero poco a poco el bebé dejará de seguir constantemente a sus padres, no sentirá tanta angustia cuando se separe de ellos, le costará menos quedarse con otras personas y no mostrará tanta inquietud ante desconocidos.

Esto sucede porque el vínculo de apego se vuelve más maduro, fruto del desarrollo emocional e intelectual del bebé: ahora sigue sintiéndose querido por su madre y por su padre aunque no estén con él en todo momento, comprendiendo que siempre regresan después de haberse ido.

El niño ha interiorizado la seguridad y el amor que le une a sus seres queridos.

 

– Después del segundo año, las relaciones de apego siguen cambiando. La intensidad del vínculo es la misma, pero se manifiesta de manera diferente.

El niño se ha convertido en una persona con una identidad más clara, con una forma de ser que se va perfilando cada vez más.

Entre otras cosas, ha aprendido una cierta manera de expresar cariño, de buscar ayuda y apoyo cuando necesita algo.

Ahora tiene un papel más activo en las relaciones con los demás.

Su mundo se ha ampliado y traslada a las nuevas relaciones la confianza o desconfianza, la autonomía o la dependencia que aprendió con sus figuras de apego en los meses anteriores.

 

 

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